
Pues acabo de saldar una de esas cuentas pendientes que duraban ya unos cuantos añitos. Y es que por fin he leído algo de Amos Oz, escritor del que había oído hablar maravillas y del que, por una cosa o por otra, nunca me había hecho con uno de sus libros. Así, el elegido para este estreno ha sido De repente en lo profundo del bosque, un cuentecito que me pareció perfecto para iniciarme con el autor israelí. Y la verdad que no me ha decepcionado en absoluto.
Como os decía, se trata de una especie de fábula, muy cortita y que se lee de un tirón, o en unos pocos ratitos como mucho, pero en cada página de ella se desprende una suavidad narrativa que hace de su lectura algo muy agradable. En ‘De repente en lo profundo del bosque’, Oz nos narra la historia de una extraña maldición, la que hace que en un pequeño pueblo no haya absolutamente ningún animal: ni perros, ni gatos, ni nada, ni tan siquiera las cucarachas. No me digáis que no es interesante su punto de partida, desde luego a mí me lo parece.
Además, Amos Oz consigue que sintamos una gran inquietud y ganas de saber qué ha sucedido realmente en ese pueblo, ya que los niños, curiosos como son, preguntan a sus padres, mientras que éstos se limitan a decirles que no pregunten o les regañan directamente. Y es que los adultos parece que han querido olvidar algo… Sólo aciertan a decirles que no se internen en el bosque de noche, ya que allí habita un demonio, Nehi, que es el culpable de la maldición de los animales.










