La mejor forma de describir la sensación que me transmite Wilfred y la perdición, la primera novela de Ernesto Rodríguez (avalada por el Premio de Narrativa Jóvenes Escritores Valentín García Yebra) es explicaros en qué consiste la LAN.
La LAN (o IDS en sus siglas inglesas) es la particular forma en la que los adultos de todas las culturas del mundo hablan a los niños hasta que adquieren plena competencia lingüística (es decir, hasta los tres años, aproximadamente). La Lengua Adaptada a los Niños o maternés (si nos guiamos por una traducción literal de motherese) se caracteriza por un tono alto, mayor variación tonal, vocales y pausas articuladas exageradamente, frases breves y elocuentes y repeticiones para asegurar el mensaje. Algo así: Holaa, bebééé… ¿quién te quiere a tiiii? ¿Ehhh? ¿Quiéééén?
Wilfred y la perdición parece estar concebido por un autor que usa una versión paródica y turulata del maternés para exponer un ideario corrosivo del que debería valerse todo adulto responsable (es decir, todo adulto que aspire a derribar el establishment).
Una cafrada, un despiporre destroyer contado a ritmo condemorl que, sin embargo, habla de cosas importantes y tremendamente serias.

