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		<title>Magazine - thomas-mann</title>
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Blog sobre literatura, críticas de libros, internet y letras.		</description>
		<pubDate>2012-02-13 06:21:42</pubDate>

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      <title><![CDATA[¿Cuál es la mejor receta para convertirse en escritor?]]></title>
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      <pubDate>Sun, 07 Dec 2008 14:35:18 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/12/escritor.jpg" alt="" />A menudo me preguntan cómo lo hago. Cómo escribo. Dónde he aprendido el secreto. De dónde saco las ideas. </p>

	<p>Esta curiosidad parece que deba ser saciada de la misma forma que un lego en informática decide aprender a usar el <em>Photoshop</em>: apuntándose a un cursillo de 30 horas para dominar los más íntimos secretos del software. Si el lego en informática hubiera dedicado una media hora a investigar a través de Internet, hubiese descubierto que entre videotutoriales, manuales para torpes, foros y demás recursos lo del cursillo, además de una monumental pérdida de tiempo, hubiera supuesto un despilfarro considerable de dinero.</p>

	<p>La cosa se parece a apuntarse a un curso para usar el mando a distancia de la televisión, cuando es mucho más fácil probar y equivocarse, investigar por uno mismo, hacerse con el mando día a día. Más fácil pero también más difícil. Es más difícil porque primero hay que derribar un mito. El mito de que todo se aprende en las aulas, que existen trucos incontrovertibles, que hay recetas, que la sabiduría se puede encapsular y vender en dosis milimetradas. Cualquier cosa antes que emplear un poco el pensamiento lateral y la transpiración para obtener la sabiduría por nuestros propios medios, aprehendiéndola.</p>

	<p>Pueden darse excepciones, pero hablo de la generalidad: todos somos un poco tullidos a la hora de buscar soluciones, preferimos que alguien nos las sirva en bandeja con un “¡conviértase en X en tres meses!”.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>En ese sentido, escribir se parece mucho a tocar un instrumento: la única forma de arrancar un arpegio consiste en invocar el tesón, la única manera de digitar un <em>diminuet</em> consiste en invocar la transpiración. En términos literarios, la única forma de saber si estamos en el buen camino consiste en rellenar lo escrito hace un año y comprobar que no nos reconocemos: da igual la edad que tengas, tu competencia lingüística o tu estatus literario. Si no cambias, no avanzas; si no tiras nada a la basura, es tu escritorio el que se llena de basura. </p>

	<p>Esta perogrullada no lo es tanto. Los que aspiramos a escribir, en pocas ocasiones estamos dispuestos a sacrificar ciertas cosas. Creemos que el buen escritor lo es por algún talento natural, exclusivamente. Hay de eso, por supuesto, pero el talento natural sólo determina el tiempo que debemos invertir en ser solventes escribiendo. Tampoco aspiremos a la excelencia, porque ¿quién es inequívocamente genial? ¿Acaso el genio de ahora no era considerado mediocre antaño y viceversa? Lo importante no es brillar más que nadie (algo que tampoco depende sólo de nosotros sino del azar, los contactos, el fáustico mercadeo) sino hacerlo bien. Y hacerlo bien no requiere más que práctica constante, mucha lectura y el examen minucioso de la técnica del autor que nos gusta. </p>

	<p>Otro aspecto que cabe borrar de la imagen del escritor prototípico es la del bohemio hasta las cejas de absenta, pulsando las teclas de una vieja Remington a ritmo de pistón y plasmando pulcramente una obra maestra dictada al oído por las musas.</p>

	<p>Esa sensación de que todo fluye ocurre en contadas ocasiones. Puede que un fragmento escrito a vuelapluma parezca estar llamado a cincelarse en mármol. Puede que hasta un capítulo entero. Pero la mayoría de veces sólo es una frase: el resto son aristas e imperfecciones a las que hay que pasar la garlopa una y otra vez, hasta que te duelan las manos, los hombros y el cerebro.</p>

