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		<title>Magazine - susan-blackmore</title>
		<link>http://www.papelenblanco.com</link>
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Blog sobre literatura, críticas de libros, internet y letras.		</description>
		<pubDate>2012-02-12 23:18:02</pubDate>

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      <title><![CDATA[¿Cómo nos influye lo que leemos?]]></title>
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      <pubDate>Sat, 20 Dec 2008 14:58:00 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/12/libo.jpg" alt="" />Hay que cuidar con quien te codeas. Parte de lo que eres responde a lo que es la gente que está a tu alrededor. En un grupo cualquiera de individuos compuesto por miembros distintos, la suma del coeficiente de inteligencia del grupo como tal será más bajo que la media matemática de sus componentes: la inteligencia baja y primitiva parece ejercer una succión subliminal que anula la inteligencia más elaborada.</p>

	<p>Por ejemplo, si dos grupos heterogéneos de personas son sometidos a sendas baterías de tests idénticos, los resultados de ambos grupos pueden diferir mucho según las experiencias previas de sus componentes. El grupo de personas que se relacionó durante un rato con jugadores de un deporte de masas obtuvieron resultados menores que el grupo de personas que se relacionó durante un rato con un profesor de Oxford.</p>

	<p>Lo que nos rodea puede sacar lo mejor de nosotros. También lo peor. Sobre todo si los que nos rodean son personas o soportes de alta densidad ideológica, como son los libros. Según los libros que leamos, seremos así o asá, al menos en cierta medida: porque también escogemos uno u otro libro en base a cómo somos. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Richard Dawkins, en su prólogo para <strong>La máquina de los memes</strong>, de <strong>Susan Blackmore</strong>, a propósito de la existencia de los <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Meme" target="_blank">memes</a>, comenta:</p>

	<p><blockquote><p>Era todavía estudiante en la universidad de Balliol cuando un día, charlando en la cola de la cantina con un compañero, me di cuenta de que a medida que iba hablando, su mirada de asombro crecía. &#8220;Acabas de ver a Peter Brunet, ¿verdad?&#8221;. Me sorprendió que lo supiera. Peter era nuestro queridísimo director de seminario y yo acababa de salir de una de sus tutorías con muchos ánimos. &#8220;¡Lo sabía!, agregó mi colega sonriendo, &#8220;hablas exactamente como él, hasta en el tono de voz se te nota&#8221;. Aunque sólo fuera esporádicamente, había &#8220;heredado&#8221; su cantinela y su modo de hablar que tanto admiraba y que tanto echo de menos en la actualidad.</p></blockquote></p>

	<p>La clave reside en ese <em>esporádicamente</em>. Si nos relacionáramos sólo una hora a la semana con alguien realmente interesante pero el resto de la semana la dedicáramos a rodearnos de personajes grises, monótonos, vacuos e inanes, ¿cuánto nos duraría el efecto de sentirnos excepcionales? Seguramente, muy poco. Seguramente acabaríamos por pensar que esa persona interesante que vemos una hora a la semana no es tan interesante como creíamos. Que incluso resulta pagado de sí mismo. Que no sabe disfrutar de la vida. Que nunca encajaría entre la gente normal, como nosotros conseguimos durante toda la semana.</p>

	<p>Somos más volubles de lo que pensamos. Creemos que nunca cambiamos o que cambiamos muy poco a lo largo de los años. Pero en cuestión de meses podemos dejar de resaltar sin darnos cuenta. Porque estamos a gusto entre otros que no brillan. Porque es muy fácil dejarse contaminar subliminalmente por lo que nos rodea, sonreír, aceptar. Porque somos cómodos por naturaleza.</p>

	<p>No nos damos cuenta. Pero somos más ellos que nosotros mismos.</p>

	<p>Leer libros de personas que brillan muy lejos de nosotros, a los que nunca podremos acercarnos lo suficiente como para contaminarnos de su brillo, que sintetizan lo mejor de su esplendor en unas líneas de texto bien estructuradas y expuestas con claridad, es una forma de estar rodeado de estrellas. Es una manera de meterse de lleno en un cúmulo globular. Ésta sería uno de los mejores argumentos para leer libros: inviertes tu tiempo en personas que se salen de la norma (al menos a la hora de exponer sus ideas en un libro). Los libros también pueden ser buenos compañeros cuando no existen tales a tu alrededor: todo buen lector conoce la sensación. (Tú eliges, también es cierto, tus lecturas, y si no te rodeas de otros individuos excepcionales que te lleven a escoger las más luminosas, entonces leer se convierte una opción tan superflua como mirar cualquier otra cosa mundana, habitual o clónica).</p>

