La premisa de este ensayo es muy apetitosa: Por qué las cosas simples acaban siendo complejas y cómo las cosas complejas pueden ser simples. El autor organiza todo un libro para responder a esa pregunta. El problema principal es que la mayoría de las páginas del libro no orbitan alrededor de esa cuestión, sino que se limitan a hacer divulgación científica sobre aspectos curiosos de la realidad.
Es decir, el título resulta un poco engañoso y es la justificación de un par de capítulos. El resto es otra cosa. Otra cosa tan buena como la prometida, eso sí, pero no es la prometida. En cualquier caso, la mayor parte de los capítulos de este Simplejidad (palabra que fusiona simplicidad y complejidad), de Jeffrey Kluger, son interesantes y muy amenos. Y, por supuesto, los fragmentos sobre la complejidad macro y micro de las cosas, o la compejidad aparente y real de los fenómenos, es de obligada lectura para descodificar convenientemente lo que nos rodea.
La evidencia se encuentra ante nuestros ojos: la compleja instalación doméstica de cañerías funciona, de hecho, a partir de un mecanismo básico, mientras que el pisapapeles de cristal que tenemos sobre el escritorio resulta sorprendente en su complejidad.
Otras preguntas que el libro responde (aunque no siempre de una forma satisfactoria, sí que lo hace generalmente) son:

