1) Toma partido. Por tus enemigos te conocerán. Haz saber desde el primer momento que tu exordio en la literatura viene a corregir sus insoportables defectos. Si no tienes una idea clara que revindicar siempre puedes alistarte en una de las facciones de la eterna y largamente estéril guerra civil de las letras: o vienes a salvar la literatura de la mediocridad masificada y comercial o a rescatar las grandes historias del esobismo de las élites para devolvérselas al pueblo.
2) Cuida tu imagen. Tienes tres arquetipos en los que inspirarte:
· El guerrero. Tu escritura es tu vida, y ambas son intensas. Has ido a la guerra, has estado en la cárcel, has recibido palizas, has tenido mil amantes. Si eres hombre hazte fotografiar con gafas oscuras mientras masticas un puro, o con barba de tres días y una mirada fija de perdonavidas, los puños apretados por si hay que partir alguna cara. Para las chicas, look hipersexual agresivo. Cuenta todas las historias de cama pasadas de rosca que se te ocurran y cuando te pregunten contraataca: ¿Qué pasa, que sois todos unos pervertidos?
· El decadente: En blanco y negro, mirada inteligente y seductora, poniéndole morritos atrevidos y salaces al lector. Que te fotografíen en poses imposibles, con el pulgar apoyado en el hoyuelo entre labio y barbilla, por ejemplo: que se note que te gusta tocarte. Viste como un dandy, pórtate como un crápula y sufre arrebatos de desprecio hacia lo que te rodea. Deja claro que tu adicción al sexo, el dinero y la fama es una magra compensación por tu genio incompatible con este mundo.