	<p>En estos tiempos de corrección política y de rechazar todo lo que atufe a eugenesia, de respetar todo lo que diga el contrario aunque ese respeto sea sinónimo de aceptación y mansedumbre, de disimular tus dotes y tu nervio por una educación que en el fondo es miedo al diferente y al disidente, de convivir con todos los seres antropomórficos por igual porque no hacerlo así te convierte en xenófobo, racista, intransigente, pedante, esnob, asesino o algo peor&#8230; en estos tiempos, digo, está mal visto ser pragmático con tu tiempo. Está mal visto invertir tu tiempo con las personas con el mismo pragmatismo con el que inviertes tu tiempo en cualquier otra actividad. Porque no puedes tratar a una persona igual que cualquier otra cosa. Todos somos personas, dicen.</p>

	<p>Dejaremos esa discusión para otro momento porque, afortunadamente, los libros son considerados cosas y no personas, aunque puedan ofrecernos tanto o más que las personas (de hecho, muchas personas parecen libros en blanco). Así que tened cuidado con lo que leéis, escoged con el cuidado con el que un médico escoge vuestra dieta vitamínica, buscad aquellos volúmenes que fortalezcan vuestras debilidades y someta a análisis vuestras virtudes. En definitiva, cuidad lo que leéis como os cuidáis a vosotros mismos, porque la atmósfera de memes en la que habitéis os convertirá en una u otra clase de persona. Leed con cuidado, como si en la tapa de los libros hubiera la típica pegatina de &#8220;material radioactivo&#8221;. Vuestra vida depende de ello.</p>

	<p>Más información | <a href="http://www.paidos.com/lib.asp?cod=70025">La máquina de los memes</a>, de Susan Blackmore</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[¿Los escritores sólo escriben a cambio de sexo? (II)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/metacritica/los-escritores-solo-escriben-a-cambio-de-sexo-ii</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/metacritica/los-escritores-solo-escriben-a-cambio-de-sexo-ii</guid>
      <pubDate>Mon, 03 Nov 2008 22:57:39 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/11/renz_ciencia-belleza.jpg" alt="" />Desde la psicología evolutiva se nos dice que las hembras seleccionan a los varones para la cópula en base a su éxito social. Pero hay muchas formas de medir el éxito social: el dinero, los bienes materiales o, como decía el biólogo <strong>Geoffrey Miller</strong>, la creatividad y la habilidad artística. Este último constituye el menos conocido de los éxitos sociales aunque probablemente sea el más poderoso de todos. La gaviota adulta hembra tiene una mancha anaranjada en su pico, que los polluelos se dedican a picar instintivamente para estimular a la madre a regurgitar y así alimentarles. <strong>Niko Tinbergen </strong>demostró que los polluelos picaban con más ansia un modelo exagerado de gaviota de la mancha anaranjada. Es lo que se denominan “estímulos supernormales”. <strong>Pascal Boyer</strong> señala que los seres humanos explotan sus propios estímulos supernormales: las manifestaciones artísticas. La música, por ejemplo, es una experiencia auditiva intensificada y purificada que sobreestimula la corteza cerebral. Los colores saturados de las pinturas hacen lo propio. Dice Boyer que posiblemente la razón por la que los animales no poseen alguna especie de arte sea que carecen de lenguaje: </p>

	<p><blockquote><p>las otras especies carecen de las herramientas para crear combinaciones sucedáneas de estímulos y, por lo tanto, carecen de una perspectiva que les permita la exploración de las combinaciones de sus propios sentidos.</p></blockquote> </p>

