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	<title>Papel en blanco</title>
	<link>http://www.papelenblanco.com</link>
	<description>Blog sobre literatura, el arte de los libros y el apasionante mundo de la lectura.</description>
	<pubDate>Tue, 11 Dec 2007 12:14:48 GMT</pubDate>
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      <title><![CDATA['Sebastián y el cetro de la vida', de Alejandro Santaella]]></title>
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      <pubDate>Tue, 11 Dec 2007 12:06:10 GMT</pubDate>
      <author>Paolo Fava</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" id=image2278 alt=sebastian-cetro-vida.jpg src="http://img.papelenblanco.com/2007/12/sebastian-cetro-vida.jpg" />Cuando era monitor de tiempo libre solíamos proponerles a los niños un juego para animar las noches en la montaña. Sentados en corro alrededor del lumogás, uno empezaba a contar una historia que improvisaba. Pasado un rato se le interrumpía y continuaba el chaval a su lado. Así pasábamos la velada. Las historias eran casi siempre parecidas: un niño caminaba por un bosque, aparecía un mago, había una profecía, le daba una pócima, aparecía un dragón, entraba otro personaje que decía que, ahora estaban en una ciudad&#8230;</p>

	<p>Una sensación parecida es la que se tiene al leer <strong>Sebastián y el cetro de la vida</strong>, de <strong>Alejandro Santaella</strong>. Alejandro fue una de las noticias del verano por conseguir <a href="http://www.papelenblanco.com/2007/07/09-vende-mil-ejemplares-de-una-novela-escrita-con-11-anos">vender en tres días mil ejemplares</a> de esta novela a través de internet. No parece muy espectacular, pero ya querrían muchos noveles tener un debut así, más aún tratándose de una novela escrita con once años. Enseguida surgieron quinielas que señalaban al nuevo superdotado de la ficción española. En realidad esto no es así ni mucho menos.</p>

	<p>Con Alejandro no se juega la carta del niño prodigio, y es de agradecer. Porque no lo es. Es un chico inteligente y perfectamente normal con gusto por las letras que ha tenido la paciencia de escribir un libro con no pocos recursos estilísticos. Algún día saldrá de él un escritor, pero de momento hace lo que le toca: jugar con su fantasía. Por lo tanto no tiene mucho sentido hacer una crítica literaria de este libro: no es novela, es un juego. Y tiene el mérito de invitar a otros niños a jugar con las palabras.<a name="more"></a></p>

	<p>Hay algo que no me cuadra, sin embargo. Y es que de este juego que tantos hemos jugado a la edad de Alejandro resulte un fenómeno editorial. No estamos ante un libro infantil sino ante un libro hecho por un niño, así que la excusa de &#8220;también es para adultos&#8221; es completamente falsa en este caso, a menos de padecer uno un severo trastorno cognitivo. Me pregunto si esos mil ejemplares realmente estaban destinados a sus lectores naturales, niños de hasta once años. ¿O es que al lector de hoy le vale cualquier cosa con tal de que incluya elfos, dragones y poco esfuerzo? </p>


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      <title><![CDATA[Vende mil ejemplares de una novela escrita con 11 años]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2007/07/10-vende-mil-ejemplares-de-una-novela-escrita-con-11-anos</link>
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      <pubDate>Mon, 09 Jul 2007 22:28:43 GMT</pubDate>
      <author>Paolo Fava</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" id=image1300 alt=alejandro_santaella.jpg src="http://img.papelenblanco.com/2007/07/alejandro_santaella.jpg" />La noticia veraniega nos llega desde Marbella, donde ocurren otras cosas aparte de corruptelas y famoseos. Un muchacho de quince años ha conseguido vender en tres días mil ejemplares de una novela escrita a los once años. Mientras sus padres creían que jugaba al ordenador, Alejandro Santaella escribía <strong>Sebastián y el cetro de la vida</strong>, una historia de fantasía sobre un chico con una marca en la mano derecha <em>que le da el poder de los dioses</em>.</p>

