Uno de nuestros lectores, nuriacd, cuando reseñé el libro Teleshakespeare, me sugirió la lectura de 4 buenas razones para eliminar la televisión de Jerry Mander. Libro que en su día ya consulté. Pero aquí debemos aplicar, como en todo, lo que dijo Clovis Andersen: “Uno no sabe nada hasta que no sabe por qué lo sabe.”
El libro afirma que la TV nos vuelve tontos, elimina el espíritu crítico, favorece el gregarismo, etc. Son sentencias muy serias, pero ¿dónde está la evidencia experimental de que eso es así? ¿Dónde están los ensayos controlados? ¿Qué imágenes de resonancia magnética u otras del cerebro de los televidentes parangonados con el cerebro de los no televidentes nos ofrece el autor? ¿Cómo sabe que ahora somos más zombis que antes precisamente por la televisión? ¿Qué clase de destrezas intelectuales concretas está midiendo el autor?
Por ejemplo, existe estudios para determinar los cambios que ocurren en nuestro cerebro cuando leemos un libro, como el siguiente, publicado en la revista Science (una de las más prestigiosas del mundo) y llevado a cabo por Laurent Cohen, investigador del Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica de Francia (INSERM):
No hay un sistema cerebral innato especializado en la lectura, tenemos que hacer bricolaje, utilizar sistemas que ya existen.
Para realizar el estudio, Cohen usó la resonancia Magnética, midiendo la actividad cerebral de 63 adultos voluntarios con diferentes índices de alfabetización: 10 analfabetos, 22 personas alfabetizadas en edad adulta y 31 personas escolarizadas desde la infancia. La investigación se realizó en Portugal y Brasil, países en los que hasta hace unas décadas, era relativamente frecuente que los niños no fueran escolarizados.
¿Algo equivalente para afirmar que ver la televisión nos cambia tanto a peor?

Como os adelantaba en la anterior entrega de esta serie de artículos, la televisión también nos hace inteligentes, aunque desarrolle una inteligencia distinta a la que desarrolla la literatura.
Vamos a empezar dinamitando tópicos. Se suele afirmar que ver mucho la tele te atonta o que ver mucho la tele no es bueno en general, pero no suele escucharse lo mismo en referencia a leer demasiado. Si vemos a un tipo embobado delante de una pantalla durante ocho horas enseguida compondremos una imagen estereotipada del tipo: es un zombi, un idiota que no piensa, un vago, lo peor de la nevera, en resumidas cuentas.






