Lejos de acerbos conflictos nacionalistas, lo cierto es que los idiomas que se hablan en el mundo tienen más en común de lo que sospechamos.
En el mundo existen unas 6.500 lenguas. Unas 1.300 en Oceanía. Unas 2.000 en Asia. Unas 1.000 en América. Y otras 2.000 en África. En Europa, curiosamente, es donde hay menos variedad de lenguas: sólo unas 200.
Si bien es cierto que cada lengua tiene su estructura y su léxico, y por tanto crea su propia visión de la realidad, su propia poesía, metáforas, analogías y demás, entre ellas hay semejanzas que nos sugieren una especie de regla universal. Noam Chomsky ya advirtió esto cuando postuló la existencia de una gramática universal.
El filósofo José Antonio Marina se fija en una palabra para demostrar cuántas semejanzas hay entre las lenguas. La palabra escogida es la “pupila” del ojo. Al menos un tercio de los idiomas que existen en el mundo usan palabras que significan “personitas o figuras infantiles”.
”Pupila es uno de esos casos, que en castellano se refuerza con “niña” (“Los ojos pequeños tienen niñas y los grandes mozas”, escribió Quevedo).

Lo que se ha venido a llamar “acuñación recreativa”, es decir, inventar palabras por diversión, puede ser muy entretenido, sobre todo si estas palabras nuevas rellenan lagunas léxicas.

El escritor mexicano, en un coloquio titulado Ciencia y literatura dos formas de explorar el mundo, celebrado en Sofía por el Instituto Cervantes de la ciudad búlgara, declaró que “La ficción literaria no surge cuando algún nómada o cazador cuenta a su tribu una mentira. Surge cuando hay un mentiroso que cuenta sus aventuras y el público sabe que es falso pero lo cuenta tan elocuentemente que los demás quieren seguir escuchando su relato”.
Hay palabras, frases, construcciones lingüísticas en las que nos quedamos atascados y dudamos. A veces hay palabras que “nos suenan raro” y que no estamos seguros acerca de su uso. Ahora hay una manera de saber cuáles son las principales dudas de los españoles con respecto a ese tema, gracias a las estadísticas que arrojan las consultas hechas al portal de la 
La idea es de la Escuela de Escritores de Madrid y consiste en rescatar del desuso palabras obsoletas. Veamos cómo lo plantean: 