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		<title>Magazine - utopia</title>
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Blog sobre literatura, críticas de libros, internet y letras.		</description>
		<pubDate>2012-02-13 05:08:08</pubDate>

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      <title><![CDATA['El nombre del mundo es bosque' de Ursula K. Le Guin]]></title>
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      <pubDate>Fri, 27 Mar 2009 08:54:52 +0000</pubDate>

      <author>Magalí Urcaray</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" id=image5077 alt="El nombre del mundo es bosque" src="http://img.papelenblanco.com/2009/03/nombrebosque.jpg" /><strong>El nombre del mundo es bosque </strong>se publicó en 1976, aunque está basada en una <em>novella </em>que <strong>Ursula K. Le Guin </strong>escribió en 1972 y que mereció el Premio Hugo. Forma parte de lo que se conoce como el <em>Ciclo Hainish o Ekumen</em>. A pesar de que la autora niega la existencia real de una saga (como sí se confirma en las novelas de Terramar), es indudable que todas las historias que se enmarcan en dicho ciclo tienen elementos comunes. </p>

	<p>Tres de las principales historias ambientadas en este ciclo son <a href="http://www.papelenblanco.com/2009/05/17-la-mano-izquierda-de-la-oscuridad-de-ursula-k-le-guin">La mano izquierda de la oscuridad</a> (1969), <a href="http://www.papelenblanco.com/2009/04/10-los-desposeidos-de-ursula-k-le-guin">Los desposeídos</a> (1974) y El nombre del mundo es bosque (publicada en tercer lugar pero cuya creación la sitúa en segundo puesto), que hace un año Minotauro publicó en un volumen conjunto, <strong>Los mundos de Ursula K. Le Guin</strong>. </p>

	<p>La ciencia-ficción de Le Guin se caracteriza por su interés en las ciencias sociales; así, aunque las historias estén situadas en mundos imaginarios, todas están empapadas de reflexiones antropológicas y sociológicas, en donde la cultura, la identidad sexual, el feminismo y la ecología son temas fundamentales.<!--more--></p>

	<p>En el universo Hainish conviven diferentes razas descendientes de una civilización humanoide ancestral que habitaba el planeta Hain y que colonizó numerosos planetas, incluido la Tierra. Si bien  la mayoría de las razas resultantes son similares a la humana, la ingeniería genética provocó importantes modificaciones; en el momento actual cada colonia actúa en solitario, olvidando el resto de mundos afines. Las historias de este ciclo se centran en los esfuerzos por restablecer la civilización a escala galáctica mediantes viajes interestelares y la utilización del “ansible”, que permite la comunicación instantánea a pesar de los años-luz de distancia. Para ello, en una primera fase se crea la Liga de los Mundos, formada por nueve planetas conocidos y sus colonias; mientras en la segunda fase (que empieza en ‘La mano izquierda de la oscuridad’), los ochenta planetas restantes se unen en el Ekumen (“el mundo inhabitado”).</p>

	<p>‘El nombre del mundo es bosque’ fue escrita durante la guerra de Vietnam, y la autora confiesa que las similitudes entre el conflicto real y el narrado por ella fueron intencionales:</p>

	<p><blockquote><p>Ese es mi Vietnam. Ante aquel hecho increíble y monstruoso, grité furiosa y frustrada desde la cima de mi voz [...] básicamente el libro es una protesta contra aquella guerra.</p></blockquote></p>

	<p>Estamos en el planeta Athshe, en su mayor parte agua y compuesto por cinco continentes de frondosa vegetación; sus habitantes son más pequeños que los humanos y están cubiertos de pelo verde. Tienen su propia lengua y dialectos, organización social y cultural, y además son extremadamente pacíficos, no conciben el asesinato. Athshe significa, a la vez, “mundo” y “bosque”. Pero ahora es llamada Nueva Tahití por los colonos terráqueos (los &#8220;yumenos&#8221;) que han viajado veintisiete años-luz para obtener los recursos que ellos agotaron en su planeta: la madera. La colonia queda bajo las órdenes del Ejército y los nativos son utilizados como mano de obra “voluntaria” que, como todos podéis imaginar, en realidad es esclava. Los habitantes originarios pasan a ser llamados de forma peyorativa “crichis”; son denigrados, maltratados, violadas sus mujeres, y obligados a aceptar la lengua inglesa y sus costumbres. Ni siquiera se les permite mantener su biorritmo natural, distinto del humano: no duermen, pero sueñan. Para los athshtianos el tiempo-sueño es tan real como el tiempo-mundo. Así ven ellos a los colonos:</p>

