
¡Cómo se nota que he estado desconectada del mundo durante unos días! Ahora, poniéndome al día con las noticias ocurridas me encuentro que la mítica Enciclopedia Británica abandona la edición en papel para quedarse únicamente con la edición digital. Una respuesta lógica y coherente con los tiempos que corren, pero no deja de darme pena…
La célebre enciclopedia nació en Edimburgo en 1768 y se edita en Estados Unidos desde 1902. Toda una institución del saber, ha servido de inspiración a Borges o como combustible para Shakcleton en el polo. Sin embargo, las ventas de la edición de papel ha descendido en los últimos años de manera brutal, tanto que las mayores ventas en papel correspondían a los anuarios que encargaban las distintas instituciones. Lógico, si pensamos que en esta era digital los primeros en sufrir los efectos fueron las editoriales de enciclopedias.
Como os digo, me da mucha pena, porque para mí la Enciclopedia Británica tiene un significado muy especial. Es la enciclopedia que tenemos en casa, la que he utilizado desde que era pequeña, me ha ayudado con mis trabajos escolares y han sido incontables las horas que he pasado entre sus páginas. No puedo dejar de reconocer que, hombre, un poco engorrosa sí que es, y lo poco que he utilizado la edición digital me ha parecido muchísimo más cómoda. Pero claro, aquí ya entramos en el eterno debate entre la edición en papel y digital… Yo, por mi parte, hoy no puedo evitar estar un poco más triste de lo normal…
Vía | El País.com
En Papel en Blanco | Reeditada la Enciclopedia más antigua del mundo

Los lugares virtuales conforman una nueva geografía que permanece invisible para nuestros sentidos directos. Pero que sólo sea detectable mediante intermediarios electrónicos no significa que esta geografía esté tan desvinculada de la realidad como para no afectarla con su simple existencia. Los lugares virtuales comparten tantos aspectos con los lugares reales que incluso pueden ser nocivos para el medio ambiente.
Aún recuerdo la trepidación que sentí cuando leí mi primer correo electrónico. Venía de lejos, de otro continente, y se me antojaba casi como un mensaje dentro de una botella, por lo exótico del medio: era la primera persona de mi clase que tenía Internet. Algo que, por aquél entonces, sonaba a chino.
Hoy me prometí a mi misma iniciar una pequeña investigación sobre el impacto ambiental que tiene la industria editorial, más específicamente, el que tiene la edición de los libros en papel. 