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		<title>Magazine - steven-pinker</title>
		<link>http://www.papelenblanco.com</link>
		<description>
Blog sobre literatura, críticas de libros, internet y letras.		</description>
		<pubDate>2012-02-13 01:00:40</pubDate>

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      <title><![CDATA[Invéntate tu propia palabra]]></title>
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      <pubDate>Sun, 30 May 2010 12:18:34 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2010/05/palabras.jpg" alt="" />Lo que se ha venido a llamar “acuñación recreativa”, es decir, <strong>inventar palabras por diversión</strong>, puede ser muy entretenido, sobre todo si estas palabras nuevas rellenan lagunas léxicas.</p>

	<p>Muchos abordan el asunto de incorporar nuevas palabras a nuestro vocabulario con un recelo acaso excesivo, propio de quienes arrastran un montón de tópicos por bagaje. En el otro extremo, están <strong>los que niegan la importancia de mantener unas reglas lexicográficas elementales</strong>, que suelen darle patadas al diccionario a la mínima ocasión, más por incultura o desidia que por verdadero convencimiento. </p>

	<p>Es difícil, pues, posicionarse en un punto medio sin enzarzarse en diatribas ideológicas acerbas. </p>

	<p>Es un fenómeno curioso, pero no nuevo. Los defensores de la primera posición, que suelen ser los más doctos aunque también los menos flexibles, tienen como referente el <em>Diccionario de la Real Academia</em> y consideran una enfermedad venérea la invasión de anglicismos que sufre nuestro idioma. Ellos sostienen: <em>si ya existe una forma de decir algo ¿para qué cambiarlo?</em> </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Son sin duda es el tipo más peligroso, pues también es el tipo más respetado y hasta venerado por la elite intelectual. Pero estos señores catedráticos ignoran algo: que <strong>el idioma es un organismo vivo</strong> que se pliega y se debe plegar a las necesidades cotidianas. Originalmente, por ejemplo, tildar a alguien de “<em>as</em>” era un insulto muy grave, pues se le estaba asociando con un “<em>asnejón</em>”, un “<em>burro</em>”; pero hoy en día nadie se siente ofendido si se le cataloga como el “<em>as del balón</em>”.</p>

	<p>Los defensores de la pureza de la lengua ya han aceptado este cambio en el significado de una palabra, <strong>pero siguen siendo remisos a asumir otros</strong>, y ya no digamos a aceptar nuevos vocabularios, sobre todo si éstos provienen del ámbito de la tecnología o constituyen préstamos de otros idiomas. </p>

	<p>A mi modo de ver, pues, los garantes de la pureza del idioma incurren en este error: no hay nada más inútil que un idioma escasamente dinámico incapaz de rellenar lagunas léxicas. Se deben conocer las acepciones de las palabras, por supuesto, y también hay ser estrictos con su uso; <strong>pero nunca hay que perder de vista la realidad social en la están inmersas las palabras</strong>. ¿Por qué tardó tanto tiempo en aceptarse el verbo <em>chatear</em>? ¿Para cuando <em>MMORPG</em> o <em>upload</em>? </p>

	<p>Pero no es el fin de este artículo criticar la estrechura de miras de muchos lingüistas sino animar a los hablantes y escritores a jugar con las palabras, sobre todo con las palabras que todavía no existen. Por ejemplo, <strong>las jitanjáforas</strong>. Las jitanjáforas son palabras que no figuran en ningún diccionario del mundo y que se emplean en poesía simplemente porque suenan bien: podemos inventar la que queramos, persiguiendo exclusivamente la eufonía. </p>

	<p><img class="centro" src="http://img.papelenblanco.com/2010/05/palabras-clave.jpg" alt="" />Luego están <strong>las palabras que en círculos íntimos solemos usar a modo de jerga</strong>; una jerga que sólo nuestros allegados son capaces de entender. Yo uso mucho la palabra “<em>pirulacho</em>” para designar algo que es divertido, trapisondo o interesante. También he acuñado palabras para alguna de mis novelas, como en <a href="http://ocultandoelsol.wordpress.com/jitanjafora-novela/">Jitanjáfora</a>, donde se emplea con normalidad el verbo “<em>temperar</em>”, que viene a significar el cuidar más la calidad de los conocimientos que su cantidad, el abordar cualquier asunto con objetividad, el no tomarse en serio ni siquiera lo que uno mismo propugna. O incluso, aficionado como soy a bucear en diccionarios, empleo términos en desuso, como “<em>escible</em>”: algo que puede o debe ser sabido. </p>

