
El pasado día seis se ponía a la venta uno de esos libros que están llamados a formar parte de mi biblioteca. Quizás no lo compre inmediatamente, quizás lo lea poco a poco, en vez de un tirón, pero acabará siendo mío. Se trata, ni más ni menos, que de una antología de cuentos de autores rusos, titulada, muy acertadamente, Un siglo de cuentos rusos. Los culpables, una vez más, los chicos de la editorial Alba, que van a acabar conmigo. Veintiocho euros cuesta la criatura, y eso sí, no es apto para llevarlo en el bolso a diario, ya que cuenta con casi 500 páginas, además de estar editado en tapa dura.
Alba reune aquí lo mejor de los cuentos rusos del siglo XIX de auténticos gigantes. Pushkin, Gógol, Turguénev, Dostoievski, Leskov, Tolstói y Chéjov, todos ellos aportan su saber hacer para ofrecernos una panorámica de la vida y la literatura rusa en este siglo. De esta manera, ‘Un siglo de cuentos rusos’, se erige no sólo como un compendio de joyas literarias, sino también como un repaso a la historia de la literatura rusa. Un imprescindible en tu biblioteca.



Si entre tus lecturas actuales figura ‘La Reina del Sur’ de Arturo Pérez-Reverte o ‘Ponche de ácido lisérgico’ de Tom Wolfe, debes saber que eres un potencial consumidor de narcóticos, según el Servicio Antidrogas de Rusia.
Hoy se cumplen 200 años del nacimiento de Nikolái Gógol (1809-1852), considerado padre del realismo moderno ruso. Dos países celebran hoy con festejos la figura del escritor y se disputan su legado: Rusia y Ucrania.
Con motivo del 90 aniversario de
La traducción rusa de Harry Potter and the Deathly Hallows ya está en la calle y batiendo récords, como en el resto del mundo, con una tirada de 1.800.000 ejemplares. Sin embargo, las cosas no pintaban tan bien para el retoño literario de J.K. Rowling hace cinco años en la Madre Rusia, cuando el segundo libro de la saga, Harry Potter y la Cámara Secreta, se vió envuelto en un proceso por “brujería”. Del que, paradójicamente, salió absuelto.