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Susan Blackmore

¿Cómo nos influye lo que leemos?

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Hay que cuidar con quien te codeas. Parte de lo que eres responde a lo que es la gente que está a tu alrededor. En un grupo cualquiera de individuos compuesto por miembros distintos, la suma del coeficiente de inteligencia del grupo como tal será más bajo que la media matemática de sus componentes: la inteligencia baja y primitiva parece ejercer una succión subliminal que anula la inteligencia más elaborada.

Por ejemplo, si dos grupos heterogéneos de personas son sometidos a sendas baterías de tests idénticos, los resultados de ambos grupos pueden diferir mucho según las experiencias previas de sus componentes. El grupo de personas que se relacionó durante un rato con jugadores de un deporte de masas obtuvieron resultados menores que el grupo de personas que se relacionó durante un rato con un profesor de Oxford.

Lo que nos rodea puede sacar lo mejor de nosotros. También lo peor. Sobre todo si los que nos rodean son personas o soportes de alta densidad ideológica, como son los libros. Según los libros que leamos, seremos así o asá, al menos en cierta medida: porque también escogemos uno u otro libro en base a cómo somos.

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¿Los escritores sólo escriben a cambio de sexo? (II)

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Desde la psicología evolutiva se nos dice que las hembras seleccionan a los varones para la cópula en base a su éxito social. Pero hay muchas formas de medir el éxito social: el dinero, los bienes materiales o, como decía el biólogo Geoffrey Miller, la creatividad y la habilidad artística. Este último constituye el menos conocido de los éxitos sociales aunque probablemente sea el más poderoso de todos. La gaviota adulta hembra tiene una mancha anaranjada en su pico, que los polluelos se dedican a picar instintivamente para estimular a la madre a regurgitar y así alimentarles. Niko Tinbergen demostró que los polluelos picaban con más ansia un modelo exagerado de gaviota de la mancha anaranjada. Es lo que se denominan “estímulos supernormales”. Pascal Boyer señala que los seres humanos explotan sus propios estímulos supernormales: las manifestaciones artísticas. La música, por ejemplo, es una experiencia auditiva intensificada y purificada que sobreestimula la corteza cerebral. Los colores saturados de las pinturas hacen lo propio. Dice Boyer que posiblemente la razón por la que los animales no poseen alguna especie de arte sea que carecen de lenguaje:

las otras especies carecen de las herramientas para crear combinaciones sucedáneas de estímulos y, por lo tanto, carecen de una perspectiva que les permita la exploración de las combinaciones de sus propios sentidos.

Eso no quita que existan gaviotas con el pico anaranjado, o pájaros que engalanan sus nidos como si fueran pseudoartistas para atraer a las mejores hembras, o colas de pavo real abiertas en forma de abanico. Todo ello apareció a raíz del nacimiento de la reproducción sexuada. Habla Ulrich Renz en La ciencia de la belleza:

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