	<p>“<em>Temperar</em>” también es esa clase de palabras que rellenan un vacío léxico. Ser inteligente no es exactamente temperar, ni tampoco lo es ser culto, ni rápido mentalmente, ni abierto de mente, ni nada parecido. “Temperar” es, sencillamente, <strong>una actividad para la cual no existía antes vocablo alguno</strong>. </p>

	<p>En ese sentido, <strong>Douglas Adams</strong> (autor de la desopilante <em>Guía del autoestopista galáctico</em>) publicó el siguiente razonamiento en <em>The Deeper Meaning of Liff</em>: En la vida, hay muchos cientos de experiencias, sentimientos, situaciones y hasta objetos comunes que todos conocemos y sabemos distinguir, pero para los que no existe una palabra. Por otro lado, el mundo está atestado de miles de palabras de repuesto que pasan el tiempo ni hacer nada que no sea holgazanear en señales que indican determinados lugares. </p>

	<p>Bajo esta premisa, Adams propuso definiciones a nombres de lugares a los que nadie necesita ir: </p>

	<p>-<strong>Shoeburyness</strong>: la sensación vaga e incómoda que nos invade al sentarnos en una silla que conserva aún el calor del trasero de quien la había estado ocupando. </p>

	<p>-<strong>Lamlash</strong>: las carpetas que suelen haber sobre la mesa de las habitaciones de los hoteles y que contienen informaciones sobre el mismo. </p>

	<p>Y es que, además de entretenido, <strong>resulta muy útil jugar a la acuñación recreativa de palabras</strong>. Aquí propongo una que he vivido en mis propias carnes: en cualquier reunión, tras haber soltado alguna genialidad, la decisión de guardar silencio el resto de la noche para no empañar esa genialidad con alguna obtusidad o incorrección; o sea, <strong>retirarse en el momento justo</strong>. </p>

	<p>Aquí una relación de palabras nuevas extraídas de la columna <em>Style Invitational</em> del <em>Washington Post</em>, el libro <em>Word Figitives</em>, de <strong>Barbara Wallraff</strong>, y <em>El mundo de las palabras</em>, de <strong>Steven Pinker</strong>: </p>

	<p>-<strong>Elbonics</strong>: las acciones de dos personas que maniobran para ocupar el mismo posabrazos en la butaca del cine. </p>

	<p>-<strong>Furbling</strong>: andar entre una maraña de cintas en el aeropuerto o el banco aunque no haya nadie más haciendo cola. </p>

	<p>-<strong>Phonesia</strong>: marcar un número de teléfono y, en el preciso instante en que descuelgan, olvidarse de a quién se está llamando. </p>

	<p>-<strong>Sarchasm</strong>: el abismo que media entre el escritor sarcástico y la persona que no se entera. </p>

	<p>-<strong>Pandephonium</strong> o <strong>ringchronicity</strong>: confusión momentánea que un grupo de personas experimenta cuando suena un teléfono móvil y nadie está seguro de si es o no el suyo. </p>

	<p>-<strong>Parentriloquism</strong>: decir algo a tu hijo para luego darte cuenta de que le dices lo mismo que tu padre o tu madre te decían a ti. </p>

	<p>¿Se os ocurre alguna más? <strong>Steven Pinker</strong> propone algunos conceptos muy comunes para los que no existe <em>le mot juste</em>: una melodía que se nos va de la cabeza; un hecho que se puede aprender cientos de veces sin que se nos quede en la memoria; o el insomnio de las primeras horas de la mañana debido a que la vejiga está llena, pero uno está demasiado cansado para levantarse, ir al baño y dormirse de nuevo. </p>

	<p>Sigamos inventando (a más palabras, mayor variedad y riqueza en nuestro catastro léxico). Y que se fastidien los puristas.</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Eureka(s) o cómo los libros los escribimos entre todos (III)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/metacritica/eurekas-o-como-los-libros-los-escribimos-entre-todos-iii</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/metacritica/eurekas-o-como-los-libros-los-escribimos-entre-todos-iii</guid>
      <pubDate>Fri, 06 Nov 2009 00:33:24 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.papelenblanco.com/2009/11/shakespeare2.jpg" alt="" />Como se prometía en <a href="http://www.papelenblanco.com/metacritica/eurekas-o-como-los-libros-los-escribimos-entre-todos-ii">la anterior entrega</a> de esta serie de artículos, transcribiremos ahora <em>El mundo de las palabras</em>, del psicólogo cognitivo <strong>Steven Pinker</strong>: </p>

