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	<title>Papel en blanco</title>
	<link>http://www.papelenblanco.com</link>
	<description>Blog sobre literatura, el arte de los libros y el apasionante mundo de la lectura.</description>
	<pubDate>Tue, 08 Apr 2008 14:01:39 GMT</pubDate>
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      <title><![CDATA[¿Carver o Lish?]]></title>
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      <pubDate>Tue, 08 Apr 2008 14:01:39 GMT</pubDate>
      <author>Jaime Valero</author>
      <description><![CDATA[	<p><img id="image2996" src="http://img.papelenblanco.com/2008/04/raymondcarver.jpg" class="derecha" alt="Raymond Carver en 1984" />El estilo de <strong>Raymond Carver</strong> dejó una profunda huella en numerosos escritores del siglo XX. Aunque cultivó otros géneros, es recordado principalmente por sus relatos, pequeños episodios de la realidad cotidiana de la Norteamérica de su época. Su forma de narrar era directa y concisa, libre de adornos y florituras, cruda y gélida como una noche de invierno. Sus cuentos terminan siempre de forma cortante, imprevista, dejando a medias al lector que no reflexione sobre el camino que lo ha conducido hasta ese final.</p>

	<p>Los críticos definen su estilo como realismo sucio, sin embargo, es difícil etiquetar la personalidad de escritores como él. Ahora bien, ¿hasta qué punto el sello de Carver era genuinamente suyo? Hace unos años, el <strong>New York Times Magazine</strong> despertó una enorme polémica al afirmar que gran parte de sus relatos fueron retocados y corregidos por su editor, <strong>Gordon Lish</strong>, cuya labor iría más allá de las meras recomendaciones. Por lo visto, el tiempo y sucesivas investigaciones han demostrado que así era.</p>

	<p>Los cambios introducidos por Lish solían ser recortes en la narración que potenciaban el estilo glacial y seco de los cuentos originales. Reducía el número de palabras, alteraba los finales, etc. De hecho, la mayor parte de los relatos que conforman <strong>De qué hablamos cuando hablamos de amor</strong> pasaron por su tijera. Así pues, ¿quién estaba realmente tras este peculiar estilo narrativo?<a name="more"></a></p>

	<p>No hay duda de que Carver tenía un ojo especial para lo cotidiano. La fuerza de sus temas y sus personajes habla por sí sola. Pero quizá por vivir inmerso en esa realidad, con una trayectoria errante y problemas con el alcohol, tratara de buscar consuelo aportando cierta calidez a sus historias. También dotando de humanidad a sus personajes, que sin embargo han llegado hasta nosotros como férreos témpanos. Posiblemente, su frialdad no fuera tan intensa como para conseguir la visión impasible y distante, despiadada en ocasiones, que tienen los relatos tal y como los conocemos. Ahí es donde entra Lish, que varió ciertos diálogos, descripciones e incluso títulos. Él sí podía ver desde fuera, libre de emociones, el mundo que sugería Carver.</p>

	<p>En cualquier caso, esta revelación no debería llevarnos a quemar los ejemplares que conservemos de Carver. Al fin y al cabo, lo realmente importante son los relatos en sí mismos y la influencia que han tenido en la literatura contemporánea. Simplemente, Lish terminó de pulir un diamante en bruto que tenía demasiadas entrañas como para resistir el peso de un mundo sin esperanzas. Y eso, que yo sepa, no es ningún crimen.</p>

	<p>Artículo relacionado | <a href="http://www.jornada.unam.mx/1999/08/29/sem-baricco.html">Alessandro Baricco</a><br />
En Papel en Blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/tag/raymond+carver">Raymond Carver</a></p>


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    <item>
      <title><![CDATA[Cómo escribir un cuento según Raymond Carver (parte II)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2007/09/11-como-escribir-un-cuento-segun-raymond-carver-parte-ii</link>
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      <pubDate>Tue, 11 Sep 2007 19:28:01 GMT</pubDate>
      <author>Hervé Joncour</author>
      <description><![CDATA[	<p><img id="image1713" src="http://img.papelenblanco.com/2007/09/raymond-carver-2.jpg" class="centro" alt="Raymond Carver" /></p>

	<p>(viene de <a href="http://www.papelenblanco.com/2007/09/10-como-escribir-un-cuento-segun-raymond-carver-parte-i">Cómo escribir un cuento según Raymond Carver (parte I)</a>)</p>

	<p>Ahora toca elogiar a <strong>Nabokov</strong>. Se refugía, a la vez que en el relato breve, también en la poesía, y es que considera que en estos dos mundos es posible <strong>hablar de objetos cotidianos como si fueran el universo entero</strong>. Se puede (y se debe) atrapar al lector tanto con un triángulo de amor bizarro como con una cortina. Ahí radica la genialidad.</p>

	<p><blockquote><p>Ningún hierro puede despedazar tan fuertemente el corazón como un punto puesto en el lugar que le corresponde</p></blockquote></p>

	<p>Es una frase de un cuento de Isaak Babel. Y según Carver, debería imprimirse en una ficha grande para tenerla siempre delante.</p>

	<p>Habla más tarde de Evan Connell y una referencia a su modo de escribir: mientras releía lo escrito, <strong>eliminaba las comas para luego volverlas a poner donde estaban</strong>. Esto le merecía una relectura distinta del texto.<br />
<a name="more"></a><br />
<blockquote><p>Cuando comencé a escribir el cuento no sabía que Ph.D. acabaría con una pierna de madera. Una buena mañana me descubrí a mí misma haciendo la descripción de dos mujeres de las que sabía algo, y cuando acabé vi que le había dado a una de ellas una hija con una pierna de madera. Recordé al marino bíblico, pero no sabía qué hacer con él. No sabía que robaba una pierna de madera diez o doce líneas antes de que lo hiciera, pero <strong>en cuanto me topé con eso supe que era lo que tenía que pasar, que era inevitable</strong>.</p></blockquote></p>

