Odiseo, el primer héroe moderno (y III)
Pasando a otras consideraciones, hay un elemento en la “modernidad” de Odiseo que me interesa particularmente: cuando nuestro héroe recobra la memoria estando acogido en la corte de Ancínoo, rey de los Feacios, Homero decide abandonar durante un tiempo a su narrador extradiegético y omnisciente, y le cede a Odiseo la narración autodiégetica de su propia historia, convirtiéndose ya no sólo en el personaje principal, sino en narrador-protagonista.
Lo mismo ocurre más tarde, cuando convertido en mendigo es inquirido por la diosa Atenea, por el porquerizo Eumeo y por su fiel esposa Penélope. Odiseo les cuenta a los tres sendas falsas historias; unas historias que nunca le ocurrieron pero que se acercan tanto a la realidad de la época que sin duda les resultarían totalmente verosímiles o reconocibles a todo contemporáneo de Homero. Odiseo es, por consiguiente, no sólo un héroe sin parangón sino también el principal relator de su sin par aventura e, incluso, un extraordinario narrador de ficción realista; a todas luces: un moderno entre los clásicos.
En el anterior post me despedí prometiendo que hablaríamos sobre las sombras de Odiseo, un personaje cuya complejidad supera a todos los anteriores personajes clásicos y que podríamos considerar el protagonista del primer
Odiseo (del griego Ὀδυσσεὺς), también conocido como Ulises (del latín Ulysses), es uno de los personajes más famosos de la historia de la literatura, protagonista del poema épico de Homero que toma su nombre, La Odisea, compuesto según se cree entre 760 y 740 a.C. (aunque otras fuentes lo sitúan en el siglo IX a.C.). En este post me centraré en su figura como personaje literario: el primer héroe “moderno” de la literatura clásica.
Creo que no estoy de acuerdo en ni un sólo punto del decálogo que Richard Wilson, productor de televisión y autor de 101 cosas que no hacer antes de morir,
Dejando a un lado el coste emocional de los libros (quizá el más importante) y centrándonos únicamente en el pecuniario, repasemos los libros que han sido adquiridos por mayor número de guarismos, para terminar quizá no con el más caro pero sin duda con el más barroco y excesivo de todos: una pomposa obra de arte en sí misma, independientemente de su contenido.
La isla como microcosmos deriva de un elemento mítico anterior: el de la simbiosis entre la isla y su dueño, o según marca el arquetipo, su dueña la maga. Se ha demostrado suficientemente en la Odisea de Homero que, en las islas en las que no se manifiesta la monstruosidad o el poder olímpico, son las mujeres las que cautivan y encierran a Ulises. Las dos magas, Circe y Calipso, y Nausicaa la princesa Feacia que tiene en su mano el retorno del héroe. A través de la magia, la isla y la maga son una.
El mito de la isla como espacio maravilloso aparece con frecuencia en la tradición ya formalizada de las mitologías y conoce una evolución que marcha al paso de las transformaciones en el paradigma literario. Con la llegada del fantástico moderno, la insularidad se convierte en uno de los principales referentes para el desarrollo de ficciones inverosímiles o hiperbólicas en múltiples niveles de la cultura, yendo desde los productos de masas y entretenimiento (las novelas de piratas o las series de ciencia-ficción) a expresiones figurativas de temas tales como el exilio forzado o voluntario, el solipsismo humano, la experimentación de una “sociedad natural” o la emergencia del inconsciente frente a la identidad.
Este fin de semana se ha celebrado 