	<p>Eso no quita que existan gaviotas con el pico anaranjado, o pájaros que engalanan sus nidos como si fueran pseudoartistas para atraer a las mejores hembras, o colas de pavo real abiertas en forma de abanico. Todo ello apareció a raíz del nacimiento de la reproducción sexuada. Habla <strong>Ulrich Renz </strong>en <em>La ciencia de la belleza</em>:</p>

	<p><!--more--></p>

	<p><blockquote><p>A partir de entonces, el marketing se convirtió en una necesidad para sobrevivir. Se comenzó a invertir cada vez más en toda una serie de espectáculos de luz, sonido y aroma con el objeto de poder atraer, seducir y fascinar a una posible pareja. (…) La fresa también ejerce en cierto modo de objeto sexual y se presenta al transeúnte con su color rojo, provocativo y apetitoso, con el objeto de poner en circulación sus semillas.</p></blockquote> </p>

	<p>Con el arte, escribiendo, también se demuestra el éxito a nivel memético. Es decir, el éxito de las habilidades innatas de un individuo a la hora de imitar las habilidades de los demás o generar nuevas habilidades que sean imitadas por la mayoría. </p>

	<p>Esto es más importante de lo que parece. Cuando alguien quiere aprender a montar en bicicleta, por ejemplo, necesitará recibir una serie de enseñanzas pero, sobre todo, imitará a otros que saben montar en bicicleta basándose en la simple observación. Al contemplar cómo alguien monta en bicicleta es fundamental saber captar lo primordial y descartar lo accesorio. Por ejemplo, es primordial mantener el equilibrio pero es accesorio vestir de la misma forma que el ciclista o montar el mismo modelo específico de bicicleta. Estas distinciones resultan realmente dificultosas para un animal de mente simple o para una inteligencia artificial, que acostumbra a asignar el mismo valor a todos los detalles. Pero miles de años de selección natural han facilitado que los seres humanos desarrollemos una fabulosa habilidad para imitar sólo lo esencial de una acción, incluso siendo capaces de aplicar pequeñas variaciones para alcanzar el mismo fin, de tal modo que nuestra imitación parezca de creación propia. Como si pudiéramos resumir cualquier acción en una receta de cocina: es orientativa y flexible pero el resultado es fundamentalmente el mismo. </p>

	<p><strong>Susan Blackmore</strong>, en <em>La máquina de los memes</em>, lo resume así: </p>

	<p><blockquote><p>La coevolución meme-gen supone que los humanos preferirán aparearse con aquellos que mejor transmitan sus mentes. (…) Los poemas y las canciones de amor constituyen la evidencia histórica de lo antedicho como también lo evidencia, por ejemplo, la conducta sexual de los políticos, de los escritores y de las estrellas de la televisión (Miller, 1993). (…) Veamos algunos ejemplos. En las primeras sociedades cazadoras-recolectoras, el hombre especialmente hábil para imitar habría sido capaz de copiar las habilidades cinegéticas más punteras o las últimas novedades en tecnología para fabricar instrumentos de piedra y, por ende, habría adquirido una ventaja biológica. (…) Ello sugiere que la pareja más deseable sería aquella cuyo estilo de vida le permitiese transmitir un mayor número de memes, como por ejemplo, un escritor, un artista, un periodista, un presentador, un actor de cine y un músico. Sin lugar a dudas, algunas de estas profesiones representan una buena oportunidad para tener adeptos admiradores y para mantener relaciones sexuales con quien deseen. Jimi Hendrix, al parecer, tuvo muchos hijos en cuatro países distintos antes de morir a la edad de veintisiete años. Se dice que H.G. Wells, aunque feo y con una voz horrible, era especialista en el arte de seducir varias damas cada noche. Charlie Chaplin era bajito y no precisamente agraciado y, no obstante, su historial como seductor es notorio como lo fue, al parecer, el de Balzac, Rubens, Picasso y Leonardo da Vinci.</p></blockquote> </p>

	<p>Así pues, el fin último de mostrar nuestro arte es llamar la atención del sexo contrario. </p>

	<p>Si un escritor responde con historietas personales, causa el mismo efecto si el preguntado es el onanista que disfruta masturbándose: la razón freática de su deseo de masturbarse nace de su necesidad de dejar encinta a una mujer, aunque evite hacerlo. El objetivo inconsciente del escritor es el mismo aunque jamás lo lleve materialmente a cabo. </p>