<blockquote>Los historiadores convienen en que existió un hombre llamado William Shakespeare que vivió en Stratford-on-Avon y en Londres a finales del siglo <span class="caps">XVI</span> y principios del siglo <span class="caps">XVII</span>. Pero durante siglos se ha dudado de que ese hombre compusiera las obras que se le atribuyen. Quizá suene esto igual que la teoría de que la <span class="caps">CIA</span> hizo estallar el World Trade Center, pero así lo creyeron seriamente Walt Whitman, Mark Twain, Henry James y muchos estudiosos contemporáneos, y esta idea se basa en toda una serie de hechos condenatorios. Las obras de Shakespeare no se publicaron mientras vivió, y en aquella época la autoría no se registraba tan minuciosamente como ahora. El propio hombre no tenía estudios, nunca viajó, tuvo hijos analfabetos, en su ciudad se le conocía como hombre de negocios, no se le hizo panegírico alguno cuando falleció, y en su testamento no dejó libro ni manuscrito alguno. Incluso los famosos retratos no se pintaron mientras vivió, y no hay razón para pensar que se parecieran al hombre en cuestión. En aquellos tiempos, escribir obras de teatro era un trabajo de dudosa reputación, de manera que es posible que el verdadero autor, que, según diversas teorías, puso ser Francis Bacon, Edgard de Vere, Christopher Marlowe y hasta la reina Isabel, quisiera mantener en secreto su identidad.</blockquote>

	<p><!--more--> </p>

	<p>Lo relevante de esta teoría de la conspiración no es si Shakespeare existió o no realmente. Lo importante es imaginar qué pasaría si se demostrara sin ningún género de dudas que <strong>Shakespeare no fue no autor de <em>Hamlet</em></strong>. ¿Qué implicaciones acarrearía una afirmación como ésta? </p>

	<p>Obviamente, Shakespeare caería en el descrédito. Pero ¿<em>Hamlet</em> perdería algún tipo de virtud? En absoluto. Hamlet nos parecería una obra igualmente interesante. <em>Hamlet</em> se tornaría anónimo, y entonces no adoraríamos a Shakespeare, sino la obra en sí. Con esto se trata de demostrar que la estructura de producción editorial entorno a la obra de Shakespeare no se resentiría. ¿Ocurriría algo diferente si los libros contemporáneos dejasen de estar firmados por una persona, si ya no se produjeran presentaciones oficiales del autor de la obra frente a un público expectante? Visto lo expuesto, es difícil decantarse pero ¿realmente es tan importante <strong>mantener una falacia para preservar un negocio</strong>, en este caso la venta de libros? </p>

	<p>Pero existe otra razón para que los autores sean tan o más importantes que las obras que escriben y que los consideremos seres especiales y poco comunes. Las vacas sagradas también existen debido a que <strong>tenemos un grave problema a la hora de operar con números grandes</strong>. No hay que olvidar que nuestros cerebros se forjaron hace miles de años, en otras circunstancias muy distintas a las actuales, y que nuestro estilo de vida es muy exiguo en comparación. </p>

	<p>Los homínidos de los que descendemos vivían en un mundo del que podían ser expulsados en cuanto bajasen la guardia: el número de individuos era escaso y las condiciones de supervivencia, difíciles. Así que sólo se reproducían los hombres que tuvieran esto muy en cuenta: los hombres y mujeres que gustasen de practicar sexo y reproducirse y los hombres y mujeres que tuvieran mucho miedo de extinguirse, mostrando dolor y preocupación cuando alguien cercano moría o enfermaba. </p>

	<p>Antes, también, los homínidos convivían en comunidades pequeñas, de 40 o 50 individuos, por lo general, y todos los integrantes de estas comunidades tenían funciones importantes para la supervivencia general de la comunidad: si uno de ellos moría, era preocupante; si morían 20, la comunidad probablemente sucumbiría al completo. (Por eso hoy en día nos siguen llamando la atención las cifras de víctimas en accidentes de tráfico aunque, porcentualmente, no supongan un menoscabo importante para la supervivencia de la especie; al menos nos llaman excesivamente la atención por la incidencia mediática en la noticia si lo comparamos con <strong>la cifra de muertes por accidentes en los cuartos de baño</strong>, mucho mayores que las de tráfico). </p>

