<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom">

	<channel>
		<title>Magazine - sibarita</title>
		<link>http://www.papelenblanco.com</link>
		<description>
Blog sobre literatura, críticas de libros, internet y letras.		</description>
		<pubDate>2012-02-13 07:04:56</pubDate>

		<generator>http://www.papelenblanco.com</generator>
                    <item>
      <title><![CDATA[Relájate y disfruta (II)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/metacritica/relajate-y-disfruta-ii</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/metacritica/relajate-y-disfruta-ii</guid>
      <pubDate>Tue, 12 May 2009 17:04:22 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.papelenblanco.com/2009/05/Economy_3.jpg" alt="" /></p>

	<p>Creo que el quid de todo este lío está la conciencia y la impostura. Dos palabras que realmente definen cualquier decisión o forma de ser ante el mundo. Sin haber calibrado antes la <strong>autoconciencia</strong> y la <strong>impostura</strong> de alguien, lo que diga ese alguien, a priori, no me parece más interesante que un ruido de fondo.</p>

	<p>Primero la AUTOCONCIENCIA. Ser consciente de que todo lo que decides, haces, consumes es, en puridad, la misma papilla. Ser consciente de que es tan ridículo ser choni como ser gafapasta, heavy, hardcoreta, padre de familia o ejecutivo encorbatado. Ser consciente de que sólo son posturas que se valen del metalenguaje inconsciente para proyectarnos y reafirmar lo que somos. Conscientes de que no somos coherentes, ni honrados, ni listos, ni siquiera, aunque suene paradójico, conscientes. Tal vez lo seamos más o menos que el vecino, pero no lo seremos por lo que hagamos sino por la conciencia objetiva, distante, cenital de lo que hacemos, sea cual sea su naturaleza. </p>

	<p>Dejando a un lado los infinitamente discutibles valores artísticos de tal o cual obra literaria o de determinado chute a portería (a ver quién es el listo que se pone a estas alturas de la película a introducir jerarquías… ¿jerarquías en base a qué? ¿A lo fructífera que es la actividad en el ámbito intelectual, psicoemocional, endorfínico…?), dejando a un lado esto, que sería otra larga reflexión, no puedo estar de acuerdo con ninguno de mis dos conocidos.</p>

	<p><!--more--> </p>

	<p>Con el primero, el insular, estoy más próximo, por supuesto, porque yo también soy insular en el asunto del fútbol, y en otros. Pero él no atacó desde el ángulo correcto. Lo hizo desde el endeble “lo que yo hago es mejor que lo que tú haces porque así lo dicta la Biblia del gusto; lo que hago yo es mejor que lo que haces tú porque lo que haces conduce irremisiblemente a una miseria moral”. </p>

	<p>El segundo, más continental él, defendió con demasiada grandilocuencia lo suyo. Adujo que mucho “bla, bla”, pero que mira, mira cuánto arte en estas imágenes del balompié patrio. Mira cuánta emoción. Mira cuánta técnica. Pero no dijo: es verdad, lo que rodea el fútbol es infame, por eso me da hasta vergüenza admitir que consumo fútbol, no por el fútbol en sí, sino porque si me descuido se me puede confundir con esa infamia que rodea al fútbol.  </p>

	<p>Ambas posturas reflejan una falta de conciencia (sé que no es real, porque me consta que ambos son muy conscientes de esto, sólo fue una falta de conciencia funcional) acerca de que sus posturas son sólo eso, posturas, igualmente ridículas, igualmente guiadas por los mismos o por parecidos alicientes. </p>

	<p>Y entonces llegamos a lo segundo. La IMPOSTURA. Defender lo bizarro o lo popular desde un punto de vista intelectualmente elevado no es más que impostura, la impostura del “esta tan malo que es bueno”.  O dicho en términos más pertinentes: YO soy tan bueno que soy capaz de escalar cumbres de sibaritismo a la vez que me sumerjo con idéntico sibaritismo en lodazales de oligofrenia y <em>friquismo</em>. </p>

	<p>El <strong>gafapasta</strong>, por otro lado, está invadido por tal grado de impostura que, literalmente, vive con un palo introducido en su recto. Aunque tenga el más mínimo deseo de consumir algo popular, ese deseo debe de ser rápidamente eliminado y reeducado, pues es inadmisible en su egregia persona. (Es más, es posible que ese deseo sea satisfecho lejos de las miradas de los demás, incluso la de uno mismo, como un adicto a alguna parafilia innombrable). </p>

	<p>El gafapasta es idéntico, pues, al hardcoreta que dice divertirse y disfrutar montañas con esa música que es un disón repetitivo y tribal y que suena en las discotecas que frecuenta. Ambos se acomodan y elevan a la categoría de intocable su credo. Aunque a veces, por tiempo de un segundo, puedan pensar: ¿qué diablos hago aquí? Pero los nichos sociales son así, o eliges uno y prosperas, o no prosperas en ninguno y vives en el desierto. </p>

