Esta noticia es una de esas curiosidades que nos demuestran hasta dónde puede llegar el ser humano en sus pasiones por los libros y los escritores. Reapareció, después de 20 años, la losa que adornaba la tumba del filósofo Jean Paul Sartre en el cementerio de Montparnasse.
La nota de prensa habla de que un grupo de amigos de Arnulfo Valencia, un poeta colombiano nacido en Cali, encontró la lámina de metal entre los libros del escritor recientemente fallecido y decidió exhibirla con la idea de subastarla para recabar fondos y asi promover la poesía en la ciudad del suroeste colombiano.
William Ospina relata que había escuchado directamente de Valencia la historia según la cual éste habría robado la lápida y la habría enviado por correo a Colombia para que fuera resguardada allí, pero siempre pensó que era una exageración de su amigo. Seguramente no sabía qué hacer con ella, añade Ospina, y así la guardó entre sus libros y fue recién días antes de morir que le comunicó a sus hijas dónde se encontraba.
La pregunta ahora es ¿de quién es esa lápida? Cualquier coleccionista seguramente dará una buena suma por ella pero no sería extraño que desde Francia alguien reclame la posesión, ahora en terreno latinoamericano. Un dato más que añadir a las interminables curiosidades meta-literarias de algunos de los autores más importantes del siglo XX.
Vía | Vive.in

Desde ayer me ha quedado la pregunta en torno a los límites éticos para promover libros, ya que me encontré con dos noticias que usaban justamente el robo como centro de sus campañas publicitarias. La primera de las noticias se ocupaba de la sanción impuesta por el gobierno de México a la editorial Random House Mondadori por la publicación de un video en el que se muestra a un joven mexicano, portando una bandera de ese país en forma de pañoleta, entrar corriendo a un salón en el que el escritor brasileño Paulo Coelho se encontraba firmando libros. Luego de abrirse paso a empellones entre el público, se le aproxima al escritor y le arrebata un objeto para seguidamente salir corriendo de nuevo eufório, celebrando “la hazaña”.
Parece que Rosa Regás tuvo razón en cuanto a la identidad del ladrón de los dos ejemplares de mapas mundis de Ptolomeo de la Biblioteca Nacional. Se trata de César Gómez Rivero de 60 años que, en la noticia que leo, aparece presentado como “ciudadano español de origen uruguayo y residente en Argentina”. 