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Un relato a la semana

[Un relato a la semana] El cuento del bulero, de Geoffrey Chaucer

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ChaucerChaucer escribió Los Cuentos de Canterbury entre finales del siglo XIV y principios del XV. Se trata de la primera obra escrita en inglés, ya que hasta entonces sólo se escribía en latín o francés, lenguas que sólo eran accesibles para la gente que tuviera una cierta formación cultural. Los cuentos recuperan viejas leyendas e historias populares cargados de enseñanzas que forman un conjunto cohesionado a través de un hilo conductor, a la manera de las narraciones del Decamerón o Las mil y una noches.

En este caso, el hilo conductor es una peregrinación desde Southwark a Canterbury. Por el camino, los peregrinos se encuentran con diferentes personajes que les irán relatando las historias. Cada uno de ellos es el reflejo de diferentes clases sociales y oficios de la época; así, nos encontramos con un molinero, un marino, una monja, un bulero…

Cada cuento viene precedido por un pequeño prólogo en el que se relata brevemente el encuentro entre los peregrinos y cada uno de estos personajes. En el cuento que hoy nos ocupa, el bulero presenta su oficio de vendedor de indulgencias. Sin rubor alguno, cuenta cómo engaña a todos aquellos ciudadanos temerosos de Dios para obtener limosnas a cambio de perdonarles sus pecados. Así pues, este relato es un ejemplo de la óptica crítica que adoptaba Chaucer a la hora de retratar la sociedad de la Edad Media.

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[Un relato a la semana] 'Parabellum', de Juan Marsé

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muchachas-bragas-oro1.jpgVamos a aprovechar este espacio semanal para homenajear a Juan Marsé, nuestro reciente Premio Cervantes. Parabellum es el primer relato que Marsé publicó allá por 1977 en la revista Bazar. La versión que tenemos ahora, sin embargo, es la revisada más tardiamente por el autor para su inclusión en su antología de relatos.

Es una buena introducción a los temas habituales de Marsé: la memoria (histórica), el erotismo, la truculencia y sobre todo la distancia entre las ficciones que uno construye entorno a sí mismo para dar esquinazo a los hechos. Luys Ros, un atractivo cincuentón, se haya recluído en una casa de playa escribiendo sus memorias. No es un trabajo baladí, ya que con ellas tiene que demostrar que él, a pesar de ser falangista durante el régimen, siempre se opuso ocultamente y favoreció el advenimiento de la democracia recién llegada.

Para ello rebusca en cada detalle de sus recuerdos aquello que, embellecido y manipulado, sirva de justificación moral a su cambio de chaqueta. Pero en su trabajo de introspección tiene una dificultad añadida: Mariana, una joven sensual y procaz con la que convive por motivos que sólo conocemos en última instancia y que goza provocándole. La atracción entre Luis y Mariana acabará tomando un sentido trágico cuando este decida enfrentarse cara a cara con los fantasmas de su pasado y cuando la realidad se le imponga desnuda, a él que no ha hecho otra cosa que esquivarla.

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[Un relato a la semana] 'Chac Mool', de Carlos Fuentes

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Chac MoolEn estos días que se celebra el 80 cumpleaños de Carlos Fuentes con nutridos homenajes, escojo uno de sus cuentos para esta sección semanal. Ante todo, confieso que lo único que he leído de Fuentes son relatos de corte fantástico y la novela breve (o “cuento largo”) Aura; todos ellos me fascinaron por ese velo de misterio ambiguo entre la belleza y el terror. ‘Chac Mool’ fue, si mal no recuerdo, el primero que cayó en mis manos y, tras diversas lecturas, conserva su poder de atracción. Forma parte del volumen Los días enmascarados, el primer libro publicado por Fuentes, en 1954, y es uno de sus cuentos más conocidos.

Chac Mool es el término que designa cierto tipo de escultura que representa un hombre acostado sosteniendo un plato sobre el vientre. El nombre significa “jaguar rojo” en maya yucateco, y fue inventado por el explorador Auguste Le Plongeon a fines del siglo XIX. Estas estatuas aparecieron en Mesoamérica durante el posclásico, asociadas a la cultura tolteca y la mayoría de los ejemplares que hoy se conservan aparecieron en Tula y Chichen Itzá. Los expertos creen que se trataba de representaciones sagradas, utilizadas como piedras para los sacrificios. Aunque no está muy claro, según algunas fuentes el Chac Mool estaría relacionado con el dios de la lluvia.

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[Un relato a la semana] ‘Berenice’ de Edgar Allan Poe

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El cuento que nos ocupa no es uno de los más conocidos del estadounidense Edgar Allan Poe, quizá tampoco de los más notables, pero sin duda constituye una de las primeras muestras de sadismo exacerbado del autor.