	<p>Así pues, si el entorno mediático es el apropiado, la vida de diez personas nos puede importar más que la vida de diez mil. Porque diez personas son computables por un cerebro criado en comunidades pequeñas, pero diez mil escapa a nuestra imaginación. </p>

	<p>Vertemos más lágrimas y furia por la historia individual de una asesinada con cobertura informativa importante que por la noticia de las decenas de muertes por hambruna que se suceden durante los segundos en los leemos estas líneas. Del mismo modo, <strong>prestamos más atención al logro de una persona</strong> (o un número asequible) que el logro de una sociedad por haber favorecido un ambiente concreto para que dicha persona plasmara ese logro.</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[‘El mundo de las palabras’ de Steven Pinker]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/ensayo/ael-mundo-de-las-palabrasa-de-steven-pinker</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/ensayo/ael-mundo-de-las-palabrasa-de-steven-pinker</guid>
      <pubDate>Tue, 24 Feb 2009 20:49:07 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2009/02/9788449320538.jpg" alt="" />Estamos ante un erudito libro sobre las palabras. Pero no tanto un estudio filológico o lingüístico de las palabras como una osada exploración científica (neurológica, biológica, psicológica, memética y más) de las palabras, de sus usos, de sus construcciones, de sus implicaciones.</p>

	<p><strong>Steven Pinker</strong>, neurocientífico cognitivo, ya se ha convertido en todo un fenómeno de la divulgación científica desde que publicara <em>Cómo funciona la mente</em>, una especie de manual sobre la razón por la que nos comportamos como lo hacemos en todos los ámbitos de la vida. Nombrado como una de las 100 personas más influyentes por la revista <em>Time</em> en 2004 y entre los 100 intelectuales más destacados por la revista <em>Foreign Policy</em>, los libros de Pinker no dejan indiferente, educan y entretienen. </p>

	<p>Pero el verdadero campo de estudio de Pinker es el de la lingüística, donde ha dado zancadas teóricas de las que muchos recelan. Por ejemplo, que la gramática viene de serie con nuestro ADN. O que el habla de la calle, por ejemplo el de las bandas de negros o latinoamericanos, puede ser tan rica y específica como el lenguaje culto. O que el SMS no va a acabar con el idioma, como creen muchos. </p>

	<p>Todo ello discutible, pero sumamente interesante en las manos de Pinker. Estoy convencido que a más de uno le hará replantearse alguna idea que creía intocable.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p><blockquote><p>El lenguaje es una ventana a la naturaleza humana, y expone características profundas y universales de nuestros pensamientos y nuestros sentimientos que no se pueden equiparar con las propias palabras (…) En la forma que tenemos de utilizar las palabras hay incrustada una teoría del espacio y del tiempo. También hay una teoría de la materia y una teoría de la causalidad. Nuestro lenguaje lleva consigo un modelo de sexo (en realidad, dos modelos) y las ideas de la intimidad, el poder y la imparcialidad.</p></blockquote></p>

	<p>Ésta es una pequeña muestra de hasta dónde llega la capacidad prospectiva de Steven Pinker. El lenguaje como explicación del funcionamiento de la mente. Y también de cómo éste nos hace formarnos ideas preconcebidas sobre las cosas. Un divertido ejemplo que puede leerse aquí es la determinada utilización de los tiempos verbales en las declaraciones que hizo Clinton en el <em>affaire</em> con la becaria Monica Lewinsky.</p>

	<p>Pero sin duda el capítulo más divertido es el dedicado a las palabrotas, en el que Pinker ofrece listados de palabras malsonantes, análisis de las palabras que ya son tabú en EEUU o casos de pacientes que perdieron el habla que, sin embargo, pueden seguir maldiciendo, lo cual indica que las palabrotas quizá sean un tipo diferente de palabras, conectadas de algún modo a nuestro cerebro más primitivo. </p>

	<p>La traducción de <strong>El mundo de las palabras</strong> debió de ser harto difícil, pues gran parte de las palabras y expresiones pertenecen al mundo anglosajón, pero todo está explicado tan bien que ello no dificulta la comprensión de los ejemplos; incluso enseguida se consigue encontrar ejemplos paralelos en nuestro propio idioma.</p>