	<p>Por supuesto, existen mutantes (menos de los que creemos), raros, excéntricos que hacen algunas cosas que naturalmente no están inscritas en su código genético (y cultural, que suele solaparse al genético): un asesino en serie, por ejemplo. No es el caso de alguien que se someta a una dieta hipocalórica, pues, aunque contra natura, la lleva a cabo en eterna lucha con un deseo instintivo de ingerir calorías; al contrario del psicópata intratable, que simplemente se deja llevar por sus disposiciones naturales.</p>

	<p>Pero generalmente, salvo excepciones, el arte persigue la cópula. La literatura es sexo, reproducción, seducción, instinto de supervivencia, marketing de lupanar, eyaculaciones de tinta. </p>

	<p>Que todo esto sea así no debería, no obstante, desalentar a nadie, ni a escritores ni a lectores. También sabemos hace tiempo cómo funciona el proceso de la digestión, las razones que nos impulsan a comer, incluso los motivos que nos llevan a decantarnos por una clase u otra de alimentos, y aún así continuamos deleitándonos con la cocina, elaborando recetas o acudiendo a restaurantes. Disfrutamos del sabor casi místico de un buen plato sin cuestionar que nuestras papilas gustativas sólo encuentran agradable lo que resulta rentable a nivel metabólico. </p>

	<p>Se escribe para resultar interesante a parejas sexuales potenciales, se come para asimilar grasas. La vida sigue. El problema aparece si nos empecinamos en negar la evidencia porque no somos lo suficientemente maduros para encajarla, tratando de perpetuar una creencia a todas luces obsoleta sólo por miedo a que nada sea como antes. </p>

	<p>La solución pasa por aceptar la verdad y seguir jugando y divirtiéndonos: porque también la razón última de la masturbación es la reproducción y, todo y así, no nos reproducimos con ello y seguimos disfrutando de ese placer, engañando a nuestros instintos con fantasías sexuales pasajeras: le hacemos creer a nuestro cuerpo que está con una modelo de pasarela cuando en realidad estamos solos. Escribir, a ese nivel, se parece mucho a la masturbación (¿es una paja mental?). No hay ningún oprobio si practicas algo para ganar puntos sexuales si practicando ese algo también generas muchos beneficios a la comunidad, como que te lean y disfruten, como transmitir ideas nuevas, como hacer pensar a los demás, etcétera. </p>

	<p>Así que basta de trampantojos, basta de ardides para mantener el chiringuito, basta de volver oscuro e ininteligible lo que no lo es en absoluto por el simple hecho de otorgarle profundidad. Basta de creer en Papa Noel para ser buenos. Porque sólo hace falta el soplido de alguien para que todo el castillo de naipes se venga abajo y se demuestre que Papá Noel es un invento de los grandes almacenes. De modo que ya es hora de empezar a construir un discurso formado de ladrillos en torno a la literatura y el arte en general. </p>

	<p>Ya no escribiremos porque nos creamos llamados a desempeñar una actividad sobrenatural y trascendente, lo haremos con mayor humildad, a sabiendas de que lo que escribamos puede resultar maravilloso para unos o un auténtico despropósito para otros. Aprovechémonos del impulso inicial (e irracional) de querer echar un polvo para escribir buenas novelas, pero dejemos, por favor, de seguir justificando nuestro trabajo con ideas grandilocuentes.</p>

	<p>Más información | <a href="http://www.paidos.com/lib.asp?cod=70025">&#8216;La máquina de los memes&#8217; de Susan Blackmore </a> / <a href="http://www.edestino.es/fichalibro.aspx?IdPack=2&#38;IdPildora=345">&#8216;La ciencia de la belleza&#8217; de Ulrich Renz</a> / <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/El_gen_ego%C3%ADsta">&#8216;El gen egoísta&#8217; de Richard Dawkins</a> / <a href="http://www.edestino.es/FichaLibro.aspx?IdPack=2&#38;IdPildora=366">&#8216;Cómo funciona la mente&#8217; de Steven Pinker</a></p>      ]]></description>
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