Pero siguiendo con Ortega, que es más docto que yo: decía que el hombre que se cree con derecho a tener una opinión sobre el asunto que sea sin previo esfuerzo para forjársela, manifiesta una falta de respeto a los demás. En tiempos en los que la gente repite como loros tropicales que debes respetar su opinión (como dejar que uno diga lo que quiera fuera equivalente a callarse que lo que dice el otro es una soplapollez) y que no les faltes al respeto porque ellos no te lo faltan a ti y que, bla, bla, yupi, yupi, a la bim bom ba, que subidón, tío, pues las palabras de Ortega y Gasset son más que pertinentes. De modo que sigamos.
Decía que la gente normal se encuentra con un repertorio de ideas dentro de sí. Decide contentarse con ellas y considerarse intelectualmente completa. Al no echar de menos nada fuera de sí, se instala definitivamente en aquel repertorio. El hombre-masa se siente perfecto. El hombre mediocre de nuestros días no duda de su propia plenitud. Por eso no lee. Porque no le gusta y porque no cree que nada más necesite para sí.
Dejemos hablar a Ortega:

Es un hecho, hay gente que no ha leído un libro en su vida. O gente que lee uno o dos libros al año. Incluso gente que sólo lee los libros que están en el top ten de mercantilismo más zafio.
Julián Marías (1914-2005) fue el último gran filósofo español. Discípulo de Ortega y Gasset y a la vez corriente crítica frente al maestro, el pensamiento de Marías (un existencialismo pesimista enraizado en una concepción cristiana de la vida) le valió multitud de enfrentamientos y desplantes por parte de las élites académicas tanto de la dictadura como la democracia. Sin embargo, encontró en el extranjero la relevancia que se le negó en su patria, y es uno de los pocos filósofos españoles en haber influído en las corrientes intelectuales del siglo XX. Recordemos, por ejemplo, cómo Marías es citado por los personajes de Rayuela.
Para los amantes de la literatura, producción masiva de libros es directamente proporcional a largas horas de lectura. Los verdaderos libro-adictos no pueden evitar consultar, asiduamente, las ultimas novedades editoriales. Son incapaces de pasar por una librería, por muy poco tiempo del que dispongan, sin echar un amplio vistazo a las estanterías. Estar atento a la actualidad literaria es algo magnifico pero, de vez en cuando, es hermoso y enriquecedor volver la vista atrás y disfrutar, aunque sea en pequeñas dosis, de textos creados desde otro tiempo y punto de vista.