Mario Vargas Llosa el reciente ganador del Premio Nobel de literatura y uno de los escritores más importantes en lengua hispana y representante fundamental del llamado Boom de la Literatura Latinoamericana de los años 60 y70 del siglo pasado, es una figura pública que, a donde sea que llega (o no llega aún) genera polémica. No deja a nadie sin reacción; a veces por que se las busca con sus declaraciones pero a veces sin hacer prácticamente nada o simplemente aceptando una invitación a inaugurar la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.
Lo cierto es que declaraciones van y declaraciones vienen luego de que, a raíz de la invitación al autor de La fiesta del Chivo y tantas otras novelas maravillosas para que inaugure ‘informalmente’ la segunda Feria del libro más importante del mundo hispano, un grupo de intelectuales (cercanos al movimiento kirchnerista, dicen) convocó la firma de un documento de repudio contra Vargas Llosa. Los argumentos no tenían que ver con la calidad literaria del peruano sino principalmente por sus declaraciones en contra de la nación argentina y su gobierno.
Convertido desde hace años en vocero de los grupos multinacionales editoriales y mediáticos, de un supuesto “liberalismo” de sometimiento y depredación, y de la oposición a lo que ellos denominan “gobiernos populistas” en América latina, Mario Vargas Llosa se ha ensañado de modo muy particular con nuestro país y nuestra sociedad, en declaraciones vastamente difundidas por esos mismos medios.