	<p>Mención aparte merece el capítulo dedicado a la acuñación recreativa de palabras, siguiendo el razonamiento de Douglas Adams en <em>The Deeper Meaning of Lift</em>: </p>

	<p><blockquote><p>En la vida, hay muchos cientos de experiencias, sentimientos, situaciones y hasta objetos comunes que todos conocemos y sabemos distinguir, pero para los que no existe una palabra. Por otro lado, el mundo está atestado de miles de palabras de repuesto que pasan el tiempo ni hacer nada que no sea holgazanear en señales que indican determinados lugares.</p></blockquote></p>

	<p>Bajo esta premisa, Adams propuso definiciones a nombres de lugares a los que nadie necesita ir: </p>

	<p>-Shoeburyness: la sensación vaga e incómoda que nos invade al sentarnos en una silla que conserva aún el calor del trasero de quien la había estado ocupando. </p>

	<p>-Lamlash: las carpetas que suelen haber sobre la mesa de las habitaciones de los hoteles y que contienen informaciones sobre el mismo. </p>

	<p><strong>Steven Pinker</strong> también propone algunos conceptos muy comunes para los que no existe <em>le mot juste</em>: una melodía que se nos va de la cabeza; un hecho que se puede aprender cientos de veces sin que se nos quede en la memoria; o el insomnio de las primeras horas de la mañana debido a que la vejiga está llena, pero uno está demasiado cansado para levantarse, ir al baño y dormirse de nuevo. </p>

	<p>En definitiva, <strong>El mundo de las palabras</strong> es un libro imprescindible para todo aquél que ame el lenguaje, la lectura, la comunicación y, ante todo, que tenga curiosidad sobre el verdadero origen de las palabras, más allá de las etimologías. </p>

	<p>Editorial Paidós<br />
Colección Transiciones<br />
624 páginas</p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.paidos.com/ficha.aspx?cod=70067">Ficha en Editorial Paidós</a><br />
En Papel en Blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/tag/steven+pinker">Todas las noticias de Steven Pinker</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué podemos hacer para que los niños lean?]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/animacion-a-la-lectura/que-podemos-hacer-para-que-los-ninos-lean</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/animacion-a-la-lectura/que-podemos-hacer-para-que-los-ninos-lean</guid>
      <pubDate>Fri, 10 Oct 2008 14:47:49 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/10/Libros7.jpg" alt="" />La respuesta a esta pregunta no resulta fácil porque aún quedan muchos interrogantes previos que responder, como el verdadero impacto de la educación en la psique de un niño, la influencia del ambiente, los genes y los padres, si la letra con sangre entra, etcétera. </p>

	<p>Lo que sí podemos descartar con bastante seguridad es una creencia popular que suele repetirse por inercia en muchos medios de comunicación: que una buena forma de estimular la lectura en edades tempranas consiste en crear un ambiente lector en el hogar, con anaqueles llenos de libros y unos padres leyendo o escribiendo en vez de apoltronados frente a la caja tonta. Pues no.</p>

	<p>Actualmente no tenemos pruebas sólidas de que un ambiente lector induzca a los niños a convertirse en lectores. Aunque este fenómeno se produzca, estadísticamente, con frecuencia, no es el ambiente la verdadera causa: si esos padres borraran de un plumazo los libros de casa y sus hábitos lectores, sus hijos se transformaría en lectores o no igualmente.</p>

	<p>Vamos a explicar la razón.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>A finales de 1990, el Departamento de Educación de Estados Unidos efectuó uno de los estudios a mayor escala, el ECLS (<strong>Estudio Longitudinal de la Primera Infancia</strong>), que pretendía calcular el progreso académico de más de veinte mil niños desde la guardería hasta el quinto curso. El estudio reunía toda clase de información de un amplio espectro de niños: estructura familiar, raza, posición socioeconómica, nivel de educación de los padres y otros. </p>

	<p>Las estadísticas extraídas del ECLS muestran la siguiente correlación: un niño con gran cantidad de libros en casa tiende a tener mejores calificaciones que uno sin ellos. Pero las correlaciones no son conclusiones, porque pueden existir variables que no se han tenido en cuenta. Para que la correlación tenga mayor peso debe manifestarse entre niños lo más parecidos entre sí en todos los rasgos, salvo en el de acumular libros en casa y que sus padres tengan hábitos lectores. </p>

