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Retrato robot de Haruki Murakami según The Times

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kafka-orilla.jpg(Nota: este decálogo va seguido del subtítulo ‘Los datos clave del escritor más cool del mundo actual’ por lo que se aconseja mantener una escéptica distancia con respecto a la intencionalidad del autor)

1. Murakami divide a la gente. Básicamente entre quienes le consideran un clásico contemporáneo y quienes no. En el año 2000 los miembros de un programa literario de la televisión alemana (Das Literarische Quartett) tuvieron un enfrentamiento tan agrio sobre Murakami que uno ellos dimitió tras 12 años en antena. El enfrentamiento está exarcebado en su Japón natal, en el que multitud de jóvenes se matriculan en la Universidad de Waseda con la esperanza de acabar en la residencia descrita en Tokio Blues (Norvegian Wood). La crítica institucional lo considera en cambio un escritor pop sobre-occidentalizado, prefiriendo a auténticos vernáculos como Tanizaki, Kawabata o el gran aborrecido de Murakami, Mishima.

2. Murakami tiene una gran influencia. No sólo sobre sus compatriotas, y no sólo en la literatura. El autor es reconocido como la inspiración en cuanto a argumento y estilo para la película Lost in translation de Sofía Coppola . También inauguró la tendencia sinestésica en varios autores contemporáneos de titular sus novelas con nombres de canciones, preferiblemente de los Beatles.

3. De sus libros no saldría una buena sinopsis para una película (de ahí Lost in Translation, me permito añadir). El Times considera a Murakami la lectura requerida para todo adolescente angustiado. Murakami mezcla lo mundano (como minuciosas descripciones de prepartivos de comida) con lo fantástico. Sus protagonistas suelen ser personales normales intentando salir adelante en la vida hasta que una etérea presencia masculina les endereza hacia el camino correcto. A veces literalmente.

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Tres recomendaciones asiáticas

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Literatura asiáticaEn los últimos años, los países asiáticos están dejando huella en expresiones artísticas como el cine, la música y la literatura. China, Japón, Tailandia, empiezan a despuntar y a romper esas barreras que los hacían extraños a los ojos occidentales. Hoy somos muchos los que nos fascinamos ante su peculiar visión del mundo y de cuestiones como la sexualidad, la moral o incluso el suicidio (que por lo visto, en Japón es una práctica que alcanza cifras notables).

Todos hemos oído hablar alguna vez, por ejemplo, de los haikus. Esos breves poemas japoneses que, en palabras de quienes los cultivaban durante el siglo XVII, retratan “simplemente lo que está sucediendo en este lugar, en este momento”. De esta época es Uejima Onitsura, que escribió:

Sueños sin rumbo;
en páramos quemados,
la voz del viento.

Más recientemente, también hemos podido oír la historia de Yukio Mishima, que se suicidó haciéndose el hara-kiri en un cuartel del ejército para mostrar su repulsa ante una sociedad decadente moral y espiritualmente. Su legado quedó recogido en la obra Confesiones de una máscara.

Sin embargo, mi intención no es hacer un repaso de la literatura asiática, porque no tengo el espacio ni los conocimientos necesarios. Mi aportación va encaminada a recomendar tres obras que iniciaron a mi paladar en las letras orientales.

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