Berenice fue publicado por primera vez en el periódico Southern Literary Messenger en 1835, sin embargo, debido a sus explícitas descripciones de escenas espeluznantes, los lectores enviaron toda clase de quejas al periódico. Esta suerte de censura pública obligó a Poe a publicar con posterioridad una versión recortada, en 1840. No obstante, a juicio de expertos en su obra como Cortázar, Poe consiguió entonces afinar la calidad del relato, volviéndolo mucho más sugerente.

Este relato de terror gótico se basa en la relación de dos personajes antagónicos, Egaeus y Berenice; él enfermizo y estudioso, ella pletórica y extrovertida. A través de Egaeus asistimos a su monomanía, una enfermedad que le obliga a quedarse obsesionado por las cosas más pequeñas e insignificantes durante largas temporadas. Y la belleza de Berenice constituirá una de estas nuevas monomanías para el protagonista, concretamente sus dientes blancos e inmaculados.

El desenlace apenas ofrece detalles, sólo una nube de sugerencias, esa caja, esas 32 piezas blancas, pero enseguida, retrotrayéndonos con la imaginación a lo que pudo haber pasado, podemos reconstruir la violencia que ejercerá Egaeus en Berenice para poseer esa belleza o quizá para arrebatársela.

Por cierto, la cita en latín que encabeza el relato puede traducirse como “Me decían los amigos que podría encontrar algún alivio a mi dolor visitando la tumba de la amada”, una cita que de algún modo esclarece el final del relato y que el propio protagonista hallará escrita en un libro también en las postrimerías de la historia.

Berenice y yo éramos primos y crecimos juntos en la heredad paterna. Pero crecimos de distinta manera: yo, enfermizo, envuelto en la melancolía; ella, ágil, graciosa, desbordante de fuerzas; suyos eran los paseos por la colina; míos, los estudios del claustro; yo, viviendo encerrado en mí mismo y entregado en cuerpo y alma a la intensa y penosa meditación; ella, vagando despreocupadamente por la vida, sin pensar en las sombras del camino o en la huida silenciosa de las horas de alas negras.

En Papel en blanco | Un relato a la semana
El relato | Berenice

[Un relato a la semana] 'Dos palabras' de Isabel Allende

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Cuentos de Eva Luna

Esta semana viajamos al universo literario de Isabel Allende para leer uno de los relatos pertenecientes a los Cuentos de Eva Luna. En esta serie la autora retoma los personajes de su novela Eva Luna y los desarrolla, creando unos cuentos en los que se desenvuelve mediante un discurrir literario fluido y ameno, a mi juicio mucho más placentero que el de su narrativa extensa.

Las historias que Isabel Allende nos presenta en estos Cuentos aparecen impregnadas de un realismo mágico que encuentra en la breve extensión de los relatos el medio idóneo para cautivar al lector.

‘Dos palabras’ es el primer cuento que Eva Luna, como Sherezade voluntaria, cuenta a su amado en la cama. La historia está protagonizada por Belisa Crepusculario, una mujer que, tras descubrir la escritura por casualidad, sabe del poder mágico de las palabras y vive gracias a esa magia, que crea incluso su propio nombre, convirtiéndola a ella también en un ser mítico, mágico.

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[Un relato a la semana] 'La gallina degollada' de Horacio Quiroga

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La gallina degolladaHoracio Quiroga es, sin lugar a dudas, uno de los referentes más importantes de la literatura latinoamericana y es, al mismo tiempo, un caso único dentro de ella. Es, de hecho, casi imposible, no hablar de él cuando se hace la historia de la literatura del continente y sobre todo cuando se habla de la historia de la cuentística.

El relato que he escogido para esta semana, es uno de los más conocidos del volumen Cuentos de amor, de locura y de muerte, y tiene muchos de los elementos propios de la cuentística quiroguiana. Una atmósfera que bien podría ser de cualquiera de los cuentos constumbristas de la literatura latinoamericana, o también de García Márquez o de Rulfo, rodea a cuatro de los personajes principales del relato:


Todo el día, sentados en el patio, en un banco estaban los cuatro hijos idiotas del matrimonio Mazzini-Ferrazz. Tenían la lengua entre los labios, los ojos estúpidos, y volvían la cabeza con toda la boca abierta.

Un comienzo que, de entrada, ya nos coloca en el suspenso. ¿Qué hacen 4 hermanos idiotas en un patio? ¿Por qué son idiotas? ¿Cómo es que unos idiotas son personajes de un relato? Si, ya sabemos, no son pocos los personajes de estas características en la historia literaria de occidente, pero en este caso no nos encontraremos con un relato faulkneriano que ubica el punto de mira de las acciones en la mente de un retrasado, sino que aqui siempre el narrador será en tercera persona, nos contará la evolución de los hechos desde un punto de mira aparentemente imparcial, distante. Y eso hace aún más aterrador el desenlace de la tragedia.

