<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0">

  <channel>
	<title>Papel en blanco</title>
	<link>http://www.papelenblanco.com</link>
	<description>Blog sobre literatura, el arte de los libros y el apasionante mundo de la lectura.</description>
	<pubDate>Sun, 23 Nov 2008 14:42:06 GMT</pubDate>
	<generator>http://www.papelenblanco.com</generator>

	
    <item>
      <title><![CDATA[‘Las consolaciones de la filosofía’, de Alain de Botton]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2008/11/23-alas-consolaciones-de-la-filosofiaa-de-alain-de-botton</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/2008/11/23-alas-consolaciones-de-la-filosofiaa-de-alain-de-botton</guid>
      <pubDate>Sun, 23 Nov 2008 14:42:06 GMT</pubDate>
      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/11/Consolaciones.jpg" alt="" />Carambolas de la vida, cayeron en mis manos dos libros con similares propósitos: el popularísimo <em>Más Platón y menos Prozac</em>, de Lou Marinoff, y el que es objeto de esta reseña, <strong>Las consolaciones de la filosofía</strong>. </p>

	<p>El primero confieso que fui incapaz de acabarlo: trataba de arreglar el mundo con cuatro recetas demasiado elementales, tenía aspecto de autoayuda cogida por los pelos, era pretencioso, limaba algunas aristas para que todo encajara en su tesis, mostraba una arrogancia y una superioridad frente a los demás saberes un poco estomagantes… casi parecía un publirreportaje para dar trabajo a una nueva clase de profesional: el terapeuta filosófico. </p>

	<p>El segundo, del infalible <strong>Alain de Botton</strong>, sin embargo, es mucho menos ambicioso pero también más juicioso y templado.</p>

	<p>Lo que más me llama la atención de <strong>Las consolaciones de la filosofía</strong>, este modesto manual para enfrentarse a la vida con cierto bagaje intelectual (no lo confundamos con un libro de autoayuda aunque juegue en la misma liga), es su tremenda facilidad para simplificar las ideas filosóficas más abstrusas en narraciones asequibles para profanos. La imagen recuerda a la de un grupo de hormigas rojas actuando con voracidad metódica sobre el cadáver de un animal: al final sólo queda la osamenta, un armazón limpio de impurezas gracias a la infinita pedagogía del autor. </p>

	<p><a name="more"></a></p>

	<p>La primera parte del libro, que trata sobre la independencia de nuestras ideas y nuestras acciones y la natural tendencia de la gente al gregarismo, resulta especialmente conmovedora gracias al relato de Sócrates, que mantuvo sus convicciones hasta el final, conservando la serenidad incluso en el momento de tomarse la cicuta. Hasta su carcelero, tras compartir unas horas de charla con él, acabó lamentando que el mundo deseara eliminar de un plumazo a un hombre tan amable, lúcido y sensible. También era bastante feo, pero se le perdona. </p>

	<p>Luego viene una segunda parte dedicada al dinero, las posesiones y la publicidad, usando el pensamiento estoico de Séneca como hilo conductor, poniendo en evidencia que tenemos unas concepciones peligrosamente optimistas sobre el mundo y sobre los demás.</p>

	<p>Más tarde leeremos sobre la ineptitud, tanto social, como cultural e intelectual, de la mano de Montaigne, que era todo un especialista en narrar las miserias humanas, empezando por él mismo. </p>

	<p>Del amor y sus tribulaciones se encargará Schopenhauer. Y de las dificultades en general, Nietzsche, quien opinaba que la felicidad no era la ausencia de conflicto sino el saberse enfrentar con inteligencia al conflicto, entresacando lecciones que más tarde nos permitirán evitar otros. </p>

	<p>Y es que <strong>Las consolaciones de la filosofía </strong>es un delicioso libro que arrojará un poco de luz a aquellas cuestiones que suelen obstaculizar el buen vivir, todo ello de una forma amenísima, franca, de un autor que no gusta enredar con conceptos ininteligibles y que, por el contrario, tal y como sostenía Montaigne, cree que la claridad expositiva y la diversión no están reñidas con la rigurosidad. </p>

