
Cuando fallece un escritor o una escritora, una de las principales preguntas que se hacen sus seguidores, sobre todos aquellos que tienen conciencia de lo que significa el resguardo de la obra original, es qué ocurrirá con los manuscritos, inéditos y demás documentos que seguramente han quedado guardados.
La muerte, tristemente, le da un repentino valor financiero a escritos que, por si mismos, no son exactamente literarios pero que contemplados dentro de la obra total de un autor adquieren una importancia particular para la comprensión de la misma.