	<p>La novela llegó a traves de sus padres a manos de un joyero marbellí, que aceptó editarla. Y de ahí el &#8220;boom editorial&#8221;, mil ejemplares vendidos en tan solo tres días en la feria del libro de San Pedro Alcántara. Quizás estemos ante el <strong>Christopher Paolini </strong>español, a quien gana por la mano en materia de escritores precoces. Eso sí, es de agradecer que no intente jugar la carta del niño prodigio (<em>Me leí 4.000 libros antes de escribir Eragon</em>). Las anécdotas del padre de Alejandro sobre el proceso de creación son absolutamente cándidas:</p>

	<p><blockquote><p>Si estaba en el baño, afeitándome, miraba los nombres de algún producto, como un medicamento, y lo leía del revés. Entonces se lo decía, y si le gustaba, lo poníamos.</p></blockquote></p>

	<p>Ya me estoy imaginando al poderoso Cesatrof retándo en duelo a la misteriosa Tnatsni Anidluoc&#8230;</p>

	<p>Bromas aparte, esta historia parece carnaza de Disney: el muchacho inteligente y retraído, miope y negado para el deporte (ojo que no lo digo yo, <a href="http://www.estrelladigital.es/a1.asp?sec=cul&#38;fech=02/07/2007&#38;name=nino">lo dice su madre</a>) que consigue triunfar gracias al poder de su imaginación. Pero en realidad la historia no es tan inusual. Todos los años aparece alguna novela de fantasía y aventuras de algún escritor jovencísimo; hay algunas editoriales para lo que es incluso una necesidad. Algunos, como <strong>Laura Gallego</strong>, han conseguido el éxito, pero la mayoría pasan desapercibidos.<a name="more"></a></p>

	<p>Hay una simbiosis necesaria entre la fantasía de aventuras y la adolescencia. Es un género pubescente, como en otros tiempos fuera la poesía. Lo digo con conocimiento de causa: yo escribí fantasía de aventuras, como tantos otros de mi edad. Las razones son múltiples: la inquietud literaria por un lado; el deseo de evasión, de grandeza por el otro. El adolescente no ha vivido aún lo suficiente, pero su vida sentimental está en plena ebullición. El mundo real no le basta y se siente capaz de crear uno más vasto, íntimo pero universal al mismo tiempo, que dé la auténtica medida de su anhelo y sus capacidades.</p>

	<p>El adolescente que escribe fantasía de aventuras escribe para sí mismo. Da igual que intente imitar a modelos (me consta que el élfico de Tolkien no provenía de medicamentos invertidos) o se preocupe obsesivamente por el estilo, la poeticidad y los significados implícitos que encontrarán los futuros estudiosos de su obra (todo escritor adolescente deber aspirar como mínimo a ser un clásico del futuro). Es ante todo una terapia, un ejercicio, la sublimación de un mundo interior. Por supuesto que puede darse una buena historia, pero en la mayoría de los casos es el mismo esquema repetido con mucha pasión pero sin la necesaria distancia. En verdad sólo se escribe cuando se ha vivido.</p>

	<p>La escritura adolescente es como el primer amor: hermosa, necesaria, y sobre todo un desengaño. Una vez superada no le hace un favor a nadie, ni al autor ni al mercado. No me refiero a la escritura hecha por adolescentes: ha habido grandes narradores de catorce años y los habrá. Me refiero a la escritura adolescente en sí, ese batiburillo de ego, manías y pulsiones descabaladas que muy bien puede practicar <a href="http://www.papelenblanco.com/2007/04/20-entrevista-a-artur-balder-i-las-etiquetas-no-suelen-acertar-conmigo">un tipo de treintaytantos tacos</a>.</p>

	<p>Vía | <a href="http://www.elpais.com/articulo/revista/agosto/Exitosa/fantasia/Marbella/elpepucul/20070709elpepirdv_5/Tes">ELPAIS.com</a></p>


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