Aquellos que tienen la suerte de asistir a las jornadas literarias del Hay Festival que se celebran en Segovia se habrán topado con propuestas tan peregrinas (viene al caso) como las del escritor nigeriano Wole Soyinka, premio Nobel de literatura en 1986. Frente al fenómeno de la inmigración, la idea de Soyinka consiste en una suerte de ‘contraprogramación’: Por cada cayuco con cien emigrantes que llegue a Europa, habría que mandar otro con cien europeos de espíritu aventurero y dispuestos a conocer la realidad africana.
Eso si, Soyinka puntualiza con lo que me parece una boutade bastante caústica:
Pero, por favor, no nos envíen delincuentes
La ponencia de Wole Soyinka trató del peligro de los fundamentalismos, de la violencia y el miedo a la diferencia a raíz de su último ensayo, Clima de miedo. En un primer momento expuso que la violencia es un gen que está en los seres humanos, y que hay que reconciliarse con esa realidad. La violencia forma parte de la condición humana, y en cualquier parte del mundo se la conoce, como, por ejemplo, en España con el terrorismo de ETA - dijo, en una de las frases más desafortunadas que le haya escuchado nunca a un Nobel. Es una falacia que la violencia sea natural en el hombre: aún peor es pretender que sea un producto típico.