	<p>Es una confesión de la gran <strong>Flannery O&#8217;Connor</strong>. Ella no se sienta con el texto en la cabeza, sino que el texto va surgiendo de forma casi mágica. Es inevitable llegar a la conclusión que llega, la escritura es el proceso mecánico en que el universo te lleva de un punto a otro como las olas llevan a un velero aparentemente sin rumbo a su destino.</p>

	<p>&#8220;Él pasaba la aspiradora cuando sonó el teléfono&#8221;. Esta única frase desató un cuento de <strong>Raymond Carver</strong>. Sin saber cómo llegó al papel, y tras días y días delante de ella surgió esa chispa que le llevó a rematarlo con un arduo trabajo ininterrumpido. Como decía Picasso, &#8220;siempre procuro que la inspiración me coja trabajando&#8221;. Una línea tras otra, la historia se va formando y la ilusión una vez terminada es casi indescriptible.</p>

	<p><strong>Tan importante como lo que se cuenta es lo que no se cuenta pero permanece implícito en el texto</strong>. Pero lo que se cuenta se ha de hacer con claridad y precisión. No valen palabras de relleno, no valen expresiones que no encajen como piezas de un puzzle. Una vez que se haya logrado, las palabras brotarán para formar el universo propio y <strong>juntas sonarán como la mejor de las sinfonías</strong>.</p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.literatura.us/idiomas/rc_escribir.html">Escribir un cuento, Raymond Carver</a><br />
En Papel en Blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/2007/09/10-como-escribir-un-cuento-segun-raymond-carver-parte-i">Cómo escribir un cuento según Raymond Carver (parte I)</a>, <a href="http://www.papelenblanco.com/categoria/creacion">creación literaria</a></p>


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      <title><![CDATA[Cómo escribir un cuento según Raymond Carver (parte I)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2007/09/10-como-escribir-un-cuento-segun-raymond-carver-parte-i</link>
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      <pubDate>Mon, 10 Sep 2007 20:24:53 GMT</pubDate>
      <author>Hervé Joncour</author>
      <description><![CDATA[	<p><img id="image1711" src="http://img.papelenblanco.com/2007/09/raymond-carver.jpg" class="derecha" alt="Raymond Carver" /><strong>Raymond Carver</strong> fue un escritor americano muerto hace ya casi 20 años. Considerado como uno de los máximos exponentes del <strong>realismo sucio</strong> (estructuras minimalistas, personajes convencionales, pocos detalles&#8230;), como muchos otros sufrió el &#8220;síndrome del papel en blanco&#8221;.</p>

	<p>Él mismo nos cuenta en <a href="http://www.literatura.us/idiomas/rc_escribir.html">Escribir un cuento</a>, que <strong>no es buena la desmesura</strong> y que <strong>hay que tener talento</strong>. Pero también, por otro lado, nos tranquiliza. En sus propias palabras, &#8220;no conozco a escritor alguno que no lo tenga&#8221;. No sabemos si ponía el listón muy bajo o si simplemente pretendía animar al personal. Pero sigamos con el texto.</p>

	<p>Nos continúa contando que <strong>cada escritor debe elaborar su propio universo</strong> de acuerdo a sí mismo: no es simplemente expresar lo vivido, es añadirle un toque personal. Aquí es donde se explica un poco lo del talento: dice que hay cantidad a nuestro alrededor, pero que <strong>ese talento se transforme en algo grande es gracias al universo del escritor, a su firma, a aquello que lo convierte en alguien único e inimitable.</strong><br />
<a name="more"></a><br />
Más tarde nos pone dos ejemplos, los de Isak Dinesen (&#8220;escribía un poco todos los días, sin esperanza y sin desesperación&#8221;) y Ezra Pound (&#8220;El esmero es la UNICA convicción moral del escritor&#8221;) para dejar claro que <strong>la constancia es una virtud</strong>, y que deberíamos tenerlo muy presente a lo largo de todo el proceso.</p>

	<p>En un tono más personal llega el siguiente apunte: <strong>no a los juegos</strong>. Es su opinión (y la de mucha gente más, claro): en cuanto llega una triquiñuela, algo que esté únicamente para despistar al lector y atraer su atención lejos del foco del argumento, se acabó. Esto, argumenta, puede desatar el bostezo y la huída de los lectores, que es lo que todo escritor desea evitar.</p>

	<p>Más tarde nos habla de la experimentación. La respuesta a una pregunta no formulada es <strong>sí, pero</strong>. No vale cualquier &#8220;innovación formal&#8221; en la que el ser humano no sea reconocible. Al fin y al cabo, para seres humanos es para quienes escribes. Piénsalo bien antes de tirarte al río. Pone como ejemplo de &#8220;experimentación válida&#8221; a Barthelme, y a su vez hace un alegato sobre la originalidad: <strong>sólo hubo y habrá un Barthelme o un Pound, si tratas de imitarlos caerás poco a poco al abismo</strong>.</p>

	<p>En Papel en Blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/2007/09/11-como-escribir-un-cuento-segun-raymond-carver-parte-ii">Cómo escribir un cuento según Raymond Carver (parte II)</a></p>


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