	<p>Las estadísticas entonces nos dicen otra cosa bien distinta: tener libros cerca o visitar museos o bibliotecas no es una causa de la inteligencia y de los hábitos lectores del niño sino un indicador. </p>

	<p>Esto significa, por ejemplo, que si introducimos a un niño cualquiera (un niño adoptado, por ejemplo) en un hogar donde florezca la lectura y los libros, no hay ninguna razón para pensar que ese niño se volverá adicto a la lectura salvo si naturalmente tiene tendencia a ello.</p>

	<p>La mayoría de padres que poseen muchos libros en casa y que se preocupan de que sus hijos se aficionen a la lectura tienden a ser individuos inteligentes, inquietos y aficionados a la lectura. Esos rasgos son en cierta medida hereditarios. De modo que sus hijos nacerán predispuestos para ello y el que los padres hagan el esfuerzo extra de inculcar lo que ya potencialmente está inculcado en ellos no será más que reiterativo. </p>

	<p>Así que si de repente introducimos libros en un hogar sin libros y obligamos a los padres a que fomenten la lectura en sus hijos, lo más probable (salvo que en los hijos haya alguna inclinación natural a ello) es que el efecto sea estéril.</p>

	<p>Como infructuosas son muchas iniciativas para promover la lectura en los niños. Rod Blagojevich, gobernador de Illinois, anunció un plan en 2004 para enviar por correo un libro al mes a cada niño de Illinois desde que naciese hasta que entrase en el jardín de infancia. Por fortuna, el plan fue rechazado por la asamblea legislativa de Illinois.</p>

	<p>Bajo el mismo espíritu, se venden cintas de Mozart para bebés (o para fetos), se anima a asistir a museos y exposiciones, se repite la idea del impacto socializador de las guarderías o se cree que una familia disfuncional origina hijos disfuncionales. El famoso estudio <strong>Colorado Adoption Project</strong>, que estudió las vidas de 245 bebés en adopción, no encontró apenas ninguna correlación entre los rasgos de la personalidad de los niños y los de sus padres adoptivos, como si los niños vivieran inmunes a la influencia paterna y ya estuvieran predestinados a desempeñar un papel que acaso modificaran en base a sus amigos y compañeros de clase. (Para un análisis más profundo sobre este tema, recomiendo <em>La tabla rasa</em>, del psicólogo cognitivo Steven Pinker, y <em>El mito de la educación</em>, de Judith Rich Harris).  </p>

	<p>Estos mitos culturales que sobrevaloran la contribución de los padres en la personalidad de sus hijos nos deberían dar qué pensar sobre las estrategias que seguimos para fomentar la lectura y los verdaderos efectos que ellas causan en las nuevas generaciones. Quizá, en primer lugar, deberíamos reconsiderar la idea generalizada de que un libro es una suerte de piedra mágica capaz de hipnotizar y mejorar a toda clase de personas en edades tempranas.</p>

	<p>No olvidemos tampoco el siguiente dato: las nuevas generaciones están leyendo más que nunca antes en la historia. Esta afirmación parece insostenible porque sólo solemos fijarnos en la venta de libros y nos olvidamos de la presencia de Internet, los blogs, los subtítulos de las series americanas que se descargan antes de que lleguen a dobladas y, qué diablos, hasta los SMS (y un lenguaje audiovisual cada vez más alambicado).</p>

	<p>Otra cuestión muy distinta sería cuál es la calidad de esa lectura, pero basta mirar la lista de libros más vendidos de cualquier centro comercial para advertir que los niveles de exigencia lectora son bastante parecidos entre niños y adultos. ¿Y no son los niños y adolescentes parte de esta sociedad que nos ha tocado vivir?</p>

	<p>Más información | <a href="http://www.paidos.com/lib.asp?COD=70049">La tabla rasa </a>y <a href="http://www.ciao.es/El_Mito_de_la_Eduacion_Judith_Rich_Harris__616660">El mito de la educación </a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[El mundo de las palabras, de Steven Pinker]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/divulgacion/el-mundo-de-las-palabras-de-steven-pinker</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/divulgacion/el-mundo-de-las-palabras-de-steven-pinker</guid>
      <pubDate>Sat, 03 Nov 2007 16:06:50 +0000</pubDate>

