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		<title>Magazine - pablo-cohelo</title>
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Blog sobre literatura, críticas de libros, internet y letras.		</description>
		<pubDate>2012-02-13 00:49:35</pubDate>

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      <title><![CDATA[Relájate y disfruta (y III)]]></title>
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      <pubDate>Tue, 12 May 2009 17:08:19 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2009/05/untitled.jpg" alt="" />Bien. Llegados a este punto, ¿cuál es la conclusión de toda esta arenga en términos literarios y/o artísticos? La conclusión sería, en pocas palabras, que todos somos víctimas de nuestras miserias, que somos imperfectos, que hasta <strong>Terminator</strong>, <strong>Robocop</strong> y algún robot <em>asimoviano</em> (mentes todas ellas matemáticamente consecuentes) han llegado alguna vez a infringir sus directrices.</p>

	<p>Conclusión que puede ramificarse con arreglo al siguiente esquema:</p>

	<p>Que consumir sólo papillas para bebé o cultura popular es síntoma de un gusto poco adiestrado.</p>

	<p>Que consumir sólo caviar o alta cultura y nunca un huevo frito con patatas es síntoma de impostura. </p>

	<p>Que creerse superior consumiendo una u otra cosa es síntoma de falta de conciencia de uno mismo y del medio que le ha tocado vivir.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Que es reconfortante creer que aún hay clases. Pero las clases deberían establecerse en base al peso de las razones que justifican nuestras decisiones  o estilos de vida o, en todo caso, a la asunción de que el eclecticismo siempre será mejor que el no eclecticismo.</p>

	<p>Que seguiré ciscándome en los que consumen fútbol o libros de <strong>Pablo Cohelo</strong> en cualquier conversación de café que no quiera ir más allá. Porque no nos vamos a engañar: es más probable que este consumidor sea un pobre diablo. Primero porque hay más tontos que listos en general. Segundo, porque es más improbable que un consumidor de cultura basura tenga la suficiente conciencia de que está consumiendo eso, una caca expedida en serie; ya que si fuera consciente dejaría de consumirla (conversión al gafapastismo o similares) o no la consumiría exclusivamente (improbable caso de autoconciencia y falta de impostura y de perpetuo estado de alerta para explicar todo el contenido de este artículo a todo aquél con el que queramos confraternizar). </p>

	<p>Y ahora a disfrutar. De todo. Y sin palos en el culo. Y si preguntan, carraspead, y explicadlo: quizá al otro lado haya alguien que lo entienda.</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Escribir en 'modo zombi' para que los zombis te lean (y II)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/creacion/escribir-en-modo-zombi-para-que-los-zombis-te-lean-y-ii</link>
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      <pubDate>Thu, 02 Apr 2009 00:45:17 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.papelenblanco.com/2009/04/bestseller.jpg" alt="" /></p>

	<p>Escribir algo digerible por la mayoría no está mal. Pero siempre recuerda que lo estás haciendo para la mayoría, que no se te vaya la olla en este punto. Y, sobre todo, intenta tener las espaldas anchas para que algunos, con razón, te digan que sólo escribes papilla digerible para estómagos infantiles. Si esto queda claro y asumido por ti, pues adelante, que ancha es Castilla. Tú allí y yo aquí, que se dice.</p>