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[Un relato a la semana] ‘¡Qué público!’, de Anton Chéjov

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Dramaturgo y autor de relatos ruso, Anton Chéjov (1860-1904) es una de las figuras preeminentes de la literatura rusa. Estudió Medicina en la Universidad Estatal de Moscú, pero casi no ejerció debido a su éxito como escritor, y porque padecía tuberculosis, en aquel tiempo una enfermedad incurable. Sus obras de teatro más conocidas son El tío Vania, Las tres hermanas y El jardín de los cerezos.

Pero Chéjov, ante todo, es un maestro de las distancias cortas: el relato.

¡Qué público! es uno de sus relatos cortos, cortísimos, que ponen en evidencia sus estilo; un estilo que acabará por conformar las bases del relato moderno, donde el armazón de la narración no se cimenta en el argumento sino en el simbolismo y el golpe de efecto. Los relatos de Chéjov, pues, son pequeñas poesías en prosa, limpias y sobrias, edificantes, casi aforismos alargados.

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[Un relato a la semana] 'Vueltas nocturnas', de Truman Capote

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CapoteAunque Truman Capote es recordado principalmente por su novela A sangre fría, publicó un buen puñado de relatos indispensables en cualquier antología de narraciones breves de la Norteamérica de mediados del siglo XX. Estos textos recogen a la perfección la esencia de su estilo literario: una prosa ágil y directa, un ojo atento capaz de extraerle todo el jugo a la realidad cotidiana y una asombrosa capacidad para retratar la psicología de sus personajes.

Lo cierto es que podría haber elegido muchos otros cuentos en lugar de este Vueltas nocturnas (que tiene como título alternativo Experiencias sexuales de dos gemelos siameses). En primer lugar porque este texto no es un relato al uso, ya que está construido en forma de diálogo, sin descripciones ni acotaciones, concebido como una entrevista que el propio autor se hace a sí mismo. En segundo lugar, por la innegable calidad de otros de sus escritos breves: el hermoso retrato del rostro menos conocido de Marilyn Monroe en ‘Una adorable criatura’, los exquisitos ‘Un árbol de noche’ y ‘En los umbrales del paraíso’, entre muchos otros.

Sin embargo, me decidí por Vueltas nocturnas por lo esclarecedor que resulta respecto a su propia figura, la del Capote excéntrico y depresivo que llevaba una intensa vida social y que terminaría siendo víctima de su propio carácter destructivo. Capote aprovecha la excusa de una entrevista ficticia para un magazine para mostrarse ante sus lectores como un individuo frágil, inquieto y sensible que contrasta con el ego y la seguridad en sí mismo que lucía su personaje público.

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[Un relato a la semana] ‘Los que se alejan de Omelas’ de Ursula K. Le Guin

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Las doce moradas del vientoAl pensar en un relato para esta sección recordé casi al instante este texto leído hace unos años, en mi primer acercamiento a Ursula K. Le Guin. No soy asidua del género de la ciencia-ficción, pero reconozco que he tenido algunos “flechazos” que, por suerte, han pasado a convertirse en esos libros a los que siempre deseo regresar. Este cuento aparece recogido en Las doce moradas del viento y recibió el Premio Hugo al mejor relato corto en 1974 (a su vez, la antología fue merecedora del Premio Gigamesh en 1986).

Como indica la autora, ‘Los que se alejan de Omelas’ (‘The ones who walk away from Omelas’) es una variación sobre un tema de William James, filósofo y profesor de psicología, y hermano menor del escritor Henry James. Uno de sus ensayos más conocidos es el que lleva por título ‘El filósofo moral y la vida moral’, publicado en 1897. A raíz de su lectura, Le Guin escribió este cuento breve en el que, tras el elemento fantástico, se desprende una reflexión moral y antropológica. Precisamente esto último es lo que me resulta más atractivo en su literatura: la preocupación social y ética en un marco de ciencia-ficción y fantasía.

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[Un relato a la semana] ‘Comprende’ de Ted Chiang

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Comprende fue el primer relato que escribió Ted Chiang, publicado originalmente en Asimov´s en 1991. Esta ópera prima se puede leer en español en la antología que recoge sus cuentos cortos La historia de tu vida, editada por Bibliópolis. Una antología de fantasía y ciencia ficción que fue galardonada con el prestigioso Premio Locus 2003.

Ted Chiang (1967, Port Jefferson, Nueva York), es licenciado en Informática por la Universidad de Brown, y trabajó en Seattle como redactor técnico de ordenadores. Galardonado con el premio John W. Campbell Jr. al mejor nuevo escritor de 1992, está considerado ya como el último gran maestro de la ciencia ficción. Y todo ello con sólo con un puñado de relatos a sus espaldas.

Y es que Chiang es un narrador peculiar. Sus temas quizá sean manidos, pero es capaz de llegar con ellos hasta las últimas consecuencias, e incluso más allá de lo que podríamos imaginar. El relato que nos ocupa, por tanto, hace lo propio: Comprende sería la supersofisticación (mayor empaque filosófico, científico y epistemológico) de otro cuento que hace unas semanas reseñó Mireia Long, Flores para Algernon.

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