Estos son días de revisar las gavetas de la cómoda, organizar los libros, revisar los archivos y mirar lo que ha ocurrido durante el año. Es así como comienzo a pasearme por algunas noticias que quedaron en el tintero (léase en mis borradores de Papel en Blanco) y que por una razón u otra no pude llegar a publicar.
Una de ellas tiene que ver con un título que bien vale como recomendación para un buen regalo para el Día de Reyes. Y es que el libro con el cual Eliacer Cansino ganó el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2010 me resulta particularmente atractivo y pertinente.
Se trata de la novela Una habitación en Babel editada por el sello Anaya y que se desarrolla en un edificio en el que los personajes hablan distintas lenguas y en el que, con frecuencia, no pueden entenderse. Este libro ya había merecido el año pasado el VI Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil y vio ratificada su importancia con este nuevo reconocimiento nacional.
No puedo adelantar mucho sobre la novela, pero si puedo partir de algunas de las reflexiones del autor para tratar de animarlos a leerlo y a pensar conmigo un poco en torno al tema, que viene al dedillo en estos tiempos .
Cansino, catedrático y escritor nacido en Sevilla en 1954, dice que la novela se sirve de la anécdota como excusa para reflexionar, no solamente acerca del tema del lenguaje, sino también acerca de la identidad y la comunicación y lo humano esencial:


Continuamos con el fallo de los Premios Nacionales concedidos por el Ministerio de Cultura, en este caso con el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil que ha recaído en Alfredo Gómez Cerdá por su libro Barro de Medellín. El galardón, dotado con 20.000 euros, premia la mejor obra del género publicada a lo largo de 2008 y escrita en cualquiera de las lenguas oficiales del Estado.
La obra Kafka y la muñeca viajera del escritor barcelonés Jordi Sierra i Fabra ha ganado el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil que cada año concede el Ministerio de Cultura de España. Esta novela está inspirada en un episodio real de la vida de Franz Kafka que lo llevó a convertirse en un “cartero de muñecas”.