	<p>Pero si no es así, escritorzuelo, tienes un problema.</p>

	<p>En el mundo cinematográfico el asunto quizás se perciba con mayor claridad. Una peli cara requiere de una buena taquilla para recuperar el dinero invertido. Ello provoca un curioso fenómeno: cuantos más efectos especiales tenga una peli, más idiota y plana será. Por eso la ciencia ficción y la fantasía, a grandes rasgos, está quizá tan desprestigiada en el mundo cinematográfico. Por eso películas que se pretenden “filosóficas y profundas” como <strong>Dark Knight</strong> o <strong>Watchmen</strong> queden como <em>digests</em> o versiones sin mordiente de obras que fuera de la ciencia ficción y la fantasía ya han ido muchísimo más lejos, en todos los sentidos. (Como es cuestión de dinero, hay obras literarias de ciencia ficción que sí profundizan más que muchas obras generalistas, porque están dirigidas a minorías y la inversión económicas para sacarlas al mercado es mínima: <em>Ciudad permutación</em> sería un buen ejemplo, porque a ver quién es el listo que la lee sin haberse empollado antes unos cuantos años informática avanzada).</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Por ejemplo, la trilogía cinematográfica de <strong>Matrix</strong> le puede parecer una obra maestra a mucha gente, pero no fue precisamente rentable si la comparamos con cualquier otra producción de éxito dirigida a todos los públicos. Del estamento oscuro y mefistofélico que regula qué puede ver un menor y qué no depende en gran parte el éxito de un filme. Ahora podemos ver cómo los creadores de Matrix han decidido decantarse por un producto insustancial como <em>Speed Racer</em>, con mayores visos de alcanzar al público mayoritario gracias a su calificación moral (aunque finalmente les haya salido el tiro por la culata). Steven Spielberg ha tenido que mover hilos para que su próxima entrega de Indiana Jones recibiera un <strong>PG-13</strong> (algún material puede ser inapropiado para niños menores de 13 años), de lo contrario difícilmente habría subsistido en taquilla. La nueva trilogía que se prepara sobre la franquicia de Terminator se está dulcificando también para desprenderse de su antigua calificación R, y así, tras escudarse en una violencia poco realista, en unos desnudos que no impliquen sexo y en unas palabrotas de bajo nivel del tipo &#8220;leches&#8221; o &#8220;cachis en la mar&#8221;, obtendrán el ansiado PG-13 del comité censor y, por ende, unos resultados más boyantes en taquilla.</p>

	<p>La censura del siglo XXI es lo políticamente correcto, una evolución del <strong>código Hays estadounidense</strong> que ahora infantiliza toda película que quiere recuperar el dinero invertido. Por eso la mayoría de las películas de grandes efectos sólo sirven para disfrutar de los grandes efectos en una sala con sonido THX. No hay color entre una película con mucho CGI y una película con mucha Neurona.</p>

	<p>Tampoco lo hay entre un libro que aparece en el Top 10 y otro que pasa desapercibido. Puede que el <em>bestseller</em> sea realmente interesante en sus postulados. Pero lo más habitual es que no se trate más que una reformulación de lugares comunes triturados y procesados como el <em>fast food</em>. Y me fastidia tomar esta postura. </p>

	<p>Primero porque no quiero ser más papista que el Papa; segundo porque aquí, en el meollo literario, cada perro se lame su cipote; y tercero porque si una cosa no soy es esnob artístico: consumo basura tan alegremente como consumo arte con mayúsculas: para mí no hay distinciones cualitativas. Si acaso soy elitista en otros terrenos, quizá en el epistemológico, en el científico, en el cultural: sí que hay ensayos malos e inanes o ensayos realemente intachables. Pero en cuanto a obras de ficción, pues oye, la cosa no está tan clara porque la obra artística no tiene como objetivo único el alimentar intelectualmente; hay muchos otras metas subsidiarias y efectos colaterales difíciles de localizar. El arte no se pesa, ergo, como digo, no soy de los que clasifican los libros como buenos o malos, sino como “me gustan” y “no me gustan”. </p>

	<p>Y también estoy legitimado para calificar los libros entre sosos y ácidos, entre epidérmicos y viscerales, entre lineales como el electroencefalograma de un muerto y llenos de picos y depresiones como el activísimo corazón de un taquicárdico. Y los <em>bestsellers</em>, es una obviedad económica y social, suelen adscribirse al primer grupo. Al grupo de los que se la cogen con papel de fumar, babean, aplauden y consumen demagogia baja en calorías.  </p>

	<p>Así que si te gusta consumir o producir cosas como <em>Crepúsculo</em>, <em>La sombra del viento</em> o los textos de Pablo Cohelo, no passsa nada, colegui, que a mí también me gusta (incluso disfruté en algunos momentos <em>La sombra del viento</em>, de Zafón, a pesar de ser una manida chorradilla). Pero sé consciente de que te gustan los potitos para bebé. Y sé también consciente de que si sólo comes potitos para bebé y crees que son la quintaesencia del gusto, es que tu paladar todavía no ha sido acostumbrado a <em>delicatessen </em>que a priori parecen saber mal, como el Whisky, el queso roquefort o la mojama. </p>

