<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom">

	<channel>
		<title>Magazine - politicamente-correcto</title>
		<link>http://www.papelenblanco.com</link>
		<description>
Blog sobre literatura, críticas de libros, internet y letras.		</description>
		<pubDate>2012-02-12 18:44:03</pubDate>

		<generator>http://www.papelenblanco.com</generator>
                    <item>
      <title><![CDATA[Las palabrotas en los libros (y II)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/metacritica/las-palabrotas-en-los-libros-y-ii</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/metacritica/las-palabrotas-en-los-libros-y-ii</guid>
      <pubDate>Fri, 08 Jan 2010 08:19:05 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.papelenblanco.com/2010/01/prohibidohablarcomiques.jpg" alt="" />Ejercitar el insulto puede ser incluso formativo. Entre los <strong>yoruba africanos</strong>, al igual que ocurre en las batallas de espadas de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Monkey_Island">Monkey Island</a>, cuando se insulta a alguien, el calumniado debe devolverle el insulto al calumniador manteniendo la rima y doblando el agravio recibido.</p>

	<p>En definitiva, que en la creencia de que ciertas palabras pueden influir negativamente en el comportamiento de la gente, rectores de la moral lingüística se dedican a depurar los textos que llegan a nuestras manos. <strong>¿Escribir &#8220;puta&#8221; o &#8220;coño&#8221; devalúa un texto?</strong></p>

	<p>Por consiguiente, si un escritor intenta acercarse al lenguaje de la calle se arriesga a que se le echen encima asociaciones varias, afectados epidérmicos o sencillos puritanos con mucho tiempo libre.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Mientras, para sortear la censura tácita de editores y lectores, nos quedan algunos atajos que, además, demuestran lo absurdo que resulta condenar al ostracismo determinadas palabras, así como sacralizar otras. </p>

	<p>Si, con perdón, llamas “hijo de perra” a alguien, éste te puede denunciar. Pero si le llamas, con idéntica intensidad e inflexión en la voz, “tumpitum”, no pasará nada. Porque “tumpitum” no existe en el diccionario. Ni siquiera está recogido en el acervo popular como un insulto. En el fondo, el sistema que se propugna para controlar las injurias y las obscenidades es muy fácil de burlar. Porque yo creo que la gente que se centra en censurar palabras son simples gijollos. Y quien no vea esto tan sencillo, a mi entender, es un kartigano.</p>

	<p>Una estrategia ya empleada, por ejemplo, en la obra de <strong>Norman Mailer</strong>, <em>Los desnudos y los muertos</em>, de 1948. La novela trata de la Segunda Guerra Mundial, y lo lógico es que los soldados que aparecen en ella gasten un lenguaje, como mínimo, barriobajero. Pero Mailer ideó una forma de no abandonar la verosimilitud sin tener que atentar contra la hipersensibilidad de la época: en vez de escribir <em>fuck</em> (joder) empleaba el término <em>fug</em> (que fonéticamente se parecía lo suficiente para que el lector entendiera qué se quería expresar en realidad). Se dice que cuando Dorothy Parker conoció a Mailer le dijo: &#8220;Así que usted es ése que no sabe cómo se escribe fuck&#8221;. </p>

	<p>Esta remilgada estrategia me recuerda a la forma que tienen los personajes de la serie de ciencia ficción <em>Battlestar Galactica</em> de emplear esta misma palabrota: <em>frak</em> (aunque este matiz sólo lo captaremos si vemos la serie en su versión original). O, centrándonos en la ciencia ficción patria, encontramos una de las novelas con más palabras soeces y alusiones sexuales por centímetro cuadrado que yo pueda recordar (aunque todas alteradas eufemísticamente para la ocasión): <em>Ahogos y palpitaciones</em>, de <strong>Andreu Martín</strong>. <em>Pornar</em>, por ejemplo, era una forma de decir follar.  </p>

	<p>¿Hasta qué punto se debe imitar el lenguaje o el pensamiento de cierto sector de la calle? Dicha regulación de lo que debe o no debe publicarse, ¿no convierte a los artistas en unos mentirosos o unos adulteradores de la verdad? En cierto modo, el escritor ya miente de facto cuando escribe una novela, pues todo diálogo plasmado en un libro apenas sigue la misma estructura que un diálogo oral. (Me acuerdo, por ejemplo, de cuando aparecieron las transcripciones telefónicas del escándalo Watergate: leídas de corrido incluso costaba entender todo su sentido, <strong>porque las personas hablamos de modo distinto a como escribimos o leemos</strong>). Todo requiere de cierta reformulación literaria, como si dijéramos, pero ¿esa reformulación implica depurar ciertas palabras malditas o determinadas ideas de difícil digestión?</p>

