¿Queréis saber qué se siente bailando sobre un campo sembrado de minas? Es fácil: pisad el callo de lo políticamente correcto, tal y como lo hicieron los caricaturistas de Mahoma, y lo sentiréis en todo su esplendor.
Eso es lo que ha pretendido Piergiorgio Odifreddi, profesor de Lógica en la Universidad de Turín. Bailar sobre el campo de minas de toda clase de asuntos espinosos. Bailar con método, con estilo, no a lo loco, es decir, bailar con arreglo a los dictados de la ciencia, las matemáticas o la lógica. Finalmente, Odifreddi ha pretendido pasar por la thermomix todo el conjunto y, violà, le ha salido este libro titulado Elogio de la impertinencia.
El principal problema, sin embargo, es que los ingredientes están a medio cocer: ni se ha bailado tanto, ni se han pisado tantos callos, ni se han ejecutado las coreografías prometidas. Ni la thermomix es la mejor manera de cocinar un plato exquisito.
Además, ignoro si a causa de la traducción española o por el estilo del autor, la prosa resulta a menudo un tanto mecánica, como sincopada, lo cual convierte la lectura en una actividad muy poco fluida.
Evidenciadas todas las carencias, como no quiero que pese sobre el lector la idea de que Elogio sobre la impertinencia es un mal libro, también hay que resaltar sus virtudes, que también las tiene. Aunque el mejunje general es insípido (y se vuelve más insípido porque la portada del libro parece vender una cosa que luego es otra), lo cierto es que hay en el libro de Odifreddi algunos artículos sobresalientes. Y también hay otros que se ajustan con perfección al subtítulo del libro: análisis desde las matemáticas de temas en apariencia apartados de la misma, como la literatura.

Con la visita del Papa a España todavía reciente, la lectura de este libro, Por qué creemos en cosas raras, se vuelve más pertinente que nunca. Sobre todo porque el autor, Michael Shermer, no se limita a hacer un recorrido sobre las creencias humanas y sus posibles raíces psicológicas, sociológicas y antropológicas, sino, ante todo, porque Shermer dedica un capítulo completo a explicar por qué hay personas tan inteligentes que creen en cosas tan estúpidas.
El autor de 

A mi juicio, existen dos clases de críticas literarias. La que se fundan en cuestiones técnicas, en valoraciones más o menos estandarizadas sobre lo que es el ritmo o la belleza de un texto. Y las que se basan en lo que simplemente ha causado en nuestras entrañas la lectura del libro.
La anterior publicación de este post nunca debió darse pues se trataba de un borrador inacabado que acabó subido al blog por un malentendido entre mi coordinadora y yo. Entiendo que el artículo, tal y como fue publicado, supuso una doble ofensa. Por un lado a los creyentes y, por otro, para los lectores del blog que esperan una crítica del libro y no las opiniones personales de un particular. Mis disculpas para el segundo grupo.
El título de este alegato contra la religión es, sin duda, provocativo. Pero, pese a la apariencia beligerante, el autor jamás abandona el rigor. Sí que carga las tintas contra la fe, la doctrina, el sistema clerical y demás, se nota cierto enojo en sus palabras (cosa evidente si uno ha presenciado cosas como las que el autor ha visto en calidad de periodista por medio mundo), pero ello no empaña un discurso lleno de fundamento. Su ateísmo militante puede incomodar a muchos, algunas ideas resultarán un poco tendenciosas o quizá fragmentarias, pero lo serán pocas. La mayoría del corpus de este libro está lleno de racionalidad y sabiduría, lo cual ya es mucho más de lo que los libros que ensalzan la religión (como la Biblia o el Corán) pueden decir. ¿No os lo creéis? Dadle una oportunidad a Dios no es bueno.
En una época en la que el laicismo intenta desplazar a la religión del ámbito público (reconocimiento del matrimonio homosexual, investigación biomédica, Educación para la Ciudadanía) y en la que numerosos libros sobre el ateísmo pueblan las listas de las novedades literarias, la lectura de Romper el hechizo es interesante en sí misma, se mantenga una posición creyente, agnóstica o atea. Porque el libro vindica el ateísmo, sí, pero el apabullante despliegue de teorías presentado por Daniel C. Dennett es capaz de enriquecer a toda clase de lector.
Por aquí la publicación de Jesús de Nazareth, el último libro del Papa Benedicto XVI, no tuvo mucha acogida (me refiero a Papel en Blanco; ya todos vimos en televisión como la gente se llevaba los ejemplares de 10 en 10, aunque sin ánimo de ofender, yo no vi más que monjas). Sin embargo, la noticia tan curiosa que he leído hoy sobre Joseph Ratzinger no me puede pasar desapercibida.