A propósito del revuelo (mayormente internauta) generado por el Proyecto de Ley Sostenible, vale la pena aclarar unos cuantos puntos. Todos ellos, puntos de vista muy subjetivos, muy viscerales y, por tanto, muy criticables (para eso están vuestros comentarios). Pero tal vez mis puntos permitan abrir nuevas vías de debate.
El primero y más importante, el título de este artículo. Malditos derechos. Sí, malditos. Porque se han vuelto malditos en el momento en que, para preservarlos, hay que pisotear otros derechos todavía más fundamentales: como el derecho a la información o el derecho a la privacidad. Son malditos porque son derechos que se esgrimen con mañas orwellianas. Son malditos porque sólo favorecen a una minoría de ciudadanos: los que ganan mucho dinero con un modelo de negocio obsoleto.
Luego está el asunto aparentemente baladí de que te pueden cortar Internet si creen que estás pirateando. A todas luces, es una medida insultante. Una medida que considera Internet como un juego, un capricho, un ocio que se puede suprimir como se veda el paso a una discoteca de Ibiza o se suspende un permiso de conducir por haber cometido una infracción. Es decir, una medida insultante porque denota analfabetismo digital. Cortar Internet, hoy por hoy, es delirante por dos motivos:

La villa cordobesa de Fuente Obejuna adquirió fama mundial gracias una de las obras más importantes escritas por Lope de Vega: Fuente Ovejuna (1612-1614). Un drama que cuenta como todo el pueblo se une contra el Comendador cuando éste, entre otras muchas fechorías, reclama el derecho de pernada sobre la joven Laurencia. El abusador acaba muerto y cuando Fernando el Católico pide explicaciones todo el pueblo calla. De ahí el archifamoso ¡Todos a una! Esta vez contra la SGAE.
Tras la intensa lectura
En Papel en Blanco ya se ha analizado en
En Bogotá se inauguró el lunes pasado el Observatorio Iberoamericano de Derechos de Autor, el cual surge con la misión de estudiar, promover y monitorear el estado del tema en Latinoamérica, España y Portugal. 