Chaucer escribió Los Cuentos de Canterbury entre finales del siglo XIV y principios del XV. Se trata de la primera obra escrita en inglés, ya que hasta entonces sólo se escribía en latín o francés, lenguas que sólo eran accesibles para la gente que tuviera una cierta formación cultural. Los cuentos recuperan viejas leyendas e historias populares cargados de enseñanzas que forman un conjunto cohesionado a través de un hilo conductor, a la manera de las narraciones del Decamerón o Las mil y una noches.
En este caso, el hilo conductor es una peregrinación desde Southwark a Canterbury. Por el camino, los peregrinos se encuentran con diferentes personajes que les irán relatando las historias. Cada uno de ellos es el reflejo de diferentes clases sociales y oficios de la época; así, nos encontramos con un molinero, un marino, una monja, un bulero…
Cada cuento viene precedido por un pequeño prólogo en el que se relata brevemente el encuentro entre los peregrinos y cada uno de estos personajes. En el cuento que hoy nos ocupa, el bulero presenta su oficio de vendedor de indulgencias. Sin rubor alguno, cuenta cómo engaña a todos aquellos ciudadanos temerosos de Dios para obtener limosnas a cambio de perdonarles sus pecados. Así pues, este relato es un ejemplo de la óptica crítica que adoptaba Chaucer a la hora de retratar la sociedad de la Edad Media.

Vamos a aprovechar este espacio semanal para homenajear a
En estos días que se celebra el 80 cumpleaños de
El cuento que nos ocupa no es uno de los más conocidos del estadounidense Edgar Allan Poe, quizá tampoco de los más notables, pero sin duda constituye una de las primeras muestras de sadismo exacerbado del autor.
Horacio Quiroga es, sin lugar a dudas, uno de los referentes más importantes de la literatura latinoamericana y es, al mismo tiempo, un caso único dentro de ella. Es, de hecho, casi imposible, no hablar de él cuando se hace la historia de la literatura del continente y sobre todo cuando se habla de la historia de la cuentística.
Dramaturgo y autor de relatos ruso, Anton Chéjov (1860-1904) es una de las figuras preeminentes de la literatura rusa. Estudió Medicina en la Universidad Estatal de Moscú, pero casi no ejerció debido a su éxito como escritor, y porque padecía tuberculosis, en aquel tiempo una enfermedad incurable. Sus obras de teatro más conocidas son El tío Vania, Las tres hermanas y El jardín de los cerezos.
Aunque Truman Capote es recordado principalmente por su novela A sangre fría, publicó un buen puñado de relatos indispensables en cualquier antología de narraciones breves de la Norteamérica de mediados del siglo XX. Estos textos recogen a la perfección la esencia de su estilo literario: una prosa ágil y directa, un ojo atento capaz de extraerle todo el jugo a la realidad cotidiana y una asombrosa capacidad para retratar la psicología de sus personajes.
Al pensar en un relato para esta sección recordé casi al instante este texto leído hace unos años, en mi primer acercamiento a
Comprende fue el primer relato que escribió Ted Chiang, publicado originalmente en Asimov´s en 1991. Esta ópera prima se puede leer en español en la antología que recoge sus cuentos cortos La historia de tu vida, editada por Bibliópolis. Una antología de fantasía y ciencia ficción que fue galardonada con el prestigioso Premio Locus 2003. 