	<p><blockquote><p>Matan a hombres y mujeres; no perdonan en la contienda. Han dejado sus raíces en otra parte, tal vez  ese otro bosque de donde ellos vienen, ese bosque sin árboles. Por eso toman venenos para poder soñar, pero sólo consiguen embriagarse o enfermarse. […] Si  los yumenos son hombres, son hombres ineptos, incapaces de soñar y de actuar como hombres. Por eso mismo van de un lado a otro, atormentados, y destruyendo y matando, […]. Si son hombres, son hombres malvados, que han renegado de sus propios dioses, y que temen verse las caras en la oscuridad.</p></blockquote></p>

	<p>Cuando la mujer de uno de los athshtianos es violada por el Capitán Davidson, Selver, su pareja,  comienza a soñar con la rebelión de los nativos y se desencadena la guerra. Las referencias a la guerra de Vietnam son diversas: el desequilibrio de armamento entre los contendientes, las tácticas de guerrilla empleadas por los nativos y la simbiosis de estos con su hábitat, que los hace pasar fácilmente desapercibidos. </p>

	<p>‘El nombre del mundo es bosque’ es una de las novelas de Le Guin donde es más evidente el trasfondo ecologista y pacifista que enmarca muchas de sus historias. El ser humano, movido por la sed de poder (político, económico, social), arrasa la naturaleza para conseguir sus objetivos, sin percatarse que sin ella ninguna vida es posible. Los nativos representan aquí la utopía pura: los recursos naturales son cuidados y venerados, no existe la guerra y, en general, su estar-en-el-mundo se encuadra en un horizonte más filosófico y ético. </p>

	<p>De nuevo, el choque entre dos civilizaciones diferentes (pero con un origen común) constituye el núcleo de la historia; es la oposición entre lo que pudo haber sido, y lo que terminó siendo, la lucha ciega contra una cultura desconocida, el enfrentamiento antes que el entendimiento. Al fin y al cabo, no necesitamos echar mano de la imaginación para hacernos una idea, ¿no?</p>

	<p>Más información | <a href="http://www.edicionesminotauro.com/FichaLibro.aspx?IdPack=2&#38;IdPildora=167">Ficha en ediciones Minotauro</a><br />
En Papel en blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/tag/los+mundos+de+ursula+k.+le+guin">Los mundos de Ursula K. Le Guin</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[‘Páginas perdidas’ de Paul di Filippo]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/fantastico-ci-fi/apaginas-perdidasa-de-paul-di-filippo</link>
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      <pubDate>Sun, 08 Feb 2009 15:23:31 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2009/02/ppajecpf.jpg" alt="" />Ésta es una antología de cuentos fundamentalmente ucrónica. Si una utopía es (ou = ningún; topos/topia = lugar, localización) un lugar inventado, una ucronía es una reformulación lógica de los acontecimientos históricos en base a uno o más cambios en la historia; algo así como “qué hubiera pasado si…”. En <strong>Páginas perdidas</strong>, del originalísimo e iconoclasta <strong>Paul di Filippo</strong>, sólo hallaremos salvajes ucronías protagonizadas por personajes conocidos por muchos. Y todas ellas están organizadas por décadas: una ambientada en los años 20, dos en los años 30, otras dos en los años 40, una más en los años 50 y finalmente tres más en los años 60. En total, 10 ucronías; la primera, sin embargo, es un pequeño ensayo que trata sobre las causas del declive de la ciencia ficción.</p>