	<p>¿Queremos leer novelas que parezcan genuinas o preservar la ingenuidad y la pureza de las mentes? ¿Queremos descubrir cómo son y cómo piensan hasta los personajes más execrables o preferimos que los personajes evangelicen al lector?</p>

	<p>
Vía | <em>Diccionario sohez del español cotidiano</em> de Delfín Carbonell Basset.</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[No digas ni mu (sin ánimo de ofender a los mudos) (2 de 2)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/metacritica/no-digas-ni-mu-sin-animo-de-ofender-a-los-mudos-2-de-2</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/metacritica/no-digas-ni-mu-sin-animo-de-ofender-a-los-mudos-2-de-2</guid>
      <pubDate>Sun, 13 Sep 2009 02:28:09 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.papelenblanco.com/2009/09/sin_censura_no_evil.jpg" alt="" />Un poco más atrás en el tiempo, en el medio catódico, saltaron a la palestra dos casos consecutivos de gazmoñería políticamente correcta, en la misma cadena (<strong>Tele 5</strong>) y en la misma serie de FICCIÓN (<strong>Aída</strong>).</p>

	<p>En el primer caso, la protagonista, Aída, se acuesta con un cura interpretado por el actor Lluis Homar. Los censores eclesiásticos pusieron el grito en el cielo: natural, el humor está reñido con el dogmatismo más argiloso, y cuanto más endeble y frágil es éste, más teme la ironía; no digamos ya el sarcasmo directo. El humor desnuda de atributos de cartón piedra todo lo que toca. Que se lo digan a los airados por las caricaturas de Mahoma.</p>

	<p>El segundo caso hizo saltar a la <strong>Fundación Alpe Acondroplasia</strong>, que se dedica a velar por los derechos del colectivo afectado por una forma de enanismo óseo. Presentaron una demanda contra Tele 5, otra contra Globomedia y otra contra el director del episodio, Marc Vigil. ¡Toma, Jeroma, pastillas de goma! Y no denunciaron a todos los humoristas y escritores que en alguna ocasión en la historia han ridiculizado a los enanos porque no les habría quedado tiempo, supongo.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>“Si parece un repuesto del futbolín“, fue una de las frases proferidas en el capítulo.</p>

	<p>“El futuro de las personas con acondroplasia pasa por romper el estigma del bufón”, fue una de las frases pronunciadas por <strong>Carmen Alonso</strong>, coordinadora de Alpe.</p>

	<p>Uno se pregunta si evitando que un personaje de FICCIÓN se refiera de ese modo a un enano se podría eliminar de la faz del planeta el estigma de bufón de los aquejados por esta patología. Si es así, quizá deberíamos empezar también a denunciar a todos los productos de FICCIÓN cuyos personajes de FICCIÓN lanzan burlas a otros personajes feos, viejos, pobres, espigados, narigudos, estevados, tartamudos, estrábicos, pecosos, ciegos, mudos mancos, ninfómaníacos, impotentes, politólogos, pueblerinos, gordos y una larga, interminable lista… tan larga e interminable como larga e interminable sea nuestra capacidad para inventar ofensas.</p>

	<p><img class="centro" src="http://img.papelenblanco.com/2009/09/censura1.jpg" alt="" />La parte negativa es que, probablemente, <strong>eliminaríamos de un plumazo todas las producciones de FICCIÓN</strong>. O, al menos, todas las producciones de FICCIÓN en las que aparezca un mentecato que ridiculice al prójimo. (Los anaqueles de mi librería se quedarían vacíos de novelas, seguro).</p>

	<p>Pero en la <span class="caps">REALIDAD</span> existen personas que se burlan de los defectos de los demás. Eso es indiscutible. Así que, bajo esa premisa, uno se pregunta, también, ¿la FICCIÓN recrea alguna faceta de la <span class="caps">REALIDAD</span> o debe obligatoriamente, so pena de excomunión o denuncia, deformar la FICCIÓN para que influya en la <span class="caps">REALIDAD</span> para que ésta última se acabe pareciendo a la FICCIÓN?</p>

	<p>Si así fuera, ¿no deberíamos denunciar a los creadores de contenidos de FICCIÓN por tratar de cambiar la <span class="caps">REALIDAD</span> a su antojo bajo los parámetros ideológicos de la mayoría? <strong>¿La FICCIÓN debe evangelizar?</strong><br />
Sin ánimo de profundizar más en ello (que habría para rato), finalmente uno se pregunta si el que disfruta del humor grueso basado en la burla de cualquier anomalía o discrepancia con esa masa estólida llamada humanidad, le servirá de algo evitarle el visionado de ciertas secuencias de FICCIÓN. ¿Sus parámetros humorísticos cambiarán simplemente obviando los chistes que le gustan?</p>