	<p>Ahí va un fragmento de la parte dedicada a Montaigne a propósito de las pedorretas:</p>

	<p><blockquote><p>Montaigne había oído hablar de un hombre que sabía tirarse pedos a voluntad y en cierta ocasión había organizado una pedorrera como acompañamiento métrico de un poema. No obstante, semejante alarde de control no contraviene su observación general en virtud de la cual nuestro cuerpo se lleva la palma sobre nuestra mente y nuestro esfínter es sumamente “indiscreto y escandaloso”. Montaigne conocía incluso un trágico caso de un trasero “tan turbulento y rebelde que tiene a su amo sin aliento tirándose pedos constantemente y sin remisión desde hace cuarenta años, llevándole así a la muerte.</p></blockquote></p>

	<p>Editorial Taurus, 2001 <br />
295 páginas</p>

	<p>Más información | <a href="http://www.taurus.santillana.es/ld.php?id=362">Ficha en Editorial Taurus</a></p>



 ]]></description>
    </item>
	
    <item>
      <title><![CDATA[Vuelven los cafés filosóficos]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2007/02/28-vuelven-los-cafes-filosoficos</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/2007/02/28-vuelven-los-cafes-filosoficos</guid>
      <pubDate>Wed, 28 Feb 2007 15:57:12 GMT</pubDate>
      <author>Mari Carmen</author>
      <description><![CDATA[	<p><img id="image408" src="http://img.papelenblanco.com/2007/02/Tertulia.jpg" alt="Tertulia.jpg" class="derecha"/>Una taza de café, un grupo de personas y muchas ganas de conversar. Son los únicos requisitos para convertirte en participante de la última moda mundial: los cafés filosóficos.</p>

	<p>Si <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%B3crates">Sócrates</a> levantara la cabeza no estaría del todo insatisfecho al comprobar como los llamados filocafés se han extendido de un modo tan éxitoso recuperando la vieja costumbre de hablar de los grandes temas de la vida alrededor de una mesa. </p>

	<p>A pesar de las incesantes críticas sobre la falta de interés o compromiso general con las temáticas que a diario afectan a nuestra vida, la vida intelectual sigue renovándose constantemente. Hacerlo mediante la recuperación de debates públicos al estilo de los antiguos foros de opinión es una noticia excelente.</p>

	<p>El boom de los cafés filosóficos reaparece en París, a principio de los años 90. El padre de <a href="http://www.redeseducacion.net/Art_GabrielArnaiz.htm">la idea</a> fue el filósofo francés Marc Sautet, que la puso en práctica en 1992 en el café parisino El Faro, cerca de la plaza de la Bastilla. <br />
<a name="more"></a><br />
Desde entonces ha llovido mucho y el movimiento ha ido extendiéndose <a href="http://www.philos.org/listeangl.html">por todo el mundo</a>, a pesar de que en España los filocafés se han hecho esperar pues hace apenas 3 años que se llevan a cabo. En la actualidad Francia cuenta con la friolera de más de 300 cafés filosóficos.<br />
En España Madrid, Barcelona y Sevilla son las ciudades con más actividad llegando incluso a especializarse en temáticas y asistentes.</p>

	<p>Librerías como la <a href="http://filosofiapractica.blogia.com/temas/cafes-filosoficos.php">Casa del libro de Sevilla</a>, bibliotecas públicas o bares son los lugares de reunión más típicos. Los libros son fundamentales en estas reuniones pero, sobre todo, se le quiere dar un sentido práctico y dinámico. La filosofía del movimiento es actuar más que divagar.</p>

	<p>Pocas ciudades se resisten ya a esta moda. <a href="http://www.buhorojo.de/cafefilo.html">Perú</a>, <a href="http://www.clarin.com/diario/2003/11/09/h-05015.htm">Buenos aires</a>, Argentina, México,... los filocafés han llegado para quedarse.</p>

	<p>Vía | <a href="http://www.cafefilo.com.ar/index.htm">CafeFilo</a></p>


 ]]></description>
    </item>
	

  </channel>
</rss>
