Los que nos dedicamos al periodismo oímos frecuentemente (cada diez o quince minutos) que somos de lo peor que le ha ocurrido al mundo, sólo por encima de colectivos con tan buen nombre como los taxistas y los terroristas, si cabe. Yo soy de la opinión de que hay otra forma de ser periodista, que no esté reñida con el compromiso, la creación y el amor al lenguaje.
Un patente ejemplo de esta otra forma es Emilio Ruiz Barrachina, ganador del III Premio Internacional de Poesía Rubén Darío por su poemario Arroyo. Barrachina es periodista y ha ejercido su oficio durante más de veinte años entre Latinoamérica y España. Es autor de multitud de obras de ficción y ensayos, así como de películas y documentales. La inspiración de Arroyo, cuenta, le llegó mientras filmaba un documental sobra la muerte de Lorca, El mar deja de moverse, no poco polémico por cierto.
Es un libro duro, un libro de reivindicación, y una obra que me va a costar enfrentarme a mucha gente, como me costó mi documental porque vuelvo a meter el dedo en la llaga pero es lo que siento y había que expresarlo.
Arroyo es un poemario de denuncia contra la guerra y la barbarie, un tema que Barrachina conoce bien: su última trabajo es un documental sobre uno de los ‘conflictos olvidados’ más paradójicamente famoso, el de Sudán.

