El ensayo El miedo a los bárbaros es un ejemplo contemporáneo del pensamiento que ha llevado al autor francés de origen búlgaro Tvetzan Todorov (Sofía, 1939) a ganar este año el Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales. Explícitamente polémico con el manual teórico neocon, el choque de civilizaciones de Samuel P. Huntington, Todorov pone en cuestión desde parámetros filosóficos, sociales y culturales la teoría maniquea del enfrentamiento natural entre civilización y barbarie, o dicho de otro modo, sociedad occidental y mundo musulmán.
De forma sencilla pero rigurosa, con un estilo divulgativo que engancha desde el principio, Todorov acude a la base de la dialéctica bebiendo de sus fuentes greco-latinas. El bárbaro es el que no habla mi lengua, luego ni tiene mi ley ni mi moral y es capaz de cualquier atrocidad. Pero el progreso no conlleva forzosamente el destierro de la barbarie, ni la sociedad primigenia es necesariamente caótica. Esta última afirmación la reconocen los filósofos de la Ilustración hablando del ‘buen salvaje’, y de la primera es suficiente ejemplo la bomba atómica.
La dialéctica entre civilización y barbarie se da entonces en un ámbito semántico superior. La barbarie que temen los grecolatinos se asocia a toda clase de crímenes infrahumanos: asesinato, tortura, incesto, canibalismo… todo lo que supone una cosificación de otro individuo. La civilización es el sistema social que reconoce la igualdad entre los hombres y evita estos excesos. Extrapolamos de ahí la ilegitimidad, por ejemplo, de la tortura aplicada a la lucha contra el terrorismo, aunque se ejerzca sobre el único que sabe dónde va a estallar una bomba atómica en 24 horas (aunque solo fuera, como explica Todorov, porque este escenario solo existe en las series de televisión y las clases de filosofía).

