
Una noticia sobre un soporte para libros en la bañera me ha hecho detenerme a pensar en mis sitios favoritos para disfrutar de la lectura. Precisamente porque descarto la bañera como uno de ellos. De hecho, mis libros tienen el acceso prohibido al cuarto de baño en su totalidad.
También descarto la pantalla del ordenador para lecturas largas, aunque reconozco que sí me ha servido para conocer los avances de determinadas novelas, para recordar poemas o para leer relatos cortos.
De entre mis lugares favoritos, destaco el tren en primer lugar. Esos trayectos de hora y media o dos horas me parecen ideales para una sesión de lectura, sobre todo si ya conoces el recorrido y el paisaje ha perdido su interés. Lo mismo para el avión. Si las turbulencias y los posibles vecinos de asiento te dejan tranquilo, es una buena manera de que el vuelo transcurra de un modo más ameno.

Aunque muchos de nosotros estamos acostumbrados a proveernos de un libro cuando viajamos, el olvido o las repentinas ganas de hacer más ameno el trayecto pueden solventarse con esta iniciativa de Renfe.