	<p>“No puede ser que con la excusa de un humor vulgar tengamos que tolerar que nuestros niños sean de nuevo objeto de bromas dolorosas en la escuela“, apostilló Carmen Alonso, de Alpe.</p>

	<p>Sobran las palabras.</p>

	<p>Espero la pronta creación de una fundación para quienes gozan de cierto nivel cultural, a fin de que ésta denuncie declaraciones públicas insustanciales y carentes de una mínima formación científica; evitaremos al menos que los niños, aunque sigan con sus bromas sangrantes, no se conviertan en <strong>gilipollas redomados</strong>. (Y al no ser gilipollas nadie les podrá ofender como tales, a no ser que ser gilipollas sea lo corriente y, entonces, el ofendido sea objeto de las chanzas por ser inteligente o el empollón).</p>

	<p>Menudo galimatías… mejor no abrir la boca nunca más, así sólo corro el riesgo de ofender a los mudos.</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[No digas ni mu (sin ánimo de ofender a los mudos) (1 de 2)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/metacritica/no-digas-ni-mu-sin-animo-de-ofender-a-los-mudos-1-de-2</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/metacritica/no-digas-ni-mu-sin-animo-de-ofender-a-los-mudos-1-de-2</guid>
      <pubDate>Sat, 12 Sep 2009 15:38:58 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.papelenblanco.com/2009/09/censura.jpg" alt="" />El otro día mantuve un debate. No era un debate estricto, sólo un intercambio amistoso de ideas. O al menos es lo que se intentaba. Se discutía sobre la responsabilidad de los autores y las editoriales a la hora de escribir y publicar <strong>novelas que traten temas políticamente incorrectos o directamente ofensivos</strong>.</p>

	<p>Mi contertulio me dijo que las novelas, aunque sean de ficción, dan ideas, transmiten tendencias. Por supuesto. Como absolutamente todas las cosas del mundo. Tratar de limar todas las aristas del mundo es un trabajo agotador y estéril: siempre habrá más aristas que limas. Y quién controla al que vende las limas y las normas sobre sus usos. Controlar la realidad para que no nos haga daño tiene ese riesgo: que el que controla la realidad nos haga daño subrepticiamente.</p>

	<p>Además, ¿podemos determinar que una idea es netamente nociva? ¿Y si existe una mínima posibilidad de que sea cierta y el prejuicio y el miedo provocan que jamás salga a la luz? La mayoría de los grandes avances de la ciencia y el pensamiento se han basado precisamente en esa <strong>destrucción de dogmas</strong> o parámetros que se creían indubitables.</p>

	<p><!--more--> </p>

	<p>Mi contertulio también afirmó que hoy en día no existen apenas actos de censura hacia libros de ficción. No estoy de acuerdo: basta con ir unos años atrás, cuando la publicación de la novela de <strong>Hernán Migoya</strong> <em>Todas Putas</em> tuvo que ser retirado de muchas librerías porque los personajes (repito, los personajes) de la novela hacían apología a la violación o a la violencia de género.</p>

	<p>Enseguida mucha gente pensó que Migoya también era un apologeta de la violación y la violencia de género. Pero Migoya, tras superar el trauma, trató de tomárselo con humor, humor combativo, y publicó una segunda parte hace un tiempo reseñamos aquí: <a href="http://www.papelenblanco.com/novela/lectura-para-el-verano-aputas-es-pocoa-de-hernan-migoya">Putas es poco</a>. </p>

	<p>También recuerdo que hace unos meses, en un debate radiofónico, la omnipresente polemista Pilar Rahola cuestionaba la moralidad de publicar obras como <em>Lolita</em> de <strong>Nabokov</strong>. Irónicamente, <em>Lolita</em> ya estuvo prohibida en su día. Como también obras de <strong>Mark Twain</strong>.</p>

	<p>Por si fuera poco, esta hipersensiblidad es más acusada en el medio catódico. Los libros no dejan de ser cosas que sólo consumen una minoría de la gente. Pero la televisión es masiva y tentacular, así que imaginaos cuánta gente puede sentirse ofendidad o agredida por ella. </p>      ]]></description>
      </item>
        	  <atom:link href="http://www.papelenblanco.com/tag/politicamente-correcto/rss2.xml" rel="self" type="application/rss+xml" />
	</channel>

</rss>



