Voy a ser sincero, quizá demasiado: la primera impresión que tuve al sostener entre las manos No te supe perder, del sevillano Salvador Navarro, fue: Oh, no, el típico culebrón de mujer-víctima de la violencia de género que pretende enviar un mensaje políticamente correcto y atonal sobre las relaciones de pareja y el amor.
La portada y la entradilla promocional tuvieron mucho que ver con esta primera impresión. Pero la novela había sido finalista del XIX Premio Internacional de Novela Luis Berenguer, convocada por el Grupo Anaya, y además venía recomendada por un ex compañero de Papel en Blanco. Bien, a veces los premios literarios no se distinguen demasiado de una tómbola cutre de feria, y un ex compañero, por muy leído que sea, también puede tener un filtro estético diametralmente opuesto al mío.
Pero afortunadamente ni las portadas, ni un título que recuerda a tango, ni las entradillas promocionales, ni los premios, ni las recomendaciones de amigos son tan importantes cuando te pones a leer. Y eso hice, ponerme a leer, y aquí también soy sincero: bastaron dos páginas para darme cuenta de que mi primera impresión era equivocada: No te supe perder no tenía nada de convencional. Ni de atonal.
Más aún: estaba ante una voz tan personal y fresca que poco me importaba lo que Navarro me contara: quería seguir leyéndolo. Un lenguaje directo, jalonado de palabrotas y filosofía callejera, que remite a la sordidez de la Beat Generation. Aunque la prosa de Navarro también tiene una extraña eufonía, de modo que hasta la palabra más cruda está donde tiene que estar.


El Centro Cultural de la Generación del 27 ubicada en Málaga ha adquirido la biblioteca del escritor Vicente Aleixandre. Ella se encontraba en posesión de Carlos Bousoño, catedrático y miembro de la Academia de la Lengua. 