	<p>Si el gafapasta o mis conocidos hubieran alegado todo esto que yo alego aquí y ahora, posiblemente hubieran salido indemnes de esta crítica. (Secretamente, yo escribo esto para salir impune de mis propias inconsciencias e imposturas). (La anterior autocrítica, a su vez, me exime de caer en lo que predico o en una superioridad intelectual intolerable si pretendo relacionarme con los demás en un ambiente cálido). (Y así sucesivamente).</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Relájate y disfruta (I)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/metacritica/relajate-y-disfruta-i</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/metacritica/relajate-y-disfruta-i</guid>
      <pubDate>Tue, 12 May 2009 16:58:33 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.papelenblanco.com/2009/05/pc-estilo-victoriano-5.jpg" alt="" /></p>

	<p>Este artículo no trata sobre la autoayuda. Tampoco es una clase de 10 minutos orientada a disminuir tus niveles de estrés. No van a sonar temas <em>chill out</em> ni vais a ejecutar esa coreografía en microgravedad que es el <em>tai chi</em>.</p>

	<p>Esto va de relajarse de otro modo. Básicamente, <strong>sacándote el palo del culo</strong>, si se me permite la chabacana expresión. Sin ese palo, os lo garantizo, todos estaremos más relajados y, también, lo pasaremos mucho mejor. </p>

	<p>Que de eso trata la literatura, entre otras cosas, de pasarlo bien.</p>

	<p>Esta reflexión viene a cuento de un par de hechos que me ocurrieron durante la semana pasada. Quizás parezca que no tengan mucho que ver con la literatura, pero si tenéis paciencia, la analogía no tardará en aflorar. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>La situación, muy resumida, fue tal que así: a rebufo del machacón bombardeo de partidos de fútbol a los que estamos siendo sometidos, dos conocidos se enredaron en un pequeño intercambio de opiniones. Uno, tal vez más misántropo y nihilista que el otro, afirmó en pocas palabras que el fútbol no sólo era bazofia, sino que empujaba al ser humano a una especie de precipicio de degradación. </p>

	<p>No por el fútbol en sí, sino por lo que envuelve al fútbol, por sus connotaciones: las banderas, los fanatismos, las celebraciones cazalleras, los modales de extrarradio de los jugadores, la mercadotecnia, la barbarie. Etcétera. </p>

	<p>El otro conocido, igualmente crítico, pero sin embargo algo más acostumbrado a disfrutar de los placeres gregarios o incluso de las manifestaciones culturales netamente carpetovetónicas y ultramontanas como puedan ser los filmes de <strong>Pajares y Esteso</strong>, defendió al fútbol aduciendo que él era capaz de emocionarse, de rozar tal vez aquel <strong>síndrome de Stendhal</strong>, con todo clase de cosas: desde un partido de fútbol hasta una obra literaria de gran calado, pasando, por qué no, por un <em>upper cut </em>de Ryu en el videojuego <em>Street Fighter</em>. Hasta la cosa más elemental y plana, si se mira con los ojos adecuados, puede ser reinterpretada como una carga de profundidad, la punta de un iceberg. Es la mirada lo que <em>glamouriza</em> el <em>glamour</em>.</p>

	<p>El otro hecho que finalmente ha motivado este artículo fue una conversación que mantuve acerca de esos personajes llamados ya <strong>gafapastas</strong> que viven en una impostura perpetua de sibaritismo artístico y cultural. Ya sabéis, consumen series anglosajonas de la HBO (con subtítulos da más puntos), asisten a conciertos alternativos que tipos que no les conoce ni la madre del topo, leen todo lo que publica Mondadori, se masturban solamente con <em>Pin-ups</em> y, claro, calzan unas enormes gafas de pasta a lo <strong>Clark Kent</strong>.</p>

	<p>Estos dos hechos se mezclaron en mi cabeza y traté de llegar a alguna conclusión. No era fácil, porque por un lado detesto el fútbol, me dan arcadas los que gritan <em>¡goool!</em> y demás, pero por otro también tengo una concepción de la cultura y del arte muy poco jerárquica, una conciencia de espectador omnívoro que tanto se traga un libro de mecánica cuántica como un filme agropecuario de <strong>Paco Martínez Soria</strong>, bajo ese prisma un tanto turulato que reza: “es tan malo que es bueno”.</p>

	<p>Y sobre los gafapastas, qué decir. Yo, que me he alzado contra esa omnipresente cultura que se ha convertido en mercado, y que está dominada por el mínimo común denominador del paladar colectivo. Yo, que siempre me he conducido por caminos sibaritas, casi esnobs, debería adherirme automáticamente a los gafapastas. Y en cierto modo lo hago. Al menos prefiero arrimarme a un gafapasta antes que una chola/choni poligonera carne de <em>El diario de Patricia </em>o de el último libro-producto de masas. </p>

	<p>Pero no puedo dar curso legal a los gafapastas. Como tampoco puedo quitarle la razón a mi conocido defensor del fútbol como medio de goce estético o simple diversión, sin más.</p>      ]]></description>
      </item>
        	  <atom:link href="http://www.papelenblanco.com/tag/sibarita/rss2.xml" rel="self" type="application/rss+xml" />
	</channel>

</rss>