	<p>La mayoría de la obra de <strong>Paul Fi Filippo</strong> (Rhode Island, 1954) continúa inédita en España, pero sin duda esta antología captura toda la esencia poliédrica de un autor inclasificable. Todo sazonado con sentido del humor, algo de surrealismo y mucha reflexión soterrada. </p>

	<p>Así pues, dejando aparte el ensayo que abre la antología, que recurre a la emisión de un episodio de <em>Star Trek</em> para reflexionar acerca de la percepción que tiene la gente sobre un género tan serio y profundo como es la ciencia ficción, el resto de cuentos poseen unos argumentos tan disparatados que uno, por morbosa curiosidad, no puede evitar lanzarse a leerlos con fruición. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Por ejemplo, <em>El último caso de la Grajilla</em> está protagonizado por un Franz Kafka que viven en Nueva York y que, en los años 20, trabaja como redactor en una columna que tiene bastante de consultorio sentimental. Por las noches, no obstante, Kafka se pone un disfraz de superhéroe político. <em>Ana</em> está protagonizado por Ana Frank, pero una Ana Frank que logra escapar de las garras nazis para trasladarse a Estados Unidos, convertirse en estrella de Hollywood y protagonizar la adaptación cinematográfica de <em>El mago de Oz</em>, sustituyendo así a Judy Garland. </p>

	<p>En el resto de historias aparecen el autor de <em>El principito</em>, Saint-Exupery, que se estrella en el Valle Feliz, perdido en Kenia, mientras escapa de una epidemia mundial; el famoso editor de ciencia ficción Joseph Campbell; Von Neuman; Thomas Pynchon, Philip K. Dick; Alfred Bester; Theodore Sturgeon… la lista es grande.</p>

	<p>Uno pudiera pensar que el uso de todos estos personajes mundialmente conocidos sea un cebo del autor para atraer a los lectores. Puede haber de eso, quién sabe. Pero en la mayoría de ocasiones, los personajes están perfectamente integrados en la historia: las historias no serían lo mismo sin ellos. Y en otros cuentos, los guiños de los personajes que aparecen pueden ser tan exclusivos que a muchos les pillará desprevenidos. Por ejemplo, ¿cuántos de nosotros captarán la ironía de que el presidente de los Estados Unidos sea nada menos que el escritor Robert Heinlein? Sólo los que hayan leído su obra y sepan de sus ideas fascistoides. </p>

	<p>Así pues, Paul di Fillipo no pretende atraer a lectores comunes, aunque a primera visto pudiera parecerlo. El lector que de verdad quiera disfrutar de este <strong>Páginas Perdidas</strong> en toda su amplitud, con toda su retranca, no deberá quedarse en la superficie idiosincrásica de los famosos que lo protagonizan. Más allá hay mucho mordiente. Aunque el autor lo presente todo con una simplicidad estilística y formal que sería capaz de atrapar la atención de un adicto a la <em>playstation</em>. Quizá el cuento más experimental a nivel formal sea el de <em>Inestabilidad</em>, en el que Von Neuman protagoniza un viaje sexual a Las Vegas, de modo que he escogido un fragmento de este cuento para ilustrar la reseña:</p>

	<p><blockquote><p>Jack y Neal, vagos y malditos, están sentados en los escalones del desvencijado portal de la chabola en Texas de Bill Borroughs. Borroughs está fuera, en el patio, catatónico en su caja de orange, una copia de los códices mayas sobre su regazo. Ya se había metido morfina dos veces hoy. Neal está limpiando las semillas de una caja de zapatos llena de marijuana. El tiempo pasa denso y lento como la miel. En la distancia, el silbido del mediodía de la compañía de entrega suena largo, agudo e insistente. La compañía de entrega es una fábrica donde cortan en pedazos a las vacas que están demasiado enfermas para enviarlas a Chicago. Disparan y cortan y cocinan para sebo y consomé enlatado de cáncer.</p></blockquote>    </p>

