
Capítulo IV: Del amigo gracioso y bien entendido que entró a deshora
Como decíamos en el post anterior, el narrador principal nos introduce otra figura prologal: el amigo al que presenta como una realidad física, como un hombre de carne y hueso al que le confiesa sus preocupaciones y dificultades con el Prólogo. Sin embargo, si atendemos a su planteamiento de ficción real, podremos ver en el amigo un alter ego, un personaje imaginario que es utilizado para entrar en un plano indirecto, que le ofrece la posibilidad de componer la crítica más explícita hacia los libros de caballerías y las pomposas costumbres de los prefacios y elogios que preceden las obras de sus coetáneos.
Así, el amigo gracioso y bien entendido que entró a deshora, tras conocer el problema que le plantea el narrador principal, crea un discurso que es todo un ataque contra lo anteriormente citado y, sin muchas complicaciones, derriba punto por punto los problemas del escritor. Para ello, le expone una serie de citas escolásticas y proverbiales, mitos clásicos y fragmentos bíblicos (no siempre de modo correcto), que le sirvan para salir al paso de sus dificultades. Dentro de la sátira es oportuno destacar que algunos de los dardos verbales son dirigidos a Lope de Vega: en la cita “Donec eris felix, multos numerabis amicos, Tempora si fuerint nubila, solus eris”, dice ‘felix’ donde debía decir ‘sospes’, tal y como escribió Ovidio (y no Catón, como se dice en el texto) en Tristia (I, 9, versos 5-6), clara referencia al susodicho Lope, cuyo primer nombre era Félix.

Si en el primer post empezamos por el (aparente) final, en este continuamos por el supuesto comienzo. Y es que el 