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Odisea

Odiseo, el primer héroe moderno (y III)

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polifemo.jpgPasando a otras consideraciones, hay un elemento en la “modernidad” de Odiseo que me interesa particularmente: cuando nuestro héroe recobra la memoria estando acogido en la corte de Ancínoo, rey de los Feacios, Homero decide abandonar durante un tiempo a su narrador extradiegético y omnisciente, y le cede a Odiseo la narración autodiégetica de su propia historia, convirtiéndose ya no sólo en el personaje principal, sino en narrador-protagonista.

Lo mismo ocurre más tarde, cuando convertido en mendigo es inquirido por la diosa Atenea, por el porquerizo Eumeo y por su fiel esposa Penélope. Odiseo les cuenta a los tres sendas falsas historias; unas historias que nunca le ocurrieron pero que se acercan tanto a la realidad de la época que sin duda les resultarían totalmente verosímiles o reconocibles a todo contemporáneo de Homero. Odiseo es, por consiguiente, no sólo un héroe sin parangón sino también el principal relator de su sin par aventura e, incluso, un extraordinario narrador de ficción realista; a todas luces: un moderno entre los clásicos.

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Odiseo, el primer héroe moderno (II)

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odiseo-douglas.jpgEn el anterior post me despedí prometiendo que hablaríamos sobre las sombras de Odiseo, un personaje cuya complejidad supera a todos los anteriores personajes clásicos y que podríamos considerar el protagonista del primer spin-off de la historia.

Además de su mala conducta durante el saqueo de Troya, ya hemos destacado su cruel comportamiento con el cíclope Polifemo: primero le engaña diciéndole que se llama Nadie, lo que provoca que cuando los hermanos del cíclope acuden en su ayuda, se marchen creyendo que su hermano ha perdido la cabeza porque no para de repetir que “Nadie me ha dejado ciego”. Después, durante la huida, Odiseo, dejándose llevar por la arrogancia, le revela su nombre y su condición de rey de Ítaca, o que permite al cíclope señalar el destinatario de su petición de venganza a su padre Poseidón.

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Odiseo, el primer héroe moderno (I)

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odiseo.jpgOdiseo (del griego Ὀδυσσεὺς), también conocido como Ulises (del latín Ulysses), es uno de los personajes más famosos de la historia de la literatura, protagonista del poema épico de Homero que toma su nombre, La Odisea, compuesto según se cree entre 760 y 740 a.C. (aunque otras fuentes lo sitúan en el siglo IX a.C.). En este post me centraré en su figura como personaje literario: el primer héroe “moderno” de la literatura clásica.

Odiseo aparece por primera vez en La Ilíada, el otro poema épico que Homero escribió (o compiló, que de esto mucho se discute todavía) durante la misma época y que suele nombrarse como primero puesto que cuenta sucesos anteriores a su obra hermana. En él, el rapsoda ciego nos narra la invasión y destrucción de Troya por parte de las fuerzas aqueas. En este primer poema épico Odiseo es uno de los reyes griegos más sobresalientes: él mismo comanda la flota de su reino, Ítaca, y, ya en territorio troyano, destaca en el campo de batalla, donde vence a todos sus contrincantes. Pero sobre todo, sobresale por su intelecto, por su incomparable habilidad para urdir argucias con las que salir de un embrollo o tomar ventaja de cualquier situación.

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La isla en la literatura como espacio de la fantasía (II)

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robinson-crusoe2.jpgLa isla como microcosmos deriva de un elemento mítico anterior: el de la simbiosis entre la isla y su dueño, o según marca el arquetipo, su dueña la maga. Se ha demostrado suficientemente en la Odisea de Homero que, en las islas en las que no se manifiesta la monstruosidad o el poder olímpico, son las mujeres las que cautivan y encierran a Ulises. Las dos magas, Circe y Calipso, y Nausicaa la princesa Feacia que tiene en su mano el retorno del héroe. A través de la magia, la isla y la maga son una.

La isla adquiere un significado femenino a partir de una serie de símbolos que la acompañan: la fertilidad y la frondosidad (derivadas del mito de la isla afortunada), el espacio uterino-amniótico, las ideas de “virginidad”, de “cuevas” y “tesoros” a los que el héroe, atravesando el mar como espacio de iniciación tradicional masculino, accede en forma de naufragio o conquista. Y si en el caso de La Tempestad el mago Próspero es un hombre, debe valerse de su hija Miranda (que no ha conocido otra cosa que la isla) como seductora de los náufragos para que sus planes triunfen.

En las novelas de caballería la isla es un equivalente simbólico al castillo de la dama que busca encerrar consigo al protagonista, pero permite acciones propias del régimen expansivo: en la isla de Alcina (Orlando Furioso) hay ejércitos contra los que luchar y ciudades que conquistar: un microcosmos entero que dominar, en fin, pero un microcosmos sobre-natural. En la parodia quijotesca, lo único que tiene de isla la Ínsula Barataria en la que acaba Sancho es su carácter de encerrona. Sancho nunca llega a hacerse con el control pese a sus demostrar dotes de liderazgo porque alrededor suyo se ha tejido una farsa carnavalesca que le tiene a él de bufón, manifestándose en parodias de los fantástico como los apaleamientos por enemigos invisibles que sufre el desgraciado gobernador.

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