Parece que antes de Afterpop no hubiera nada. Si acaso objetos de lujo, personas o lenguaje. Un gran hueco al que se lanzó muchÃsima gente a preguntarse qué diantres está ocurriendo que no ha venido nadie o que si no pasa nada, nos lo está explicando eso, nadie. Hubo un pequeño amago, como si fuera un prólogo imaginado de esta novela de relleno que son estos dÃas de la literatura en castellano, con esa inolvidable y excelente introducción del sociólogo Verdú a American Psycho de Breat Easton Ellis, en su edición española de Ediciones B. Verdú nunca ha escrito sobre mapas o pistas, Verdú ha sido siempre nuestro sociólogo y muchas veces nuestro filósofo, cuando los amantes de la libertad deciden saltarse la parte pesada del asunto, como lo llama el apreciado Sergi Bellver. Es fácil interrogarse sobre si Verdú podÃa ser, leyéndolo ahora el más perspicaz sigue haciéndolo, nuestro crÃtico. Sobretodo porque Ignacio EchevarrÃa se marchó hace tiempo, con sus obligados DesvÃos y Trayectos, no indicó demasiado más.
Entonces apareció Afterpop y con él Eloy Fernández Porta. Como en esa portada en la que el color irrumpe encima de Hard-Boiled de Frank Miller y Geoff Darrow. O como esa presentación de su obra en la que el postrock de los casi jazzÃsticos Do Make Say Think irrumpe como sonido de la hecatombe nuclear. Pero no me estoy refiriendo al autor del fascinante Caras Bé, libro lleno de furia, crecido entre demasiadas sombras como para ser olvidado. Y Afterpop, (me) descubre Lindyhomer, es la revelación de que tal vez ya va siendo hora de tener otro, otro de nuestros sociólogos. Esa furia legitimiamente punk y fanzinera que destiló en sus relatos, en forma de jeroglÃfico bastardizando y españolizando a cierto Coover, se ha decidido por convertirse en mirada hacia nosotros. Lo que les decÃa, sociologÃa pura. Pero nada de sociologÃa pop, que aunque las nuevas acepciones sean malas, Fernández Porta no va estrictamente de eso.

