Como lector de originales, en mi mano caen cada mes del orden de 10 manuscritos que todavía no han visto la luz. El 90 % de ellos jamás lo hará. La razón principal de tamaña criba es que la mayoría de gente que envía un manuscrito a un premio literario comete faltas de ortografía muy flagrantes, y ni siquiera domina los signos de puntuación.
La segunda razón, normalmente, es la falta de verismo.
Sin embargo, este último problema tiene otro subproblema menos evidente: que suele confundirse verosimilitud con realismo. Si pudiéramos escribir una novela muy realista, seguramente sería insufrible.