	<p>Editorial Grupo Ajec<br />
Colección Albemuth Internacional<br />
238 páginas</p>

	<p>Sitio Oficial | Grupo Ajec<a href="http://www.grupoajec.com/"><br />
</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[La isla en la literatura como espacio de la fantasía (II)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/fantastico-ci-fi/la-isla-en-la-literatura-como-espacio-de-la-fantasia-ii</link>
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      <pubDate>Thu, 27 Mar 2008 06:00:47 +0000</pubDate>

      <author>Paolo Fava</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" id=image2909 alt=robinson-crusoe2.jpg src="http://img.papelenblanco.com/2008/03/robinson-crusoe2.jpg" />La isla como microcosmos deriva de un elemento mítico anterior: el de la simbiosis entre la isla y su dueño, o según marca el arquetipo, su dueña la maga. Se ha demostrado suficientemente en la <strong>Odisea </strong>de Homero que, en las islas en las que no se manifiesta la monstruosidad o el poder olímpico, son las mujeres las que cautivan y encierran a Ulises. Las dos magas, Circe y Calipso, y Nausicaa la princesa Feacia que tiene en su mano el retorno del héroe. A través de la magia, la isla y la maga son una.</p>

	<p>La isla adquiere un significado femenino a partir de una serie de símbolos que la acompañan: la fertilidad y la frondosidad (derivadas del mito de la isla afortunada), el espacio uterino-amniótico, las ideas de “virginidad”, de “cuevas” y “tesoros” a los que el héroe, atravesando el mar como espacio de iniciación tradicional masculino, accede en forma de naufragio o conquista. Y si en el caso de <strong>La Tempestad</strong> el mago Próspero es un hombre, debe valerse de su hija Miranda (que no ha conocido otra cosa que la isla) como seductora de los náufragos para que sus planes triunfen.</p>

	<p>En las novelas de caballería la isla es un equivalente simbólico al castillo de la dama que busca encerrar consigo al protagonista, pero permite acciones propias del régimen expansivo: en la isla de Alcina (<strong>Orlando Furioso</strong>) hay ejércitos contra los que luchar y ciudades que conquistar: un microcosmos entero que dominar, en fin, pero un microcosmos sobre-natural. En la parodia quijotesca, lo único que tiene de isla la <strong>Ínsula Barataria</strong> en la que acaba Sancho es su carácter de encerrona. Sancho nunca llega a hacerse con el control pese a sus demostrar dotes de liderazgo porque alrededor suyo se ha tejido una farsa carnavalesca que le tiene a él de bufón, manifestándose en parodias de los fantástico como los apaleamientos por enemigos invisibles que sufre el desgraciado gobernador.<!--more--></p>

	<p><strong>Robinson Crusoe</strong> hace saltar por los aires las concepciones clásicas. En esta novela encontramos un acercamiento positivista a la isla en tanto que espacio natural. El primer hombre blanco que la pisa no sólo la aborda con criterios racionalistas, sino prácticos: es el primer civilizador, el usufructuario de sus bienes naturales. Se convierte así en única medida de su mundo, adquiere por la técnica lo que el mito reserva a la magia y a la conquista heroica. Con todo, en Robinson Crusoe encontramos una de las primeras muestras del uso del fantástico moderno, enunciado por <strong>Todorov</strong> como la ambigüedad entre una explicación racional o  sobrenatural, en el episodio de la huella. Robinson Crusoe se cree sólo en la isla pero encuentra una única huella de pie en la arena, lo cual le llena de terror y angustia, y produce suspense en el lector. Más tarde descubrimos que los caníbales visitan la isla: pero cómo pudieron dejar una única huella en una playa desierta, o si realmente fueron ellos los responsables, es algo que nunca se llega a explicar.</p>

