Supongo que le pasa a todo el mundo, pero a mí me pasa de manera excesiva: tengo una acentuada propensión a recordar ciertos argumentos expuestos de pasada por amigos, profesores o gente que sale por televisión. Los recuerdo y me sorprendo a mí mismo, embobado, dándoles vueltas y más vueltas, persiguiendo algún tipo de verdad esencial en ellos, tratando de impugnarlos, adaptándolos a mis propios argumentos sobre las cosas.
Después de leer ¿Se creen que somos tontos? sencillamente dispongo de una colección de herramientas intelectuales para desestimar con más facilidad los argumentos ajenos. Porque la mayoría de argumentos hacen aguas. La mayoría de personas tropiezan continuamente en falacias, en todo tipo de falacias. Julian Baggini ha recopilado 100 de ellas.
Y no sólo las ha recopilado sino que, mediante algún ejemplo tomado prestado de los medios de comunicación, las explica de forma amena y accesible, e incluso les da un poco la vuelta a fin de que encontremos las propias debilidades del ataque a la falacia.
¿Se creen que somos tontos? permite, pues, afilar nuestros argumentos, y por extensión nos permite pensar mejor. En consecuencia, nos blinda contra frases que en realidad son hueras, como las fundadas en argumentos de autoridad, en pendientes resbaladizas, racionalizaciones post facto, non sequitur, percipi est esse, falcias post hoc, falsas dicotomías, correlaciones presentadas como causaciones, conclusiones irrelevantes y así hasta 100.

Hagamos lo que hagamos, seamos quienes seamos, todos compartimos rasgos culturales, sociales y políticos con sociedades distribuidas por todo el planeta. Por ejemplo, si te dedicas a los negocios, probablemente precisarás de la ayuda de la fonética asiria, de la imprenta china, del álgebra árabe, de la numeración india, de la doble contabilidad italiana o de las leyes mercantiles holandesas.



Cuando contemplo los stands de libros de no-ficción de una gran superficie no puedo evitar una sensación de déja vu. Tengo la impresión de que desde hace tiempo sólo se producen o biografías de personajes más o menos notorios, o libros políticos. Y no generalmente de teoría o ciencia política, sino más bien de ese mejunje entre ideología y comunicación de masas que ha dado lugar a todo un género superventas: España va mal, o en palabras del showman: La que está liando Zapatero.
Hay un joven en España que está muy inquieto. Se llama Santiago y acaba de empezar las carreras de Periodismo e Historia. Pero el saber académico no le basta: Santiago flota en un limbo ideológico en el que no sabe muy bien a qué aferrarse, y le atormentan lo que percibe confusamente como amenazas a su patria. Decide escribir al ex presidente del Gobierno español José María Aznar López, y este se ofrece generosamente como su mentor. De esta premisa parte la correspondencia ficticia de Cartas a un joven español.