Gomorra, de Roberto Saviano
Con el estreno de la adaptación cinematográfica a cargo de Matteo Garrone y la reciente edición en formato bolsillo, la novela de Roberto Saviano está en el punto de mira de buena parte de los lectores de nuestro país. Como ya sabréis, la publicación de este libro que desvela los entresijos de la mafia napolitana le ha valido a su autor ser objeto de amenazas de muerte que lo obligan a llevar una escolta constante.
Ante esta situación, es inevitable recordar el caso de Salman Rushdie, cuya vida peligra desde la publicación de Los versos satánicos. Sin embargo, Saviano ha establecido una diferencia entre ambos: mientras que a Rushdie lo condenaron por el simple hecho de escribir ese libro, a él lo persiguen por haber obtenido éxito. Según ha declarado, a la mafia no le preocupa que la gente hable o escriba sobre ellos, lo que temen es que esas palabras consigan notoriedad pública, hasta el punto de poder entorpecer sus negocios.
Y eso es precisamente lo que ha ocurrido con Gomorra, un texto que navega entre el género narrativo y el reportaje periodístico. El principal atractivo del libro radica en el estilo novelesco que ha empleado el autor para presentar a sus personajes y los diversos sucesos ocurridos en la Nápoles actual. No se trata, pues, de un ensayo tedioso sobre la mafia falto de calidad literaria, aunque el rigor documental de la obra pueda resultar en ocasiones abrumador.
Roberto Saviano, el autor de la dramatización novelesca sobre la Camorra napolitana Gomorra y actualmente bajo máxima seguridad tras desarticularse un plan para asesinarlo, ha sido elegido la estrella de 2008 por la edición italiana de Rolling Stone. Gomorra ha sido un éxito rotundo en Italia tanto en su versión literaria como cinematográfica y ha puesto al país cara a cara con sus vergüenzas, obligándole a afrontar socialmente por primera vez el crimen organizado. Además su condicion de amenazado le ha valido a Saviano el apoyo de personalidades como Salman Rushdie, Umberto Eco o Ian McEwan.
Mucho hemos recorrido desde los juicios por obscenidad pública que tuvieron que afrontar Flaubert por Madame Bovary (dignamente ganado) y Baudelaire por Las Flores del Mal (bochornosamente perdido), pero ser escritor hoy en día no está extento de riesgos. Los siguientes temas sólo deben ser abordados por profesionales rigurosos concienciados de las implicaciones de su trabajo, o por gente ansiosa de una publicidad instantánea aún a costa de su integridad económica o física.