	<p>La isla queda por lo tanto como el espacio de la posibilidad en el que todo cabe y se ofrece a la experimentación ficcional, abriendo los brazos de par en par a la ciencia- ficción. En <strong>La isla del doctor Moreau</strong> encontramos una inversión del mito de Circe, inexplicable sin el precedente de Robinson Crusoe: mientras que Circe transforma a los hombres en animales para dominarlos, Moreau transforma a los animales en hombres para civilizarlos. Ambos fracasan, por distintos motivos: y es que mientras Circe pertenece a un contexto maravilloso, en dónde los acontecimientos están llamados a ocurrir, Moreau se mueve en la probabilidad. Su éxito era sólo una hipótesis que, respondiendo a la visión pesimista existencial de H.G. Wells, finalmente se ve frustrada. Del mismo modo, la <strong>Isla Misteriosa</strong> de Julio Verne en la que el capitán Nemo tiene su base acabará atrapando tanto al inventor como a su creación, el Nautilus.</p>

	<p>La ciencia-ficción moderna ha extendido los atributos de la insularidad al ámbito de la conquista espacial, sustituyendo la isla por el planeta y el mar por un elemento igualmente indeterminado: el espacio profundo. Las novelas marcianas de Edgar Rice Burroughs adoptan los mismos esquemas de descubrimiento, heroicidad y conquista (de mundo y mujer) que el epicismo reserva a las islas y que se siguen sucediendo en los géneros de ciencia-ficción galáctica tales como Star Wars o Star Trek. Pero tanto la isla como el planeta quedan reservados para la experiencia de la extraneidad para el individuo, lo inefable e incluso la trascendencia. Así lo abordan películas como <strong>2001: Odisea en el espacio</strong> de Stanley Kubrick o <strong>Solaris</strong> de Andrei Tarkovsky.</p>

	<p>Como señala Mario Tomé, “Lo continental es la norma, mientras que la isla es la excepción”. Ésta no es sólo una máxima aplicable al estudio de los mitos: desde Darwin sabemos que se trata de una evidencia evolutiva. Las islas son microsistemas aparte, universos paralelos que se rigen con reglas propias derivadas de una temporalidad escindida y en dónde lo asombroso, lo monstruoso y lo diferente pueden ser norma. Ante enigmas científicos tan fascinantes como el del Homínido de Flores, el mito parece adquirir una dimensión palpable que desafía al escepticismo más empecinado.</p>

	<p>En Papel en Blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/2008/03/26-la-isla-en-la-literatura-como-espacio-de-la-fantasia-i">La isla en la literatura como espacio de la fantasía (I)</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[La isla en la literatura como espacio de la fantasía (I)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/fantastico-ci-fi/la-isla-en-la-literatura-como-espacio-de-la-fantasia-i</link>
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      <pubDate>Wed, 26 Mar 2008 06:00:23 +0000</pubDate>

      <author>Paolo Fava</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="izquierda" id=image2908 alt=robinson-crusoe.jpg src="http://img.papelenblanco.com/2008/03/robinson-crusoe.jpg" />El mito de la isla como espacio maravilloso aparece con frecuencia en la tradición ya formalizada de las mitologías y conoce una evolución que marcha al paso de las transformaciones en el paradigma literario. Con la llegada del fantástico moderno, la insularidad se convierte en uno de los principales referentes para el desarrollo de ficciones inverosímiles o hiperbólicas en múltiples niveles de la cultura, yendo desde los productos de masas y entretenimiento (las novelas de piratas o las series de ciencia-ficción) a expresiones figurativas de temas tales como el exilio forzado o voluntario, el solipsismo humano, la experimentación de una “sociedad natural” o la emergencia del inconsciente frente a la identidad.</p>

	<p>¿Cuáles son los atributos insulares que predisponen a la fantasía? El primero y más evidente es el estado de aislamiento, término derivado de la propia semántica de la isla. Pero no es tanto el carácter de espacio acotado lo que introduce la predisposición a la fantasía, sino el hecho de su suspensión en el medio acuático. El mar, cómo se ha encargado de demostrar <strong>Gilbert Durand</strong>, es una gran imagen funeraria y una expresión de la temporalidad mutable y disolutoria. La isla se configura como un más allá al ponerse como frontera las aguas mortuorias, manteniéndose a flote encima de un estado de caos. La tradición indoeuropea localiza el mundo de los muertos en el infinito más allá del océano: lo veremos en la literatura caballeresca de influencia céltica en dónde las islas o los espacios cerrados por agua son reinos maravillosos, con Avalon a la cabeza. <!--more--></p>

