¿Cuál es el secreto de que un libro se convierta en Superventas?
Lo primero que hay que advertir a los ávidos de fórmulas magistrales aplicables a la vida diaria (más compleja y enredada de lo que imaginamos) es que no existe respuesta tal pregunta. Si existiera, las editoriales se transformarían en bancos. Lo que sucede es que la mayoría de nosotros creemos que sí existe explicación (sobre todo a posteriori) para justificar el éxito apoteósico de una obra.
La falacia se parece mucho a la que se instala en nuestra cabeza cuando llevamos dos horas atrapados en un atasco de tráfico: ¿quién es el irresponsable que está provocando este maldito tapón? La respuesta (salvo que se haya producido un accidente que haya obligado a cortar la carretera) es nadie. La respuesta es el propio atasco, el propio sistema: a mayor número de coches, mayor cantidad de microfrenazos. Y ello se va incrementando progresivamente de coche en coche hasta que, sin saber muy bien cómo y gracias a las propiedades casi místicas de la dinámica de fluidos, zas, estamos atascados y encomendándonos a todos los santos del almanaque zaragozano.
Con los duendes que determinan el éxito de ventas de un libro ocurre una cosa parecida. La llamada recursividad consiste en la retroalimentación de un fenómeno mediante un número creciente de bucles; sucesos son la causa de más sucesos iguales pero de mayor entidad. Compramos un libro, básicamente, porque otros lo compran, originándose lo que en marketing se denomina “bola de nieve”. Es como una epidemia. Como una moda. Nuestra intuición se resiste a este comportamiento de la realidad (estamos programados para un entorno con causas y efectos más simples) y nuestra inteligencia y nivel de computación mediante ordenadores es todavía incapaz de decodificar esta mariposa del caos que agita sus alas en Pekín y provoca un tornado en Albacete.
Es de sobra conocida la predilección de muchos escritores por ciertas sustancias como el alcohol (Edgar Allan Poe, Jack London), el opio (Thomas de Quincey) o los alucinógenos (Aldous Huxley). La cuestión de si las drogas pueden o no ampliar la creatividad y la percepción de los artistas es un tema de debate todavía abierto.
El texto ahora encontrado del poeta francés 