Relájate y disfruta (II)

Creo que el quid de todo este lío está la conciencia y la impostura. Dos palabras que realmente definen cualquier decisión o forma de ser ante el mundo. Sin haber calibrado antes la autoconciencia y la impostura de alguien, lo que diga ese alguien, a priori, no me parece más interesante que un ruido de fondo.
Primero la AUTOCONCIENCIA. Ser consciente de que todo lo que decides, haces, consumes es, en puridad, la misma papilla. Ser consciente de que es tan ridículo ser choni como ser gafapasta, heavy, hardcoreta, padre de familia o ejecutivo encorbatado. Ser consciente de que sólo son posturas que se valen del metalenguaje inconsciente para proyectarnos y reafirmar lo que somos. Conscientes de que no somos coherentes, ni honrados, ni listos, ni siquiera, aunque suene paradójico, conscientes. Tal vez lo seamos más o menos que el vecino, pero no lo seremos por lo que hagamos sino por la conciencia objetiva, distante, cenital de lo que hacemos, sea cual sea su naturaleza.
Dejando a un lado los infinitamente discutibles valores artísticos de tal o cual obra literaria o de determinado chute a portería (a ver quién es el listo que se pone a estas alturas de la película a introducir jerarquías… ¿jerarquías en base a qué? ¿A lo fructífera que es la actividad en el ámbito intelectual, psicoemocional, endorfínico…?), dejando a un lado esto, que sería otra larga reflexión, no puedo estar de acuerdo con ninguno de mis dos conocidos.

