Se cuenta por ahí que uno de los programas de televisión menos visto de la historia (o con el menor share registrado, poniéndonos técnicos) fue un programa de la televisión francesa emitido el 14 de agosto de 1978 en el que se realizó una entrevista a una mujer Armenia por su cuarenta cumpleaños. La susodicha contó cómo había conocido a su marido, sus enfermedades y los motivos para seguir adelante, siempre con una sonrisa.
Ni una sola persona vio ese programa, según los sistemas de medición: el 67 % prefirió un drama de la época napoleónica y el 33 % había escogido un concurso.
¿Significa eso que aquel programa de entrevistas emitido en horario de máxima audiencia, que incluso el periódico France Soir había destacado como el mejor programa del canal para aquella noche, era en realidad un fiasco? Evidentemente, no. La audiencia nunca ha sido una buena guía para valorar la calidad de un programa de televisión.
El número de ventas de un libro, tampoco. No digo que no puedan coincidir ambos factores, pero raramente lo hacen. Esto viene a cuento porque el libro del que os voy a hablar, El médico perplejo, del médico y profesor clínico Robert S. Bobrow es un libro que tuvo unas ventas más que aceptables. Pero también son superventas los libros que cuentan misterios sin pruebas sólidas, los libros puramente especulativos, los libros que parecen descubrir una verdad que una mano negra se empecina en ocultar.
Esa clase de libros abundan en los anaqueles de las librerías, ya sea en forma de ficción como de no ficción. Y se venden mucho. Pero ello no significa que sean buenos, ni siquiera que sean rigurosos, ni mucho menos que expliquen cosas que son verdad. Por eso el programa de Iker Jiménez siempre tendrá más éxito que el de Eduardo Punset. Por eso los libros de Javier Sierra se venderán más que los libros de Steven Pinker.

El cuerpo humano es una sinfonía de ruidos. Los borborigmos de las tripas, los regüeldos, el ligero clic como de ala de mosquito al pestañear, el sorber por la nariz la destilación nasal como un cocainómano esnifando oxígeno, el chupar la comida con restallidos de la lengua, la sibilación quejumbrosa que recorre el ramaje de los bronquios, el chasquido de rama mojada de los metacarpianos, el gorgoteo de una flema profunda, el silbato que se origina en el tabique nasal como consecuencia de la cristalización de la mucosidad.
El escritor
Si, tal como lo queríamos ver, José Saramago, el premio Nobel portugués, se encuentra de vuelta en su casa de Lanzarote luego de casi un mes de estar internado en una clínica para ser tratado por una afección en los pulmones de la cual se ha recuperado satisfactoriamente.
En los últimos días ha habido especial preocupación en torno a la salud de dos grandes escritores: José Saramago y Mario Benedetti. Fueron hospitalizados por diversos cuadros, cada uno en su ciudad de residencia, pero afortunadamente ambos muestran mejoría. 