	<p>La obra en sí no se concluye ni mucho menos con el primer borrador. La cosa se parece más a encajar las piezas de un rompecabezas, haciendo continua gimnasia retórica para sacarle algo de músculo al texto. <strong>Thomas Mann</strong> lo definió muy elocuentemente: “Un escritor es alguien para quien la escritura es más difícil que para cualquier otro”. <strong>Carl Hiaasen</strong> escribía novelas de humor pero decía: “cuando llego a casa a la hora de comer, después de haber estado escribiendo durante toda la mañana, mi esposa dice que parece que venga de un funeral”. ¡Y hacía humor!</p>

	<p>Los <em>Ensayos</em> de <strong>Montaigne</strong>, por ejemplo, no emergieron de su mente ya plenamente conformados sino tras innumerables correcciones añadidos y revisiones. Autores considerados brillantes hoy en día como <strong>Stendhal</strong> no se iniciaron como tal: empezó esbozando insípidas obras de teatro y sus obras de referencia no emergieron hasta haber pasado por todos estos intentos infructuosos y décadas de trabajo infatigable. El poeta estadounidense <strong>Walt Whitman</strong> se pasó toda la vida modificando hasta la extenuación su obra <em>Hojas de hierba</em>, con ese perfeccionismo maniático suyo tan <em>kubrickiano</em>. </p>

	<p><strong>Nietzsche</strong> describe perfectamente el agotador trabajo que requiere escribir:</p>

	<p><blockquote><p>La receta, por ejemplo, para llegar a ser un buen novelista es fácil de dar, pero la ejecución supone cualidades que generalmente se pierden de vista cuando se dice “No tengo bastante talento”. Hagamos más de cien proyectos de novelas, que no rebase ninguno de dos páginas, pero escritas con tal propiedad, que no sobre ninguna palabra; pongamos todos los días, por escrito, anécdotas, hasta llegar a aprender la forma más plena, más eficaz; sed infatigables en recoger y pintar tipos y caracteres humanos; relatad siempre que podáis y escuchad los relatos con oído atento para percibir el efecto producido en los oyentes; viajad como paisajistas y pintores de costumbres; extraed para vuestro uso, de cada ciencia, aquello que, bien expuesto, es capaz de producir efectos artísticos; reflexionad, en fin, sobre los motivos de las acciones humanas, no desdeñéis ninguna educación que pueda instruiros sobre este punto y coleccionad todos estos datos noche y día. Invertid en estas múltiples experiencias unos diez años; y entonces lo que produzcáis en vuestro taller podrá salir a la luz pública.</p></blockquote></p>

	<p>Para pasar de peso <em>welther</em> a paso medio o peso pesado, no hay otra: hay que darle a las mancuernas y dejarse de tanto gimnasio caro, al que, por otra parte, en pocas semanas dejaremos de acudir por desidia (aunque la cuota la sigamos apoquinando unos meses más con la vana pretensión de que tarde o temprano reuniremos ánimos para volver). Y ahora, entonemos las primeras notas de <em>Rocky</em>… y ¡a por ello! </p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[La biblioteca de Thomas Mann recupera los libros expropiados por los nazis]]></title>
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      <pubDate>Thu, 13 Nov 2008 16:05:26 +0000</pubDate>

      <author>Magalí Urcaray</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" id=image4451 alt="Thomas Mann" src="http://img.papelenblanco.com/2008/11/thomasmann.jpg" />Setenta y cinco años después de que los nazis saquearan la colección privada de libros de <a href="http://www.papelenblanco.com/tag/thomas+mann">Thomas Mann</a>, el estado federado de Baviera devuelve los volúmenes expropiados al <a href="http://www.tma.ethz.ch/">Archivo </a>del escritor en Zurich, Suiza. En concreto, son 75 traducciones a distintas lenguas de las obras de Mann editadas durante las tres primeras décadas del siglo XX. Entre ellas se encuentran, por ejemplo, <strong>Los Buddenbrooks</strong> o <strong>La montaña mágica</strong>, junto con dos volúmenes firmados por el escritor y varios que incluyen dedicatorias personales de los traductores.</p>

