La lengua está viva, es multiforme y multicapa. A pesar de que algunos pretendan encorsetarla, la lengua evoluciona y se adapta a la realidad; incluso condicionando la propia realidad.
Lo mismo sucede, por tanto, con la literartura. No hay diques para ella. Caudalosa y ingobernable, como debe ser, es capaz de adoptar la forma que más nos apetezca.
Hay autores que no solo han jugado con las palabras sino también con las letras, sobre todo en poseía. Como aquel extraño poema en latín del alemán Christianus Pierus titulado Christus crucifixus, cuyos mil versos estaban compuestos por palabras que empiezan por C (Currite, castalides. Christo comitante camanae...)

