Esto no va de tu huella digital. Esto no es CSI. Esto va de tu huella literaria, que puede incriminarte de la misma forma que lo hace tu huella digital o tu huella genética.
Todos, al expresarnos, empleamos unos patrones lingüísticos que nos identifican. Es lo que se denomina idiolecto. Se manifiesta en una selección particular del léxico, de la gramática y también en palabras, frases y giros peculiares, así como en variantes de la entonación y la pronunciación.
En 1886, un físico estadounidense llamado Thomas Mendenhall se obsesionó hasta tal punto con los patrones lingüísticos que trató de resolver el debate eterno acerca de si algunas de las obras de William Shakespeare habían sido en realidad escritas por Francis Bacon. (Si queréis leer una deliciosa historia que bromea a menudo con esta idea o simplemente sois amantes de los libros en general, os recomiendo la saga de Thursday Next).
Para ello, Mendenhall comparó la frecuencia y la distribución de palabras cortas y de cuatro letras en el texto de ambos autores.
Un filósofo polaco llamado Wicenty Lutoslawski se lo tomó mucho más en serio, pero centró sus obsesiones en los diálogos de Platón. Para determinar la secuencia en la que Platón escribió sus diálogos, definió más de 500 características estilísticas en la obra e inventó una fórmula para contarlas y ordenarlas jerárquicamente en función de su importancia. Pensó que cualquier muestra de escritura estadísticamente (y estilísticamente) próxima a otra debería haber sido también escrita en un momento cercano en el tiempo.
Elucubraciones similares han ocupado la mente de Dan Rockemore, profesor de matemáticas y de ciencia computacional en el Darmouth College, y profesor externo del Instituto de Santa Fe especializado en estadísticas del estilo:


El escritor Francisco Casavella se atreve incluso a proponer 6 condiciones inherentes a la práctica del plagio:
El exceso de celo en la vigilancia de la expresión creativa ahoga la creatividad. El corazón mismo del proceso creativo se basa en pellizcos de cosas ya conocidas, de autores que admiramos, de ideas que escuchamos, de frases que nos calan… transformándolas con “nuestro estilo” (signifique lo que signifique eso, porque ¿acaso pueden existir millones de estilos diferentes o hay un reservorio limitado de estilos?)
La copia que había perpetrado Beastie Boys, como os refería en la anterior entrega de este artículo, era tan mínima que no ascendió a la categoría de robo, según los tribunales.
La idea para este artículo surgió de 

El máximo organismo de control de la propiedad intelectual peruano, el Indecopi, ha fallado que 