	<p>Con la llegada de Hitler al poder, Thomas Mann se exilió en Suiza hasta 1938 (dos años antes había perdido la nacionalidad alemana), después se trasladó a Estados Unidos, donde obtuvo la ciudadanía. En 1953 se estableció en una localidad cercana a Zurich y allí permaneció hasta su muerte en 1955.</p>

	<p>La casa de Thomas Mann fue saqueada en agosto de 1933, poco después de que la familia trasladara a Zurich buena parte de la biblioteca privada. Los libros que no pudieron salvarse fueron asignados por los nazis a la Biblioteca del estado federado de Baviera.<!--more--></p>

	<p>Desde 2003 dicha biblioteca, con el compromiso suscrito en 1999 por todas las instituciones públicas alemanas, promueve la investigación de las apropiaciones llevadas a cabo durante el régimen nazi e impulsa la devolución del patrimonio cultural a sus propietarios o a sus descendientes.</p>

	<p>En un comunicado público la Biblioteca ha pedido disculpas por el modo en que estos libros entraron a formar parte de su fondo, así <em>como [por] la participación de la Biblioteca en los actos delictivos</em> de entonces.</p>

	<p>Los volúmenes y documentos de Thomas Mann serán entregados a su fundación el próximo día 19.</p>

	<p>Vía | <a href="http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2008/11/12/_-01801418.htm">Revista Ñ</a><br />
En Papel en blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/tag/thomas+mann">Thomas Mann</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[La biblioteca de Berlín recibe documentos inéditos de Thomas Mann]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/escritores/la-biblioteca-de-berlin-recibe-documentos-ineditos-de-thomas-mann</link>
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      <pubDate>Sun, 28 Oct 2007 22:02:26 +0000</pubDate>

      <author>Juliana Boersner</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="izquierda" src="http://img.papelenblanco.com/2007/10/thomas-mann.jpg" alt="Thomas Mann" />A medida que pasa el tiempo comienzan a aparecer registros documentales que brindan luces sobre la vida y obra de los escritores de todas las épocas. Pasó con Gabriela Mistral y ahora, quizás en menor medida, con Thomas Mann. </p>

	<p>La Berliner Staatsbibliothek o Biblioteca Estatal de Berlín recibirá el próximo martes un grupo de 183 cartas del escritor nacido en Lübeck (Alemania) en 1875. Entre ellas se encuentran algunas de las cartas escritas por Mann al periodista <strong>Wilhelm Kiefer</strong> y el resto son misivas escritas en el año 1941, desde su exilio en Pacific Palisades. </p>

	<p>Thomas Mann es uno de los escritores más importantes del siglo XX. Autor de novelas monumentales como <strong>Los Buddenbrook</strong>,  <strong>La montaña mágica</strong>, <strong>Doctor Faustus</strong>, <strong>Tonio Kröger</strong>, <strong>José y sus hermanos</strong> y la archiconocida <strong>Muerte en Venecia</strong>. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Ganó el premio Nobel en 1929. Generó mucha polémica por razones políticas y sexuales. En primer lugar por su inicial apoyo a la república de Weimar y su posterior acercamiento a los comunistas. En segundo lugar por su bisexualidad (que muchos califican más bien de homosexualidad) confesada en los diarios editados en 1975. </p>

	<p>Sus últimos años los pasó en el exilio en Brasil, lugar de nacimiento de su madre. Allí se suicidó luego de declarar que la vida no tenía más sentido para él puesto que el mundo tal como lo había conocido ya no existía. Su obra, sin embargo, es imperecedera.</p>

	<p>Vía | <a href="http://es.noticias.yahoo.com/efe/20071027/ten-biblioteca-estatal-de-berlin-recibe-938c437_1.html">Yahoo! Noticias</a></p>      ]]></description>
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