
Vaya por delante que no suelo hablar de libros que no me han gustado. Que un libro guste o no normalmente suele ser una cuestión muy personal y subjetiva, y la verdad es que me siento mucho más cómoda hablándoos de libros que me han encantado. Vaya también por delante que el día que leí La camarera de Markus Orths fue un día horrible y exasperante, y eso, quieras o no, también influye en el calado de los libros. Como bien dice mi compañero Fausto, cada libro tiene su momento, y mucho me temo que aquel día era nefasto para cualquier cosa.
Lo vi recomendado, lo creáis o no, en una revista de moda. Me llamó la atención por su temática y por su estética retro (que a mí lo retro me mola), y aunque tenía un libro a la mitad y otros pendientes, su pequeño tamaño me animó a llevármelo conmigo cuando comía en mi trabajo, y más tarde a la cita con la peluquería. Lo leí en esos dos ratos, de hecho en la peluquería aún me sobró tiempo (ya os digo que fue un día exasperante…). Como os digo, ese día no estaba ya especialmente receptiva, pero el caso es que tras terminarlo me quedó una sensación más bien amarga.
‘La camarera’ nos cuenta la historia de Lynn Zapatek, limpiadora de las habitaciones del hotel Eden, con un pequeño problemilla… Y es que esta criaturita está tan ávida por conocer las vidas ‘normales’ de sus clientes que al menos una vez a la semana pasa la noche bajo la cama de una de las habitaciones. Que está ocupada, por supuesto.









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