Ejercitar el insulto puede ser incluso formativo. Entre los yoruba africanos, al igual que ocurre en las batallas de espadas de Monkey Island, cuando se insulta a alguien, el calumniado debe devolverle el insulto al calumniador manteniendo la rima y doblando el agravio recibido.
En definitiva, que en la creencia de que ciertas palabras pueden influir negativamente en el comportamiento de la gente, rectores de la moral lingüística se dedican a depurar los textos que llegan a nuestras manos. ¿Escribir “puta” o “coño” devalúa un texto?
Por consiguiente, si un escritor intenta acercarse al lenguaje de la calle se arriesga a que se le echen encima asociaciones varias, afectados epidérmicos o sencillos puritanos con mucho tiempo libre.

Un poco más atrás en el tiempo, en el medio catódico, saltaron a la palestra dos casos consecutivos de gazmoñería políticamente correcta, en la misma cadena (Tele 5) y en la misma serie de FICCIÓN (Aída).
El otro día mantuve un debate. No era un debate estricto, sólo un intercambio amistoso de ideas. O al menos es lo que se intentaba. Se discutía sobre la responsabilidad de los autores y las editoriales a la hora de escribir y publicar novelas que traten temas políticamente incorrectos o directamente ofensivos.