	<p>Si todavía te saben mal esos sabores, si aún te saben a colonia, a pies o a cuero curtido, es porque aún tienes el elemental sabor infantil de los que sólo aprecian las golosinas, los macarrones con tomate y las palomitas del cine. Del cine donde echan <em>Speed Racer</em> y las chonis flipan colorines con su móvil Real al 4483. </p>      ]]></description>
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      <title><![CDATA[Los clichés en literatura (I)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/metacritica/los-cliches-en-literatura-i</link>
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      <pubDate>Wed, 25 Feb 2009 10:30:17 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2009/02/300_111284.jpg" alt="" />Muchos lectores de novela recelan de las prosas crípticas, recargadas, originales y, sobre todo, pedantes. A tenor de ello, no hace mucho me formularon una pregunta que, aunque ingenua, no me veía capaz de responder sin perderme en mil y una ideas diferentes.</p>

	<p>La pregunta fue: ¿No crees que si escribieras un poco menos complicado te leería más gente?</p>

	<p>Son esa clase de preguntas infantiles tan elementales que te desarman. Pues sí, oye. Si escribiera más sencillito sin duda me leería más gente, hasta la que sólo lee a <strong>Pablo Cohelo</strong>. Es totalmente cierto. Pero no voy a usar este espacio público para torturaros con los personalísimos motivos por los que un día opté por escribir rarito, como ese empollón cuatro ojos que se sienta en primera fila de clase.</p>

	<p>De lo que voy a hablaros hoy es de <strong>los clichés en literatura</strong>. De esto saben mucho los románticos ñoños que en realidad encubren el deseo primario de meterse en las bragas de una mujer (o fémina, poniendo pedante). Ya sabéis, del tipo: “Tus ojos son como dos soles, qué bonita eres entre todas las mujeres, eres tú mi príncipe azul” y todas esas fórmulas que de tan repetidas deberían poner en guardia a cualquier mujer u hombre inteligente. Pero muchos se lo tragan, como se tragan la prosa de Pablo Cohelo (pobre Cohelo, no es nada personal).</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Lo mismo sucede con la literatura. “Alto como una torre, nariz aguileña” Etcétera. Muchos lectores quieren enterarse de la trama de la novela, no tienen tiempo en pensar, vale, nariz aguileña, como siempre, la misma puñetera nariz de siempre. Simplemente se imaginan eso: una nariz aguileña. Y no echan en falta nada más, porque lo que interesa no es la nariz del tipo. Lo que interesa es qué aventuras maravillosas y excitantes le saldrán al paso. Por esa razón, si tales aventuras no suceden finalmente y el autor insiste en recrearse en la puñetera nariz, pues el lector cierra el libro y piensa “qué tostón”. </p>

	<p>Si al final el bueno no se queda con la chica, pues pasa lo mismo que con el tema de la nariz aguileña. La nariz es grande, pequeña, como una patata (o tubérculo, si nos ponemos estupendos)… pero ni se te ocurra decir que la nariz “posee connotaciones ornitológicas”, pedante, vade retro, pesao, ves al meollo de la historia y no te andes por las ramas. Otro cliché: por las ramas. </p>

	<p>Los clichés no son negativos per se. A veces incluso son imprescindibles para no desconcentrar al lector sobre lo que estás contando. Otras veces, sin embargo, aburren a los muertos. ¿Por qué no escribes más sencillitos? Una respuesta sería precisamente ésa: porque me aburre, porque ya bastante parte del día paso en modo zombi para, encima, cuando estoy vaciándome de mis demonios, tenga que seguir con el piloto automático en modo ON.</p>

	<p>Hay gente que al contemplar las pirámides egipcias exclama: “¡Qué bonitas!”. Tal vez yo también lo haga. Pero si lo veo por escrito, la verdad es que me cuesta trabajo imaginar cuán bonitas son las pirámides. Porque hay tantas cosas bonitas hoy en día que, en fin… ¿en qué se diferencia una pirámide a un geranio? ¿Qué tiene de especial una nariz aguileña que la diferencie de las demás narices que me rodean, leo, veo, recuerdo? ¿Por qué no escribes más sencillito? Para no repetir lo ya repetido un nonillón de veces, para no leer lo ya leído otro nonillón de veces.</p>

	<p>Los clichés, por compartir un abanico tan amplio de experiencias, por funcionar al igual que comodines de una baraja, apenas ofrecen información, como si las imágenes que nos aporta la novela estuvieran desenfocadas o se parecieran a los dibujos esquemáticos de un niño de cuatro años.</p>

	<p>Más información | <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/A_297">La guerra contra el cliché, de Martin Amis</a></p>      ]]></description>
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