Estamos probablemente ante el libro de divulgación sobre biología evolutiva más divertido que se pueda leer. Y eso no quiere decir que, ni por asomo, el libro presente sea poco riguroso: Olivia Judson es licenciada en biología evolutiva por Stanford y doctorada por Oxford.
Aquí, sin embargo, se hace llamar Dra. Tatiana, una especie de consultora sentimental para diferentes especies animales aquejados de estrambóticos (pero reales) problemas sexuales.
Así pues, el libro está estructurado en base a una serie de cartas que la doctora recibe en su consultorio, y sus respuestas, con muchas dosis de humor y complicidad, nos sirven para entender cuán variopinto es el sexo en la naturaleza. Porque el sexo es fascinante, y no se limita a la copulación.
Por ejemplo, para las ranas y la mayoría de peces el sexo consiste en expeler huevos y esperma. Los escorpiones y las salamandras depositan en el suelo paquetes de esperma para que la hembra se siente sobre ellos y exploten en su tracto reproductor, cual trampa sexual. Para un erizo de mar, el sexo es soltar huevos y esperma en el mar con la esperanza de que, de algún modo, acaben encontrándose entre las olas. Para las plantas con flor, el sexo es confiar el polen al viento o a un insecto para que lo transporten hasta una flor femenina receptiva.





¿Por qué escribes? Inquirido por esta pregunta, el escritor desplegará una colección de razones con la rapidez con la que un croupier reparte cartas: para ordenar mi mente, para expresar mi rico mundo interior, para obtener la inmortalidad o, el vacuo y perogrullesco, porque me gusta o me hace sentir bien. Claro, sólo faltaría.
Mucho se habló del verano del amor en los sesenta, pero las barreras de los prejuicios sexuales no cayeron oficialmente hasta la publicación de The joy of sex en 1972. Parodiando las guías de cocina y hobbies (‘The joy of cooking’), el académico Alex Comfort abordaba por primera vez de forma divulgativa y popular la sexualidad en su aspecto lúdico, consiguiendo una difusión nunca vista en una obra del género (hablamos principalmente de EE.UU., por supuesto, en España andábamos aún en la época Cuéntame).