¿Por qué tanta gente se traga que Anne Germain en realidad habla con los muertos, a pesar de que falla más que una escopeta de feria? ¿Por qué los adivinos de madrugada tienen tanto público, a pesar de que emplean técnicas de psicología llamada lectura en frío de una forma mucho más rudimentaria que un ilusionista profesional? ¿Por qué hay tanta gente que cree que los viajes astrales a pesar de que tienen explicación neurobiológica y hasta se pueden inducir artificialmente? ¿Por qué la gente asegura haber visto fantasmas si pueden también inducirse artificialmente estas visiones?
Si hace unos días os hablaba del fallido (por inconcreto) El médico perplejo, de Robert S. Bobrow, ¿Esto es paranormal? demuestra cómo se deben hacer las cosas.
Los fenómenos paranormales producen miedo e inquietud. Incluso yo, que me defino como un escéptico acérrimo (y bien informado), he experimentado lo que es temer a lo desconocido (por ejemplo, un ruido extraño o una sombra esquiva).
Sin embargo, libros como el presente, ¿Esto es paranormal? Por qué creemos en lo imposible, si bien no evitarán que continuemos sintiendo miedo, sí que nos permitirán desvirtualizarlo. Relegarlo a la categoría de acto reflejo. Algo así como ese mito tan extendido de que los sonidos de baja frecuencia pueden provocar que manches los calzoncillos: no en vano, los infrasonidos han sido investigados por los militares como posible base para el desarrollo de armamento acústico, llamándose informalmente “nota marrón” (ya imagináis la razón, escatológicos lectores).

Se cuenta por ahí que uno de los programas de televisión menos visto de la historia (o con el menor share registrado, poniéndonos técnicos) fue un programa de la televisión francesa emitido el 14 de agosto de 1978 en el que se realizó una entrevista a una mujer Armenia por su cuarenta cumpleaños. La susodicha contó cómo había conocido a su marido, sus enfermedades y los motivos para seguir adelante, siempre con una sonrisa.
Si queréis pilotar un avión, necesitaréis aprender a manejar una serie de controles básicos. El timón, que sirve para regular lo que se conoce como viraje, el ángulo vertical del aparato. Los alerones, para virar a la derecha o a la izquierda. Los elevadores de cola, para subir y bajar, cambiando lo que se llama el grado de inclinación. Los flaps, para reducir la velocidad.
Bajo el subtítulo “De la ingenuidad al fraude científico” se presenta Voodoo Science, que aquí se ha traducido como Ciencia o vudú; una traducción poco afortunada, pues este entretenido ensayo no trata de la dicotomía entre la ciencia y el vudú sino del análisis de un tipo de ciencia, la vudú, que usando maneras científicas trata de vender postulados no demostrados o fraudes como ciencia oficial.