      <author>Hervé Joncour</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image2010" src="http://img.papelenblanco.com/2007/11/el-mundo-de-las-palabras-steven-pinker.jpg" class="derecha" alt="El mundo de las palabras, de Steven Pinker" />Si hace unos meses nos alegraba la <a href="http://www.papelenblanco.com/2007/05/09-destino-reedita-como-funciona-la-mente-de-steven-pinker">reedición de Cómo funciona la mente</a>, no os sorprenderá que nos hagamos eco de un lanzamiento muy esperando, el del nuevo libro de uno de los pensadores más influyentes de finales del siglo pasado y principios de este, <strong>Steven Pinker</strong>.</p>

	<p><strong>El mundo de las palabras. Una introducción a la naturaleza humana</strong> es el sugerente título escogido por <strong>Paidós</strong> para la edición española del libro (cuyo título original inglés es The stuff of thought). Se trata de un tomo en tapa dura de más de 600 páginas sin apenas presentación: una página y media es el escueto prefacio que rápidamente da paso al tema, que es el que interesa.</p>

	<p>¿Qué nos ofrece Pinker en esta nueva entrega?<br />
<!--more--><br />
Bueno, seguro que hay quien argumenta que nada de lo que no nos haya ofrecido ya en otra de sus obras, y quizá tenga parte de razón aunque no toda. <strong>El mundo de las palabras</strong> viene a completar dos trilogías, con la dificultad que ello conlleva: por un lado, junto a El instinto del lenguaje (Alianza, 2001) y Words and rules (sin traducción al castellano) el autor se sumerge en la parte general del lenguaje acabando en esta obra que hoy nos oscupa con el <strong>significado</strong> del mismo; por otra parte, junto a Cómo funciona la mente (Destino, 2007) y <strong>La tabla rasa</strong> (Paidós, 2003, que acaba de ser reeditada en la colección Transiciones), Pinker intenta convencernos de cómo la forma de expresarnos, nuestras bromas, nuestras confesiones, guiños y demás, puede explicarnos cómo funciona la mente.</p>

	<p><strong>Steven Pinker</strong> es profesor del departamento de Psicología de la Universidad de Harvard, y como ya dije al inicio es una de las mentes más influyentes en el campo de la divulgación científica de los últimos años, y no hace más que corroborarlo con esta última entrega tan apasionante como entretenida.</p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.paidos.com/lib.asp?COD=70067">Editorial Paidós</a><br />
En Papel en Blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/tag/divulgacion+cientifica">Libros sobre divulgación científica</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Destino reedita 'Cómo funciona la mente', de Steven Pinker]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/divulgacion/destino-reedita-como-funciona-la-mente-de-steven-pinker</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/divulgacion/destino-reedita-como-funciona-la-mente-de-steven-pinker</guid>
      <pubDate>Wed, 09 May 2007 14:16:27 +0000</pubDate>

      <author>Hervé Joncour</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image866" src="http://img.papelenblanco.com/2007/05/como-funciona-la-mente.jpg" alt="Cómo funciona la mente, de Steven Pinker" class="izquierda" />De vez en cuando da gusto toparse con libros que se exigen tanto a sí mismos que no dudan en ponerle un título como el que nos ocupa: <strong>Cómo funciona la mente</strong>. Hablar de <strong>Steven Pinker</strong> es, inevitablemente, hablar de <strong>La tabla rasa</strong>, quizá su obra más famosa, aunque la que hoy nos ocupa la escribió unos años antes, concretamente en 1997, pero no vería la luz en castellano hasta 2001.</p>

	<p>Editorial Destino ha tenido la gran idea de reeditar este libro fundamental de Pinker, que tiene un prólogo realmente esperanzador. Se dice a sí mismo (y le dice al lector) que todas las ideas que vuelca en el libro podrían estar equivocadas, aunque, también según el autor, eso sería un gran progreso. A lo largo de casi 900 páginas nos intentará explicar porqué un rostro parece más atractivo con maquillaje o porqué nos enamoramos como locos.</p>

	<p>Nuestro querido <strong>Eduardo Punset</strong>, quizá el mejor divulgador con que contamos hoy día en España, apuesta sin ninguna duda por Pinker:</p>

	<p><blockquote><p>Pinker combina el rigor académico y la capacidad de comunicar ideas complejas a grandes audiencias. A mi juicio es un gran candidato al premio Nobel</p></blockquote></p>

	<p>Ahí queda.</p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.edestino.es/">Ediciones Destino</a></p>      ]]></description>
      </item>
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