
Continuamos nuestro análisis del manifiesto fundacional de las Vanguardias, el primer Manifiesto Futurista, que estableció las bases de muchos de los movimientos posteriores.
LA NOVEDAD: ANIQUILACIÓN DEL PASADO.
Las corrientes revolucionarias de vanguardia están unidas por un propósito común: la renovación de modalidades artísticas institucionalizadas. Son los comienzos de un profundo cuestionamiento de los valores heredados y de una insurgencia contra una cultura anquilosada, que abren vías a una nueva sensibilidad.
Si el gran concepto romántico era el de originalidad, asociado a la imaginación (así lo estableció Kant), en la Vanguardia este concepto es suplantado por el de novedad. Para crear lo nuevo hay que romper, aniquilar lo anterior, en definitiva hay una idea que enarbola Marinetti: liquidación del pasado.
Y escuchando la oración extenuada del viejo canal y el crujir de huesos de los palacios moribundos decorados de verdín, de repente surgieron bajo nuestras ventanas los automóviles hambrientos.

El Primer Manifiesto futurista aparece inaugurando los movimientos de vanguardia el 20 de febrero de 1909 en la revista Le Figaro de París. Pasemos a analizar los puntos más relevantes que propugna Filippo Tommaso Marinetti.


Para los amantes de la literatura, producción masiva de libros es directamente proporcional a largas horas de lectura. Los verdaderos libro-adictos no pueden evitar consultar, asiduamente, las ultimas novedades editoriales. Son incapaces de pasar por una librería, por muy poco tiempo del que dispongan, sin echar un amplio vistazo a las estanterías. Estar atento a la actualidad literaria es algo magnifico pero, de vez en cuando, es hermoso y enriquecedor volver la vista atrás y disfrutar, aunque sea en pequeñas dosis, de textos creados desde otro tiempo y punto de vista.