	<p>La condición de supra-naturalidad de la isla introduce otro mito asociado, el de las islas afortunadas. Son estos espacios de abundancia, de riqueza, de juventud eterna y de goce: lugares que no han perdido la bendición de los dioses, auténticos paraísos terrenales. Son las tierras hiperbóreas, de nuevo situadas al fin del mundo, en donde convergen el jardín de las Hespérides con la Ultima Thule. El Génesis bíblico especifica que el Jardín del Edén está franqueado por cuatro ríos (frente a los cinco del Hades griego), y la tradición medieval ha enriquecido esta representación imaginaria con relatos como el de San Borondán / Brendan que describe un paraíso isleño a medio camino entre lo celta  y lo cristiano. Dante, en la <strong>Divina Comedia</strong>, sitúa al Paraíso entre las esferas celestes: sin embargo, el Purgatorio que conduce a él es una montaña que surge directamente del mar y que Ulises llega a atisbar en su camino hacia el fin del mundo.</p>

	<p>Otro carácter imaginario inscrito en la semántica de la isla es el de la evanescencia: al estar en un medio móvil, indeterminado, la isla no está obligada a tener una existencia real, a quedarse anclada o a permanecer a flote. Surge así el mito de la isla-móvil o la isla tortuga, relacionada con mitos indoeuropeos de la creación pero que tiene una presencia plástica en relatos como el de Simbad, que descubre que ha desembarcando en el lomo de un monstruo marino. El mito de la isla o el continente sumergido se relaciona con el del paraíso perdido. Así lo utiliza Platón en sus célebres discursos sobre la Atlántida, un lugar ideal destruido por la impiedad de sus habitantes.</p>

	<p>Sin embargo, la hipótesis del continente sumergido reaparecería hasta el siglo XIX en forma pseudo-científica, como búsqueda de una explicación a las migraciones prehistóricas. Así nacerían continentes perdidos como Lemuria o Mu que se verán desarrollados por el imaginario fantástico, ocultista y de ciencia ficción del siglo XX. H.P. Lovecraft configurará una nueva representación del tema de los continentes y civilizaciones sumergidas partiendo de esta arqueología imaginaria, como marco para monstruosos seres con atributos de cefalópodos llegados de más allá de las estrellas.</p>

	<p>Estos tres rasgos colocan a la isla como un referente imaginario del más allá del tiempo y el espacio, una cronotopía desplazada. La insularidad, por otra parte, confiere a la isla el carácter de un microcosmos: de un mundo en miniatura. Este aspecto ya se encuentra en la <strong>Atlántida </strong>de Platón en la presentación de un mundo autosuficiente y autorregulado, y reaparecerá en las tres grandes utopías del Renacimiento: la homónima de Tomás Moro, la <strong>Nueva Atlántida</strong> de Francis Bacon y la <strong>Ciudad del Sol </strong>de Tomaso Campanelo. Las dos primeras son islas, la tercera subraya su carácter ideal localizándose al otro lado del mar. La isla se concibe desde este momento como el lugar ideal para la experimentación, dado que permite la regulación entera del microcosmos. </p>

	<p>Pasamos de un paraíso mítico a uno racionalizado. Pero la isla sigue siendo ese lugar en el que todo está permitido, que puede estar ahí o no: tras la borrachera racionalista del Renacimiento, encontramos las islas alegóricas del Barroco o la sátira despiadada de <strong>Los viajes de Gulliver</strong>. Posteriormente, a partir de <strong>Robinson Crusoe</strong>, la isla desierta pondrá a prueba las convenciones sobre el estado natural del hombre, como observamos en <strong>El Señor de las Moscas</strong> de William Holding.</p>      ]]></description>
      </item>
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